
Sostiene The East African que para suministrar energía a África se necesita un nuevo plan de acción y una inversión compartida en todos los ámbitos. El tejido de conexión es el que determina si la energía llega a las industrias, las ciudades y las comunidades de forma fiable y asequible. Modernizar la infraestructura energética de África nunca ha sido fácil. Pero dificultad no es lo mismo que imposibilidad, ya que seguimos viendo señales alentadoras de un mayor impulso en torno al desarrollo energético, gracias a las fuentes renovables.
En toda África, los proyectos de infraestructura energética están ganando terreno. Se están expandiendo los desarrollos de energías renovables. El gas natural se reconoce cada vez más como una parte estabilizadora y pragmática de la combinación energética. En esta última década, se han encontrado grandes yacimientos de gas y el progreso es real.
El acceso a la electricidad en África es una de las cuestiones clave para el continente, como lo señalan las Naciones Unidas en su objetivo ODS-7 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
África está viviendo un auge en las energías renovables: solar, eólica, hidráulica, para combatir la pobreza energética y el cambio climático, aprovechando su inmenso potencial, especialmente de la solar, que representa el 40 % mundial.
Los países líderes en proyectos para potenciar la energía renovable, son: Egipto, Sudáfrica, Kenia y Etiopía. Se proyecta que el 90 % de la energía de África podría generarse a partir de las renovables para 2050.
La Gran Presa del Renacimiento Etíope es una infraestructura singular en el noroeste de Etiopía, más específicamente sobre el Nilo azul. Con una capacidad de producción eléctrica de 6000 MW, es la más potente de África y tiene la capacidad de proporcionar energía a toda el África oriental.
Otro gran desafío que se presenta para algunas zonas de África, además de la escasez actual de energía para unos 600 millones de africanos, será el calor insoportable que el modelo climático actual pronostica para ciertas zonas de África.
A menudo se piensa que una ola de calor es un fenómeno temporal, una semana de sol abrasador que finalmente da paso a una brisa fresca. Con el cambio climático global, en algunas partes de África y del planeta, ese nivel de calor, así como de tormentas, se está convirtiendo en una característica frecuente del clima. Las investigaciones muestran que la exposición de África al calor peligroso está aumentando rápidamente.
En vez de tomar medidas para cuidar mejor del planeta, seguimos abusando de los recursos naturales, consumiendo los de tres planetas por año, alterando así el funcionamiento más equilibrado de los fenómenos naturales.
CIDAF-UCM
