El presidente francés, Emmanuel Macron, pidió recientemente a León XIV, quien dedicó su primera encíclica a la Inteligencia Artificial, la creación de una organización internacional para evitar su crecimiento sin control. «La IA debe ser un sirviente y no un amo (…) Frente a la potencia de la máquina digital, el ser humano tiene que conservar su lugar«, aseguró Macron en un discurso pronunciado en el Palacio del Elíseo ante el papa, que comenzaba una visita de cuatro días a Francia.
Gran parte de la sociedad global se está volcando en la actualidad sobre las tremendas aportaciones de la IA, en los diferentes ámbitos de la ciencia, la medicina, la educación, la tecnología, etc. Al mismo tiempo, escuchamos muchas voces de educadores, científicos y líderes mundiales, como la de Leon XIV, que nos piden estar vigilantes para que podamos humanizar esta poderosa IA, y no ser controlados por ella y sus intereses.
Esta necesidad de seguir humanizando la IA, como la tecnología en general, es algo fundamental para el bien de la humanidad. Deseamos que nos sirva y no que nos controle, como ya lo está haciendo en algunos ámbitos. La IA es creación humana y por tanto debe estar siempre al servicio de la dignidad humana y del bien común. Un compromiso internacional debiera ser conveniente.
En su discurso, previo a la alocución de Robert F. Prevost, Macron defendió también “laicidad francesa” defendiendo una concepción de la laicidad basada en la libertad de creer o no creer y en la separación entre el Estado y las confesiones religiosas. Por su parte, el papa solicitó a Francia que «abra el surco de una paz desarmada” y que sea «artífice del multilateralismo«. Este respeto absoluto al multilaterismo y al diálogo con todas las culturas y religiones, es un gran tributo a la dignidad humana que es el pilar fundamental en el pensamiento del papa actual, como lo demuestra su carta a la Humanidad: “Magnífica Humanidad”. Todos los gestos, visitas y discursos de Prevost recuerdan a los líderes mundiales esta misma gran verdad sobre la eterna dignidad de cada ser humano.
Lázaro Bustince
CIDAF-UCM
