
Todas las personas que creemos y trabajamos para que cada ser humano pueda vivir con dignidad y trabajar por el bien común, seguimos comprometidos por el derecho de cada ciudadano-a, a disponer de un techo digno, trabajo y tierra, que necesita para su vida humana y una convivencia familiar y social pacíficas.
Esto es lo fundamental y básico, y además es posible. Los bienes disponibles tienen un objetivo universal y son suficientes para cubrir las necesidades de todos. Pero nunca serán suficientes para satisfacer el injusto y desorbitado acaparamiento de unos pocos.
Para conseguir semejantes acuerdos económicos, educativos, sanitarios, políticos y religiosos, necesitamos líderes competentes y responsables, que practiquen y trabajen por el destino universal de todos los recursos disponibles, para cubrir las necesidades necesarias para una vida digna de todos los ciudadanos.
La política, la economía, la religión y la ciencia pueden y deben ayudar en esta tarea de reconstrucción social profunda, pues lo que necesitamos ante todo es una NUEVA HUMANIDAD.
Una sociedad más humana sabe ver y acoger a todas las familias durmiendo bajo los puentes de nuestras ciudades y encontrar pisos modestos pero dignos para todos.
Una sociedad más humana sabe acoger de forma acordada y ordenada a los inmigrantes que llaman a nuestras puertas buscando trabajo, en colaboración con los gobiernos de origen y con los gobiernos de nuestro entorno, como la UE.
España tiene casi cuatro millones de viviendas vacías. Representan el 14,4 % del parque inmobiliario, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Al mismo tiempo, encontrar un piso de alquiler se ha convertido en una carrera de obstáculos para miles de familias, por todo el país.
Si conseguir su propio piso es casi imposible para la mayoría de los jóvenes hoy, también el mismo alquiler de una vivienda digna no está al alcance de la mayoría, mientras los cuatro millones de viviendas siguen vacías pero inasequibles para miles de familias, por los precios inalcanzables.
Resulta indignante escuchar a muchos políticos y líderes económicos y hasta religiosos, hablar de la necesidad de una vivienda digna para todos los que trabajan, mientras la mayoría de nuestros líderes mantienen cinco, ocho, diez y más propiedades a su nombre y sin usar.
Si, actualmente, tantas familias no pueden encontrar un trabajo y techo dignos es porque nos estamos deshumanizando y no respetamos el destino universal de los bienes y recursos disponibles, y en segundo lugar el derecho a la propiedad privada.
CIDAF-UCM

