- * Organismos internacionales elevan la probabilidad de un nuevo episodio de El Niño para el segundo semestre de 2026, con opciones de que alcance intensidad muy fuerte.
- * Un posible Súper El Niño podría disparar las temperaturas globales, agravar olas de calor y favorecer lluvias extremas, inundaciones y sequías en distintas regiones.
- * Centros como la NOAA y el ECMWF advierten de un océano Pacífico ecuatorial inusualmente cálido y de una recarga rápida de calor, posiblemente amplificada por el cambio climático.
- * Los expertos subrayan que la intensidad final aún es incierta y que los próximos meses serán clave para confirmar si se materializa un episodio extremo comparable a los mayores de la historia.
La comunidad científica internacional sigue con atención la posible llegada de un episodio de El Niño inusualmente intenso en la segunda mitad de 2026, que algunos modelos ya apuntan podría convertirse en un llamado Súper El Niño. Este escenario, todavía rodeado de incertidumbre, despierta preocupación por su capacidad para alterar el clima global y disparar fenómenos extremos en numerosos países.
Los servicios meteorológicos y centros de investigación coinciden en que el Pacífico ecuatorial se está calentando de forma anómala y acumulando una gran cantidad de energía en sus capas superficiales y subsuperficiales. Aunque aún es pronto para fijar con exactitud la magnitud del evento, los expertos no descartan que este episodio rivalice con los más fuertes registrados desde mediados del siglo XX.
Qué es El Niño y por qué un Súper El Niño sería diferente
El Niño forma parte del sistema conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), una interacción compleja entre océano y atmósfera en el Pacífico tropical. Se define, de forma general, cuando la temperatura media mensual de la superficie del mar en el Pacífico central se sitúa al menos 0,5 ºC por encima de lo normal y se prevé que ese calentamiento se mantenga, como mínimo, durante tres meses consecutivos.
Este fenómeno alterna con La Niña y con fases neutras. La Niña tiende a enfriar ligeramente la temperatura media del planeta y modifica los patrones de lluvias en varias regiones, mientras que El Niño hace justo lo contrario: incrementa la temperatura global y redistribuye la circulación atmosférica, con efectos en cadena sobre tormentas, sequías y olas de calor.
Los científicos clasifican los episodios de El Niño según la intensidad del calentamiento del Pacífico central. Se considera un evento débil cuando la anomalía va de 0,5 ºC a 0,9 ºC; moderado, entre 1 ºC y 1,4 ºC; y fuerte cuando iguala o supera 1,5 ºC. La etiqueta oficiosa de Súper El Niño se reserva para episodios excepcionales, como los de 1982-83 y 1997-98, en los que la temperatura del mar llegó a elevarse hasta alrededor de 3 ºC por encima del promedio en amplias zonas del Pacífico tropical.
Este tipo de eventos muy intensos generan un sistema con mucha más energía disponible, capaz de aumentar de forma notable la evaporación, la formación de nubes y las precipitaciones. Además, pueden intensificar las olas de calor tanto en tierra como en el océano, contribuyendo a que los años de El Niño suelan situarse entre los más cálidos de las series de registros climáticos.
Qué están diciendo la NOAA y otros centros internacionales
En sus informes más recientes, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) ha señalado que existe una probabilidad en torno al 60-62 % de que se forme un nuevo episodio de El Niño durante el segundo semestre de 2026. La formación se prevé, con mayor probabilidad, entre los meses de junio y agosto, con prolongación posible hacia finales de año. Esta predicción coincide con análisis que apuntan a la posibilidad de que se formarse un nuevo episodio de El Niño en la segunda mitad del año.
El Centro de Predicción Climática de la NOAA subraya, no obstante, que la intensidad potencial sigue siendo muy incierta. En sus proyecciones, se estima aproximadamente una posibilidad de uno entre tres de que el fenómeno alcance categoría fuerte entre octubre y diciembre de 2026, lo que plantea el escenario de un evento muy significativo, aunque todavía no garantiza que llegue al nivel de Súper El Niño.
