El papa defendió en la Unesco la sagrada igualdad de todo ser humano, por Lázaro Bustince

21/10/2026 | Bitácora africana, Crónicas y reportajes

 

“La más terrible de las ‘obras humanas’ es la guerra; porque en ella la propia ciencia queda puesta al servicio de una voluntad inhumana de destruir y matar” clama León XIV, quien insiste en que “la paz no puede construirse sólo con tratados” sino sobre la base de la justicia

¿Qué significa ser humano?

Así, Prevost hizo suyo el proyecto del “pacto educativo global” lanzado por Francisco, y animó a explorar “¿Qué significa ser humano?”, una “pregunta fundamental” especialmente “ante las tragedias que, lamentablemente, se repiten incluso hoy en día”.

“Ante todo, el ser humano es alguien que es concebido y nacido; por lo tanto, ser humano significa, en primer lugar, ser un hijo. Ninguno de nosotros eligió serlo. Nadie decidió de quién, cuándo o dónde nacer. Esta verdad evidente arroja luz sobre algo que no es meramente biológico, sino ético: como hijos, todos somos hermanos y hermanas. Desde el principio, nuestra humanidad es un don y una prueba, una promesa y una responsabilidad”, subrayó el pontífice, quien recordó que “todos nacemos desnudos y necesitados”.

Belleza, verdad y justicia

Junto a ello, el papa recordó que “mantener viva la memoria de nuestra humanidad común es reconocer su grandeza —es decir, su inmenso potencial—, aunque se vea menoscabada por tantas formas de maldad e injusticia”. Frente a ello, abogó por defender “la belleza de nuestra libertad”, una belleza que “tiene un nombre: justicia”.

“Sí, la libertad es hermosa cuando se orienta hacia el bien y la verdad; se desfigura cuando degenera en arbitrariedad, violencia o sed de poder”, glosó el papa, quien recordó que “ser humano implica, entonces, una responsabilidad ante la historia”.

“Debemos reconocer que la más terrible de las ‘obras humanas’ es la guerra; porque en ella la propia ciencia queda puesta al servicio de una voluntad inhumana de destruir y matar”, denunció León XIV, quien recordó, echando mano del preámbulo de la Unesco, que “puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”.

“Los Estados fundadores de la UNESCO entendieron que los tratados son necesarios, pero no suficientes por sí mismos. Requieren una cultura de paz y un compromiso compartido con la paz, que los sustenten”, resaltó el pontífice, quien añadió que “la paz no puede construirse sólo con tratados, ni con compromisos entre fuerzas opuestas. La paz es auténtica cuando brota de la virtud de la justicia”.

Inteligencia y humanidad

Las amenazas, o desafíos, a la educación o la ciencia vienen hoy de la tecnología, con el reto de la Inteligencia Artificial como eje. “Nuestros esfuerzos en este ámbito deben garantizar que las nuevas tecnologías sigan estando al servicio del ser humano, en lugar de convertirse en un instrumento más de dominación e injusticia”.

En este ámbito, abundó el papa, “la paradoja resulta cada vez más evidente: mientras se atribuye ‘inteligencia’ a los sistemas computacionales, nos cuesta reconocer la dignidad inalienable de las personas, cuyas vidas se juzgan según el criterio de la eficiencia y, cuando se considera que ya no son productivas, son rechazadas y descartadas”.

“El ser humano es, sin duda, aquel que nace, pero también aquel que muere. Nuestra dignidad no se ve destruida por la enfermedad ni por el sufrimiento, ni depende de nuestras capacidades. Al contrario, exige un cuidado amoroso en cada etapa de la vida”, recordó, en la misma línea de la defensa de la vida apuntada en su primer discurso en Francia.

“Como hombres y mujeres de ciencia, están llamados a cooperar incansablemente en nombre de nuestra historia común, para que, desde una diversidad de perspectivas, surja una convergencia de visiones y, de esa convergencia, una armonía en la acción”, apeló directamente a la audiencia, reivindicando la armonía en torno a dos imágenes contrapuestas: la Torre de Babel y la plaza pública de Pentecostés.

“Hoy contamos con medios capaces de conectar a las personas y a los continentes de manera instantánea; sin embargo, al mismo tiempo, somos testigos de nuevas formas de aislamiento, de pobreza material y espiritual y de abandono”, advirtió Prevost, quien incidió en que “sin un fundamento ético compartido, los numerosos canales de comunicación corren el riesgo de multiplicar la información falsa y dar vigencia a palabras desprovistas de significado, lo que obstaculiza el diálogo en lugar de fomentarlo”.

“La inteligencia artificial amplifica este problema”, reconoció, aplaudiendo la iniciativa de la Unesco en torno al programa de Alfabetización Mediática e Informacional, “que promueve el uso responsable de los medios y las herramientas digitales”.

