Marruecos evacuó a casi la mitad de la población de la ciudad noroccidental de Ksar el-Kebir, situada a unos 190 kilómetros al norte de Rabat, debido a las inundaciones provocadas por semanas de fuertes lluvias que comenzaron a anegar la ciudad.
Las autoridades instalaron refugios y campamentos temporales y prohibieron la entrada a Ksar el-Kebir, ya que la “crecida del río Loukkos se extendió por varios barrios”. Aunque se permitieron las salidas de la ciudad, se cortó el suministro eléctrico en algunas zonas y se ordenó el cierre de las escuelas. También señalaron que las inundaciones se debieron en parte al agua liberada de la cercana presa de Oued Makhazine, que había alcanzado su capacidad máxima. La incertidumbre ahora se centra en lo que ocurrirá después, ya que no se sabe qué medidas se tomarán con la presa ni cuánto tiempo se prolongará la situación. Un residente local, Hicham Ajttou, afirmó que “la ciudad se ha convertido en un pueblo fantasma, (…) todos los mercados y tiendas están cerrados y la mayoría de los residentes se han marchado voluntariamente o han sido evacuados”. Las lluvias obligaron a una respuesta de emergencia a gran escala, en la que el ejército desplegó equipos de rescate, médicos y camiones, mientras los autobuses evacuaban a la población de las zonas más afectadas.
Más al sur, el desbordamiento del río Sebou forzó a nuevas evacuaciones en Sidi Kacem y llevó a las autoridades a reforzar las riberas con sacos de arena y barreras.
Estas lluvias han marcado un giro histórico, ya que pusieron fin a siete años de sequía. Según datos oficiales, “la tasa nacional de llenado de presas se acerca al 62%”, y varios embalses ya alcanzaron su capacidad máxima, cambiando de forma abrupta el panorama hídrico del país.
[UCM-CIDAF]
