Para prevenir disturbios y protestas la policía sudafricana se desplegó el 24 de junio, fecha límite no oficial fijada por los grupos ultranacionalistas para que los extranjeros indocumentados abandonaran el país, lo que ya ha obligado a muchos miles de inmigrantes a huir.
Los agentes desplegaron un gran contingente para prevenir la violencia y los saqueos, mientras cientos de extranjeros se refugiaban en varias ciudades, buscando ayuda urgente para salir del país.
Al menos dos mozambiqueños, un etíope y un malauí han muerto en actos de violencia antiinmigrante en las últimas semanas, y varios gobiernos africanos han organizado vuelos o autobuses para repatriar a sus ciudadanos.
Funcionarios sudafricanos indicaron la semana pasada que alrededor de 15.000 malauíes habían sido procesados para su salida, mientras que otros 10.000 más, procedentes de Ghana, Mozambique, Nigeria, Zimbabue y otros países, ya habían partido. Uganda anunció el fin de semana un plan de evacuación que comenzaría en los próximos días para casi 750 de sus ciudadanos.
En Johannesburgo, hombres vestidos con atuendos zulúes, portando escudos y palos, desfilaron por el municipio de Soweto, coreando «Abahambe», que significa «Déjenlos ir».
La semana pasada Jacinta Ngobese-Zuma, líder del grupo Marcha contra la Inmigración Ilegal, declaró a la prensa que el 30 de junio se lanzaría «una marcha nacional por la libertad, una acción masiva continua» hasta que todos los extranjeros indocumentados fueran deportados.
Preocupado por la posibilidad de que se repitan los disturbios de hace cinco años, cuando unas 350 personas murieron en varios días de saqueos y disturbios, el gobierno sudafricano ha ordenado un despliegue masivo de seguridad y ha advertido contra la delincuencia oportunista.
Sudáfrica, uno de los países más ricos del continente, atrae a trabajadores migrantes, pero también enfrenta una tasa de desempleo superior al 30 %, altos índices de criminalidad y deficiencias en los servicios públicos en muchas zonas. Los grupos ultras que hacen campaña contra la inmigración ilegal acusan a los extranjeros de robar los empleos, cometer delitos y ejercer presión sobre los recursos. La industria agrícola sudafricana, dependiente en gran medida de la mano de obra migrante, sostiene que los trabajadores extranjeros son esenciales para mantener la producción.
Fuente: All Africa
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