Junto a la justicia y la educación, la verdad. Sin ella, apuntó el papa, “el lenguaje queda sometido a la lógica de la violencia y a la voluntad arbitraria de los poderosos”. Así, “se excluye a otros en nombre de la ganancia, y se mata a inocentes en nombre de la libertad”.

En este sentido, el papa animó “a toda la comunidad internacional a prestar especial atención a la protección de los niños y los jóvenes”, para lograr que “la corrupción de la cultura” encuentre “su redención en la plaza pública de Pentecostés”, momento en el que el mundo lograba “celebrar la paz que sana toda ofensa contra el ser humano”. Una paz diversa, pues “la comunión no suprime en absoluto la diversidad. Más bien, permite que la diversidad florezca en la armonía de las voces y los rostros”.

Cultivar la cultura

“No es casualidad que toda cultura, según la propia etimología de la palabra, se refiera al acto de cultivar”, sugirió León XIV quien renovó “la llamada de mis predecesores a cuidar juntos del ser humano y de la creación”, comprometiéndose especialmente con “el cuidado que prestamos a los más pequeños y a los pobres: los niños en el vientre de sus madres y en los distintos escenarios de guerra; las personas con discapacidades físicas e intelectuales; los adultos mayores; los migrantes y los refugiados; y todos aquellos a quienes la arrogancia excluye por considerarlos improductivos”.

“Ellos son la verdadera prueba de nuestras afirmaciones sobre el respeto a la dignidad humana”, proclamó el pontífice, quien recordó: “Donde prevalece la paz social, los pueblos prosperan en justicia”.

“Cada niño que nace trae consigo esperanza. Cada hombre y cada mujer que dedica su vida a la búsqueda de la verdad realiza un acto de esperanza”, concluyó el papa, haciendo un llamamiento para que “la UNESCO dé testimonio de esta esperanza al promover el entendimiento entre las naciones, a través del diálogo entre sus respectivas culturas”.

Porque “si todos nos dedicamos con coherencia a nuestra magnífica humanidad, la paz podrá finalmente florecer”. Un trabajo en el que “las tradiciones religiosas desempeñan un papel culturalmente necesario e insustituible, y las religiones expresan nuestras inquietudes ante el origen de la vida y su fin”.

“Cuando los hombres y las mujeres de buena voluntad orientan sus acciones hacia Dios, el pluralismo de las culturas no se dispersa en el caos de Babel”, finalizó el papa, agradeciendo a todo el personal de la Unesco en su misión de “edificar la paz mediante el cultivo de todas las ciencias y todas las artes del ser humano”.

CIDAF-UCM

Autor

  • Nacido en Izco (Navarra), en 1942, estudió filosofía en Pamplona (1961-1964). Hizo el noviciado en Gap – Grenoble (1964-1965), con los Misioneros de África (Padres Blancos). Estudió Teología en el instituto M.I.L. de Londres, (1965-1969), siendo ordenado sacerdote en Logroño, en los Padres Blancos en 1969.

    Comenzó su actividad misionera en África en 1969, siendo enviado a la diócesis de Hoima en Uganda, donde estuvo trabajando en la educación, desarrollo y formación de líderes durante nueve años. Luego vivió un periodo de trece años en diversas ciudades europeas, trabajando en la educación y capacitación de los jóvenes (Barcelona 1979-1983)) , en Irlanda como responsable de la formación de los candidatos polacos (1983-1985), y en Polonia donde fue Rector del Primer Ciclo de Filosofía Polaco (1985-1991), y se doctoró en Teología espiritual en Lublin, donde fue nombrado profesor de la misma Universidad Católica de Lublin (KUL), de dicha ciudad, en 1991.

    Regresó a Uganda en 1992, y fue elegido Provincial de los padres Blancos de Uganda hasta 1999. Durante este periodo, fue también presidente de la Asociación de Religiosas-os en Uganda (ARU), y pionero en la construcción del Centro Nacional de Formación Continua (USFC). Además inició la Comisión de Justicia, Paz e Integridad de la Creación (JPIC) en 1994, trabajando en la formación de líderes en JPIC.

    En 2000 y 2004 cursó estudios sobre educación en Justicia, Paz, y Transformación de Conflictos, en Dublín. Desde su regreso a Uganda, fue pionero en la capacitación de agentes sociales en JPIC, y en el establecimiento del primer Consorcio de Educación Ética (JPIIJPC), lanzado por seis Congregaciones Misioneras, en 2006. Desde el inicio, y hasta junio 2011, ostentó el cargo de primer Director del Instituto. Al mismo tiempo fue profesor invitado de Ética en la Universidad de los Mártires de Uganda (UMU).

    En septiembre de 2011 fue nombrado director general de África Fundación Sur (AFS), organismo que dejó de existir en 2021. En la actualidad sigue trabajando por África al 100 % siendo, entre otras ocupaciones, editorialista en el CIDAF-UCM.

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