El 24 de mayo por la tarde y durante la noche varias explosiones sacudieron el aeropuerto de Bangboka, en Kisangani, provincia de Tshopo, República Democrática del Congo (RDC). Las autoridades locales informaron sobre nueve explosiones.
Dos vuelos fueron cancelados, pero no se han reportado víctimas hasta el momento, y aún se está evaluando el alcance total de los daños materiales. Según los informes, es la cuarta vez que este aeropuerto es atacado en los últimos años. Las autoridades sospechan que se trata de ataques con drones y afirman que se están llevando a cabo investigaciones.
Estos ataques se producen en medio de continuos combates en el este del país. El movimiento AFC/M23 acusa a las fuerzas gubernamentales de llevar a cabo ataques con drones contra sus posiciones en Kivu Norte, incluyendo Rumangabo, donde se encuentra la sede del Parque Nacional Virunga, y en la zona minera de Rubaya. El grupo afirma que varios edificios fueron alcanzados y que murieron civiles.
Ninguna de las partes ha reivindicado formalmente la autoría de estos últimos ataques, pero ambas intercambian acusaciones mientras el alto el fuego acordado en abril en Suiza continúa siendo violado repetidamente. El 22 de mayo, el Grupo de Contacto Internacional (GCI) para la región de los Grandes Lagos —integrado por Bélgica, Francia, Estados Unidos y la Unión Europea— condenó el creciente uso de drones por parte de los diversos actores y el aumento del número de víctimas civiles en el este del Congo.
La región ha estado asolada por la violencia durante más de 30 años, pero los combates se intensificaron a principios de 2025 cuando combatientes del M23, respaldados por Ruanda, tomaron las ciudades clave de Goma y Bukavu.
El uso de drones se está volviendo cada vez más frecuente en los últimos meses. Las fuerzas congoleñas, superadas en número por grupos rebeldes desde hace meses en el campo de batalla, han adquirido drones turcos y chinos para atacar posiciones del M23. Pero el grupo antigubernamental M23 también está utilizando drones. Sus combatientes están atacando objetivos como el aeropuerto de la ciudad nororiental de Kisangani, desde donde despegan las aeronaves utilizadas por las fuerzas gubernamentales.
La Misión de Mantenimiento de la Paz de la ONU en la República Democrática del Congo, (MONUSCO), ha condenó la última ola de ataques contra civiles en el este del país. Estados Unidos también ha denunciado el ataque, aunque sin nombrar a los responsables.
El M23 ha acusado con frecuencia al ejército de llevar a cabo ataques mortales contra civiles, pero los expertos de la ONU han identificado al propio M23 como uno de los principales responsables de violaciones de derechos humanos en la región, donde la disidencia se reprime severamente en las zonas bajo el control de este grupo armado.
Fuente: Jeune Afrique
[Traducción y edición, Jesús Zubiría]
[CIDAF-UCM]
