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Senegal: Analfabetismo, ignorancia, costumbres... Los derechos humanos puestos a prueba por nuestra realidad
13/01/2009 -

La comunidad internacional celebró el día 10 de diciembre el centésimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En Senegal se han adoptado una serie de convenios, declaraciones y leyes conforme al espíritu de estos derechos.

Sin embargo falla su aplicación. ¿Puede esta situación estar ligada a la falta de acceso a los textos por parte de la población, analfabeta en su mayoría? ¿Se debe esta situación a una confrontación entre tradición y modernismo? ¿Existe realmente una verdadera política de divulgación de las políticas relativas a los derechos humanos?

Un siglo después de su proclamación, para algunas personas los derechos humanos todavía se asemejan a un jeroglífico. Otros conocen sus derechos pero apuntan, para su propio beneficio, hacia consideraciones de orden consuetudinario, religioso, social, etc.

“No se interiorizan los derechos humanos. Todavía no están anclados en nuestras costumbres y hábitos”, constata tristemente un estudiante que ha preferido mantener el anonimato. Dicho estudiante asegura que pocos senegaleses conocen sus derechos y los aplican.

Para Boubacar Baldé, estudiante del departamento de inglés de la Ucad (Universidad Cheikh Anta Diop), esta situación está ligada al analfabetismo. “Más de la mitad de la población senegalesa no está instruida. Entonces, ¿cómo quieren que conozcan sus derechos?”, se pregunta. Sin embargo, también lamentó el hecho de que algunos sí conocen sus derechos pero no se atreven a reivindicarlos.

El Sr. Baldé considera que si realmente se quiere dar a conocer a los ciudadanos sus derechos, se debe empezar por combatir el analfabetismo y la ignorancia. “Frenan el conocimiento de los derechos humanos”, constata con amargura. Aliou Diallo, estudiante de arquitectura, señala que aunque las personas conozcan sus derechos, se constata que las tradiciones y costumbres les llevan a considerar que son costumbres importadas de occidente.

Poniendo como ejemplo el derecho a la diversión, especifica que, en el extranjero, a partir de los 18 los jóvenes se “responsabilizan”. “Aquí pasa totalmente lo contrario”, se lamenta. El Sr. Diallo opina que son la familia y la sociedad las que violan los derechos de los individuos. “Cada sociedad tiene sus propias realidades”, filosofa con aire jovial.

Por otro lado, el Sr. Diallo hace hincapié en que no todo el mundo tiene acceso a la educación. Según él, hay muchos factores que podrían explicar esta situación: una falta de medios por parte de los padres de los alumnos y una reticencia por parte de algunos padres que no creen en la educación escolar.

Yague Touré opina que el principal responsable es el Estado. Ya que asegura que “son los poderes públicos los que deben construir colegios en las localidades más atrasadas”. A menudo, los padres no se arriesgan a enviar a sus hijos a los colegios de los pueblos que se encuentran a kilómetros de distancia del suyo, prosigue.

“Prefieren que su prole vaya a negociar, pastar sus rebaños y cultivar sus campos”. Pape Clément Assine, discapacitado, lamenta, en cuanto a él se refiere, la ausencia de una política “coherente” y “concreta” para las personas discapacitadas. “A veces somos víctimas de una discriminación para ejercer cierto tipo de trabajos”, dice con emoción. “Estamos abandonados a nuestra suerte”, añade.

“Conocemos nuestros derechos pero nos privan de ellos”.

Khadija Diallo, estudiante de sociología, afirma que algunas chicas conocen sus derechos pero lo que les falta es ponerlos en práctica. “Conocemos nuestros derechos, pero nos privan de ellos”, declara con amargura. “Cada persona es producto de una cultura. No se puede escapar de ella”.

Con respecto a los matrimonios precoces, es la única de su familia que ha conseguido saltarse esta práctica. “Todas mis hermanas se casaron a los 15 años de edad”, nos cuenta. No obstante, Khadja Diallo permanece optimista.

Cree que en un futuro tendrá lugar una revolución sobre este aspecto: “estamos obligados a adaptarnos a las nuevas reglas de la Mundialización”. Aliou Tine, presidente de la “Rencontre africaine de défense des droits de l’Homme” o Raddho (Encuentro Africano en defensa de los Derechos Humanos), hace hincapié en que su organización ha apostado por la educación y la formación con el fin de sensibilizar a la población sobre los derechos humanos.

Los principales beneficiarios de esta enseñanza siguen siendo la Policía, la Gendarmenría y los guardianes de prisión. Me Assame Dioma Ndiaye, presidente de la Organización Nacional para los Derechos Humanos (Ondh), reconoce que el problema del conocimiento y de la sensibilización de los derechos humanos se plantea intensamente sobre la población.

Por esta razón, el organismo que dirige ha emprendido una política de descentralización, para aproximarse a la población, a las personas vulnerables como los niños, las mujeres y los detenidos, a través de la implantación de ligas regionales por todo el país.

