
Hasta este momento, en todo lo referente a la educación y a la formación de líderes, hemos puesto el acento en el contenido de datos, principios y conceptos, olvidando lo referente al proceso de cada individuo. Conocíamos la realidad, y qué hacer, pero descuidábamos el “como” hacerlo, es decir: el proceso personal.
Esta dimensión del proceso nos lleva a ser conscientes de nuestras emociones, sexualidad, valores, heridas, creencias y necesidades para su integración. En este proceso de integración personal y relacional, el servicio del acompañamiento es fundamental. Existen comportamientos adictivos, como el uso constante del móvil, la reacción contra toda autoridad o el acaparamiento compulsivo de bienes que pueden dificultar un proceso de integración holística que ofrece calidad de vida, de relaciones interpersonales y de liderazgo.
Somos hoy más conscientes de cómo seguimos contaminando la naturaleza, pero raramente hablamos y somos conscientes de cómo estamos contaminando nuestra mente y nuestro corazón. Las adicciones al poder, dinero, sexo, alcohol, drogas, etc., afectan nuestro comportamiento y relaciones, y, con frecuencia, requieren terapia y acompañamiento para promover una mayor integración bio-psicoespiritual del ser humano en su vida y en sus relaciones.
Siempre hemos valorado una educación basada en las matemáticas, los datos y en la metafísica. Hoy somos conscientes de que es necesario incluir también la psicología del ser humano y el proceso de sus relaciones interpersonales, basada en valores humanos
Hemos valorado ante todo una alta IQ (capacidad intelectual), dejando en segundo plano la capacidad emocional (EQ) y la capacidad sociorelacional (SQ). La mayoría de los conflictos surgen de necesidades compulsivas, emociones y relaciones reprimidas, que, al no ser sanadas e integradas, se manifiestan en comportamientos agresivos. Ser conscientes de nuestras emociones y actitudes personales es el primer paso fundamental en el proceso de integración personal y relacional, capaces de diálogo respetuoso, de cuidado mutuo y de la naturaleza.
La calidad de mi vida y relaciones, no proviene principalmente del exterior o de las cosas a mi disposición, sino de mi integración personal y relacional, es decir de mi empatía y calidad de relaciones con los demás. Las aclaraciones pueden ser necesarias y beneficiosas para ambas partes, siempre que se hagan en respeto mutuo. Las crisis deben ser oportunidades para el crecimiento personal y relacional, así como para un testimonio gozoso en el compromiso por construir un mundo de justicia y de paz.
El comportamiento abusivo: verbal, físico, emocional, sexual, de poder, económico o espiritual, no solamente causa sufrimiento e injusticia hacia los demás, sino que también es perjudicial para nosotros mismos. Se trata pues de participar activamente en el proceso de construir un mundo más humano, agradecido, solidario y de paz, donde todos los seres humanos puedan gozar su dignidad humana y luchar por el desarrollo integral bio-psico-espiritual de todos los pueblos y de la casa común.
CIDAF-UCM
