África era más grande de lo que nos contaron

29/09/2026 | Opinión

El colonialismo también trazó el mapa.

“Durante siglos, nos enseñaron dónde estaba África. El problema es que también nos enseñaron cuánto espacio se suponía que ocupaba”.

Durante generaciones, millones de niños entraron a un aula y encontraron el mundo colgado en una pared. Europa arriba, África abajo, América a un lado, Asia extendiéndose hacia el Pacífico y una enorme Groenlandia ocupando un área que parecía comparable al continente africano.

El mapa parecía inofensivo. No lo era tanto.

El 4 de septiembre de 2026, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó, por 164 votos a favor, uno en contra y seis abstenciones, una resolución que promovía el abandono de la proyección tradicional de Mercator para uso general y un cambio hacia representaciones como Equal Earth, capaces de mostrar el tamaño relativo de los continentes con mayor precisión.

El único voto en contra fue el de Estados Unidos.

La ironía comienza con una cifra extraordinariamente simple: África es aproximadamente catorce veces más grande que Groenlandia. Sin embargo, en muchos mapas de Mercator, ambos parecen tener un tamaño similar.

Gerardus Mercator no diseñó su proyección en 1569 para humillar a África. La creó principalmente para resolver un problema de navegación de suma importancia. Su mapa permitió representar rumbos constantes como líneas rectas, una ventaja formidable para los navegantes de su época.

El problema surgió después.

Una herramienta extraordinaria para la navegación acabó convirtiéndose en una forma extraordinariamente imperfecta de imaginar el planeta.

La proyección agranda progresivamente las áreas terrestres a medida que se acercan a los polos. Europa, Canadá, Rusia y Groenlandia se ven visualmente más grandes. África y otras regiones más cercanas al ecuador aparecen comparativamente más pequeñas.

Y durante siglos, esa imagen acompañó precisamente la era en la que las potencias europeas exploraron, conquistaron, dividieron y administraron vastas áreas del planeta.

“Los imperios no solo ocupaban territorios. Durante siglos, también tuvieron el privilegio de decidir cuánto espacio parecía ocupar cada uno”.

Por eso, el debate que ahora ha llegado a las Naciones Unidas es mucho más profundo que una disputa entre cartógrafos.

Togo lideró la iniciativa africana. Su ministro de Relaciones Exteriores, Robert Dussey, la resumió con una idea difícil de mejorar: un mundo justo comienza con un mapa justo.

No se trata de borrar a Mercator de la historia. Se trata simplemente de no confundir una herramienta con la realidad.

África abarca más de 30 millones de kilómetros cuadrados, cuenta con 54 estados reconocidos por las Naciones Unidas y contiene algunos de los mayores yacimientos de minerales estratégicos del mundo. Hay cobalto, manganeso, cobre, uranio, bauxita, oro, petróleo, gas y enormes reservas que aún no se han explorado lo suficiente. Es también el continente cuya población tendrá un peso cada vez mayor a lo largo de este siglo.

Sin embargo, nuestra imagen mental sigue siendo, en gran medida, la de un continente más pequeño de lo que realmente es. Eso importa.

Los mapas no solo describen territorios. También construyen percepciones. Nos enseñan qué parece central, qué parece periférico, qué parece enorme y qué puede parecer secundario.

Cambiar un mapa no devolverá los recursos extraídos durante siglos. No alterará las fronteras trazadas en oficinas europeas. No eliminará la pobreza, las guerras ni la desigualdad. Tampoco convertirá automáticamente el antiguo colonialismo en una pieza de museo.

Pero puede corregir algo mucho más elemental: la forma en que un niño empieza a imaginar el mundo.

Quizás por eso resulta tan interesante que una discusión aparentemente insignificante haya llegado a la Asamblea General. Tras siglos de debate sobre quién es dueño de la tierra, quién controla sus recursos y quién escribe su historia, África plantea una pregunta mucho más sencilla:

¿Cuánto espacio ocupa realmente?

Y esta vez, para obtener la respuesta basta con desplegar el mapa correctamente.

«Quizás la descolonización del mundo no empiece derribando estatuas».

«Quizás empiece con algo mucho más sencillo: permitir que cada pueblo reclame, aunque sea en papel, el espacio que siempre ha ocupado».

Mauricio Herrera Kahn

– Breve bibliografía:

  • – UNESCO — Historia general de África. (Historia de África antes y después de la colonización, sus civilizaciones, estructuras políticas, economías, culturas y el impacto de la dominación europea).
  • – Walter Rodney — Cómo Europa subdesarrollo África, 1972. (Analiza cómo la esclavitud, el colonialismo y la extracción de recursos contribuyeron a la transformación de las estructuras económicas africanas).

Fuente: Pressenza

[CIDAF-UCM]

 

Autor

  • Mauricio Herrera Kahn, Ingeniero Mecánico por la Universidad Técnica del Estado (UTE) de Chile en 1975, cuenta con más de 45 años de experiencia en el sector de ingeniería minera y desarrollo de proyectos. Desde hace varios años, escribe artículos y columnas sobre análisis social, político y económico, tanto a nivel nacional como internacional. (Fuente: pressenza)

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