La lengua sigue siendo una desventaja para la vulgarización de los textos y los convenios sobre los derechos humanos. Esta es la constatación de los responsables de los organismos que trabajan en este aspecto. El hecho de que todos los convenios relativos a los derechos humanos estén redactados en francés supone un obstáculo, según considera Me Ndiaye.

Se emplean los canales más adecuados para “permitir a esta población conocer la extensión de sus derechos, de sus deberes y sobre todo la posibilidad de ejercerlos”.

“Nuestra principal preocupación es que los derechos, más allá de la formulación y la proclamación, sean efectivos en la vida cotidiana. No se trata de hacer apología de los derechos humanos sino de permitir su ejercicio”, afirma Me Ndiaye. Para Aliou Tine, es la ignorancia la que constituye una desventaja en la vulgarización de los derechos humanos.

Ninguna antinomia

El presidente de la Ondh asegura que no hay ni “antinomia ni contradicción” entre los derechos humanos y nuestras costumbres y civilizaciones, y todavía menos con la religión. A fin de cuentas, según él, todas las religiones han intentado proteger al Hombre, conservar la dignidad del Hombre. “El Hombre está en el centro, se encuentra en el principio y el final de todo desarrollo”.

Es un problema de percepción ideológica”, constata el presidente de la Ondh. Según su punto de vista, esta situación se debe al hecho de que los primeros dirigentes africanos pensaban en la reconstitución, en el fortalecimiento de la identidad nacional, de los espacios geográficos, en cuestiones de seguridad ligadas a la preservación del poder más que en una concienciación de la población hacia lo más determinante en materia de desarrollo, es decir el Hombre.

Me Ndiaye añade: “después de todas las guerras étnicas y fratricidas que hemos conocido, las personas han comprendido que la mayoría de estos conflictos no han sido más que el resultado de la represión, de la ausencia de libertad de expresión, del monopartidismo y de la censura de las libertades”.

Asegura que la trilogía o la interdependencia “derechos humanos-paz-desarrollo” es actualmente un tema ineludible. “Debemos convencernos de que si no se respetan los derechos humanos no puede haber paz y sin paz no puede haber desarrollo”, sostiene.

La población empieza a tomar conciencia de sus derechos. Para las organizaciones para la defensa de los derechos humanos, el impacto de sus intervenciones permanece visible. “Hubo un tiempo en el que hablar de los derechos humanos era más bien un lujo. Se nos comparaba con personas que estaban manipuladas por los occidentales y que llevaban a cabo el neocolonialismo. Se pensaba que los derechos humanos no eran un asunto de africanos y que había que pensar en la comida y las cuestiones primarias”, recuerda tristemente Me Assane Dioma Ndiaye, presidente de la Ondh.

Constata que ahora, gracias a la radio y la sensibilización particularmente sobre las cuestiones cruciales como las largas detenciones, las torturas y los maltratados que sufren algunos ciudadanos, las personas empiezan a comprender que los derechos humanos se han vuelto ineludibles en la vida cotidiana.

“Hemos comprobado una adhesión por parte de la población a la cuestión de los derechos humanos. Es un consuelo para nosotros constatar que nuestro trabajo ha compensado y que cada vez más personas plantean la reivindicación del respeto de los derechos humanos, es decir de la igualdad ante la ley, del acceso a la justicia, de la efectividad del Estado de derecho e incluso de la cuestión de los derechos económicos y sociales que se ha convertido en el centro de las preocupaciones de la población”, insiste Me Ndiaye.

El presidente de Raddho, Aliou Tine, ha realizado la misma observación. Considera que han contribuido en la “socialización” de los derechos humanos y en su “institucionalización”.

Anomalía

Los derechos humanos no se enseñan en los colegios públicos ni en las universidades, excepto en el Instituto de los derechos humanos y en la facultad de Derecho de la Ucad. “Se trata de una anomalía que habría que corregir rápidamente”, declara Me Ndiaye.

También señala que los gobernantes consideran que la ciencia de los derechos humanos es prácticamente nueva. “Los derechos humanos nunca han sido enteramente considerados una rama del derecho”, afirma.

Según él, esta es la explicación de que en algunos sistemas educativos nunca se hayan integrado los derechos humanos como asignatura a elegir al igual que el resto de las ciencias sociales como la filosofía, la sociología, etc.

Me Ndiaye especifica que en algunos países anglófonos como Suráfrica, se aprenden los derechos humanos desde la escuela primaria.

Me Ndiaye hace hincapié en que sólo la integración de la ciencia de los derechos humanos desde la enseñanza primaria podrá subsanar este vacío. “Queremos que esta ciencia sea considerada una asignatura como las demás que se deben enseñar a los niños”.

Souleymane Diam Sy

Publicado en “Le Soleil”, Senegal, el 11 de diciembre de 2008.

Traducido por María Castillo García-Andrade, alumna de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid Traducción /Interpretación, colaboradora en la traducción de algunos artículos.


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