Otros organismos de la región del Pacífico, como el Programa para el Estudio Regional del Fenómeno El Niño (Erfen) y el Estudio Nacional del Fenómeno El Niño de Perú (Enfen), coinciden en que las condiciones del océano apuntan a la consolidación de El Niño en la segunda mitad del año. Destacan especialmente la gran cantidad de calor almacenado en el océano subsuperficial y el debilitamiento previsto de los vientos alisios, factores clave para el desarrollo del fenómeno.
Según estas instituciones, la combinación de un Pacífico tropical muy cálido y cambios en los vientos de baja altura está generando ondas Kelvin cálidas que se desplazan a lo largo del ecuador oceánico desde el Pacífico central hacia el este. Estas ondas, que no se comportan como las olas que vemos en la costa, se mueven confinadas a la franja ecuatorial y transportan grandes volúmenes de agua más caliente, favoreciendo el mantenimiento y la intensificación del evento.
La NOAA y otros centros tienen previsto publicar nuevas actualizaciones de diagnóstico de ENOS a lo largo de la primavera de 2026, con una cita clave en abril y otra en mayo, cuando los modelos estadísticos y dinámicos suelen ganar precisión. Hasta entonces, los expertos piden cautela a la hora de hablar de un Súper El Niño plenamente confirmado.
Cómo influye el calentamiento global en la frecuencia e intensidad de El Niño
Uno de los puntos que más inquietan a la comunidad científica es la posible interacción entre El Niño y el calentamiento global de origen humano. Algunos estudios señalan que el aumento continuo de la temperatura del planeta podría estar reduciendo el tiempo necesario para que el Pacífico oriental recargue su «batería» de calor entre un evento y otro, lo que abriría la puerta a episodios más frecuentes y, potencialmente, más intensos. La relación entre calentamiento global y variabilidad de ENOS es objeto de estudio activo.
De acuerdo con especialistas que monitorizan la región del Pacífico, el fenómeno de El Niño, que antes aparecía aproximadamente una vez por década, se estaría presentando ahora cada dos o tres años. Aunque este cambio no se puede atribuir únicamente a las actividades humanas, el contexto de un planeta ya recalentado actúa como un amplificador de sus efectos, elevando aún más la temperatura media cuando se superpone un episodio cálido intenso sobre una tendencia de fondo en aumento.
Un episodio típico de El Niño suele causar un incremento temporal de entre 0,1 y 0,2 ºC en la temperatura media global. Puede parecer poco, pero son décimas que se suman a los cerca de 1,3-1,5 ºC de calentamiento ya acumulados desde la era preindustrial. Unido a un posible Súper El Niño, esto podría acercar aún más al planeta a umbrales críticos de temperatura que la comunidad internacional intenta evitar.
El calentamiento adicional tiene consecuencias directas sobre el ciclo hidrológico. Por cada grado de aumento en la temperatura del aire, la atmósfera puede retener alrededor de un 7 % más de vapor de agua. Esta mayor capacidad de carga se traduce, cuando las condiciones lo permiten, en lluvias más intensas y episodios de precipitación extrema que pueden desencadenar inundaciones repentinas y deslizamientos de tierra.
En paralelo, el calentamiento de la superficie del mar y del aire favorece la aparición de olas de calor prolongadas, tanto en zonas tropicales como en latitudes medias. De ahí que los años marcados por un fuerte episodio de El Niño suelan figurar entre los más cálidos de las series meteorológicas, con implicaciones para la salud humana, la agricultura, la demanda energética y los ecosistemas naturales.
La comunidad científica también presta atención a los efectos sobre los océanos, donde se están registrando extensas olas de calor marinas, es decir, periodos prolongados durante los cuales la temperatura de la superficie del mar se mantiene varios grados por encima de un umbral considerado extremo. Este tipo de episodios puede afectar a pesquerías, arrecifes de coral y otros ecosistemas marinos sensibles.
Fuente: MeteorologíaenRed

