El Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF, por sus siglas en inglés) tomó el control de tres aeropuertos en Tigray el 23 de septiembre y lanzó ataques hacia las regiones vecinas de Afar y Amhara. Ethiopian Airlines ha suspendido los vuelos a los aeropuertos de Mekelle, Shire y Axum.
Los combates se están intensificando en todo el norte de Etiopía. Los rebeldes de Tigray afirman que su país se encuentra ahora en una guerra abierta contra el gobierno federal.
La reanudación de los combates se produce tras meses de tensiones y amenazas con desbaratar el acuerdo de paz de 2022 que puso fin a una guerra de dos años en Tigray. Dicho conflicto causó la muerte de más de 600.000 personas, según estimaciones de la Unión Africana.
El ejército de Etiopía afirma que sus fuerzas han abatido a 272 combatientes tigriños y herido a otros 260 durante la contraofensiva en Amhara. Por su parte, los milicianos de Fano han comunicado que capturaron en Amhara al menos diez camiones del ejército repletos de munición, ametralladoras y proyectiles de mortero.
El TPLF gobernó Etiopía entre 1991 y 2018 antes de ser apartado del poder tras la llegada de Abiy Ahmed Ali, lo que desencadenó una devastadora guerra civil entre 2020 y 2022.
La actual ofensiva se produjo después de que el TPLF anunciara el 20 de septiembre una alianza con otros seis grupos armados de toda Etiopía para derrocar al gobierno de Abiy.
Según fuentes gubernamentales y diplomáticas, las fuerzas de Tigray están combatiendo junto con la milicia Fano en Amhara. Dicha milicia se había aliado con el gobierno federal durante la guerra de 2020-2022, pero se alzó contra él en 2023, dando lugar a un conflicto armado que ha causado miles de muertes.
Según fuentes gubernamentales etíopes, los miembros de esta nueva alianza cuentan con el respaldo financiero de Eritrea, país vecino y adversario histórico de Etiopía.
Los analistas políticos advierten que la reanudación de las hostilidades y las acusaciones sobre el apoyo de Eritrea al TPLF podrían desencadenar un conflicto regional cuando la región aún no se ha recuperado de la guerra anterior. Alrededor de un millón de personas todavía permanecen desplazadas en la zona.
Eritrea también mantiene vínculos muy estrechos con el ejército sudanés por lo que las relaciones entre Etiopía y dicho ejército también se han ido deteriorando.
Según algunos observadores políticos, Etiopía se está involucrando cada vez más en la guerra civil de Sudán, al menos en la zona fronteriza. Todo ello está produciendo un gran caos regional, y la situación podría agravarse si no se produce una pronta desescalada.
Fuente: Al Jazeera
[Traducción y edición, Jesús Zubiría]
[CIDAF-UCM]
