Según el informe epidemiológico, publicado el 24 de junio de 2026, Ituri cuenta con 22 zonas sanitarias afectadas. Kivu del Norte permanece bajo vigilancia prioritaria con 11 zonas afectadas, mientras que en Kivu del Sur solo se mantiene activa la zona sanitaria de Miti-Murhesa, donde no se han registrado nuevos contagios desde el 26 de mayo.

A nivel nacional, el brote acumula 1.118 casos confirmados y 291 fallecimientos, lo que supone una tasa de letalidad del 26 %. Actualmente, 408 pacientes permanecen aislados u hospitalizados y el número total de personas recuperadas asciende a 122, tras la recuperación de siete pacientes en Ituri el pasado 23 de junio.

Las autoridades sanitarias informaron además de que, en las últimas 24 horas, se investigaron 695 de las 699 alertas registradas en las tres provincias afectadas, identificándose 138 casos sospechosos. La tasa de rastreo de contactos alcanza el 77,1 %.

Ante la detección del primer caso de ébola en Francia vinculado a una persona procedente de Kinshasa, el Gobierno congoleño anunció la imposición de un aislamiento obligatorio de 21 días para todas las personas que lleguen desde zonas afectadas por la epidemia. La medida busca reforzar la vigilancia sanitaria, reducir el riesgo de propagación y garantizar un seguimiento riguroso de posibles casos expuestos al virus.

El caso detectado en Francia corresponde a un médico de la organización humanitaria ALIMA que trabajaba en Bunia, ciudad situada en el epicentro del brote. Según el Gobierno, el profesional no presentaba síntomas compatibles con la enfermedad al salir de la RDC, aunque se le considera una persona con riesgo potencial de exposición debido a su actividad sanitaria.

Las autoridades congoleñas reiteraron su compromiso de proteger a la población y fortalecer, junto a sus socios nacionales e internacionales, todas las medidas de respuesta necesarias para contener la epidemia.

Entre todos los brotes registrados el actual brote de ébola ha sido el más mortífero en su primer mes. Las autoridades admiten que podría haber muchos más casos desconocidos, que el pico del brote aún pueda estar por llegar y que aún no han conseguido identificar al paciente cero del presente brote, quedando aún por rastrear a más de 35.000 personas que, hasta la semana pasada, habían estado en contacto con individuos infectados.

Las dificultades en el rastreo se deben en gran parte a que amplias zonas del este del Congo también se enfrentan a la violencia de diferentes grupos rebeldes. En Ituri, los ataques de la Fuerza Democrática Aliada, respaldada por el Estado Islámico, han cortado el acceso a muchas aldeas y obligado a la población a huir de sus hogares, incluyendo a quienes se refugian en campamentos superpoblados y a quienes se encuentran en constante desplazamiento.

Tras más de un mes desde el inicio del brote, las autoridades creen que la enfermedad sigue propagándose más rápidamente que los esfuerzos de respuesta y que se desconoce su verdadera magnitud. Los trabajadores sanitarios también se enfrentan a ataques de algunas comunidades enfadadas por las medidas de salud pública impuestas para intentar limitar la propagación del virus. Al inicio del brote, un hospital en Rwampara fue incendiado por manifestantes que exigían recuperar los cuerpos de familiares fallecidos por ébola para darles sepultura. Al negárseles el acceso, prendieron fuego al edificio.

Fuente: 7sur7

[Traducción y edición, Jesús Zubiría]

[CIDAF-UCM]