Informe del Grupo de Estudio sobre el Congo (GEC)
Hace ya cuatro años, el grupo armado rebelde M23, tras su derrota en el año 2013, empuño nuevamente las armas y hoy hasta administra amplias zonas del este de la República del Congo (RDC), en las provincias de Ituri, Kivu Norte y Kivu Sur. El Grupo de Estudio sobre el Congo (GEC) y el Centro de cooperación internacional (CIC) de la Universidad de Nueva York han publicado un Informe sobre la situación actual.
El M23, en su primera versión, ya había ocupado la ciudad de Goma, capital de Kivu Norte, pero, tras su derrota, se escindió en dos ramas; una de ellas se refugió en Uganda y la otra en Ruanda. En 2017, se volvió a hablar del M23, ya que su jefe militar, Sultani Makenga, decidió abandonar Uganda e instalarse con unos 300 rebeldes en las faldas del monte/volcán Sabyinyo en la RDC, con unos recursos militares modestos suministrados por Uganda.
En menos de dos años el M23 ha duplicado los territorios bajo su control
A finales de 2021, Kinshasa autorizó que el ejército ugandés se desplegara en Ituri. Kigali se alertó temiendo que Uganda utilizara el territorio congoleño para desestabilizar Ruanda. En noviembre, el M23 conoció una afluencia significativa de miembros y un apoyo exterior renovado. A comienzos de 2022 se produjeron los primeros enfrentamientos, aunque solo esporádicos, entre los rebeldes y el ejército congoleño (las FARDC). El M23 reclutó masivamente “en el campo de Bihanga (Uganda) y en los campos de refugiados de Ruanda, que albergan decenas de miles de tutsi congoleños”. El apoyo militar ruandés hace bascular la relación de fuerzas y en junio de 2022 la localidad fronteriza de Bunagana es tomada en una operación dirigida por un oficial ruandés. Comenzó así una ofensiva generalizada. En menos de dos años, el M23 multiplicó por dos los territorios bajo su control y a finales de 2023 ocupaba gran parte de Rutushuru y a finales de 2024 también de Masisi.
Que no se perciba únicamente como una rebelión apoyada por Ruanda
En diciembre de 2023, según señala el GEC, se produjo la llegada de un nuevo movimiento en el entorno del M23: La Alianza Río Congo (AFC). Se trataba de reforzar la legitimidad de la rebelión y evitar que sea percibida como una simple rebelión tutsi apoyada por Ruanda. El cabeza visible de la de la AFC es nada menos que el antiguo presidente de la Comisión electoral congoleña (CENI) en tiempos de la presidencia de Joseph Kabila, Corneille Nangaa. Los acontecimientos se aceleraron tras la toma de Goma y Bukavu, principales ciudades del este de la RDC, ocupadas y administradas por la AFC/M23.
Se lanzaron múltiples iniciativas diplomáticas interafricanas, y después por los EE. UU. y Qatar, con acuerdos, pero sin resultados prácticos sobre el terreno. En diciembre de 2025, la RDC y Ruanda firmaron en Washington un acuerdo de paz, por el que Kigali debía retirar sus tropas de la RDC a cambio de que el gobierno congoleño neutralizara a las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR), grupo armado de hutu, tildado por Kigali de heredero del genocidio de 1994 (algunos observadores estiman que se trata sobre todo de un pretexto para justificar el apoyo ruandés a la rebelión). Tras la firma, los rebeldes ocuparon la ciudad de Uvira, pero tuvieron que retirarse a causa de la presión de la administración norteamericana.
La guerra se desplazó al cielo y en febrero de 2026, Willy Ngoma, portavoz de AFC/M23, muere alcanzado por un dron, “probablemente pilotado por una de las sociedades militares privadas que trabajan para la RDC”, según señala el GEC. El 11 de marzo otro dron mata a una francesa que trabajaba en UNICEF; se sospecha que el objetivo era la dirección del AFC/M23 o incluso el antiguo presidente Joseph Kabila. Los rebeldes, por su lado, han atacado dos veces el aeropuerto de Kisangani, desde donde salían los drones.
Se estima que los combatientes, policías y milicias locales del M23 son unos 38.000
El informe del GEC pone de relieve que el M23 ha conseguido integrar en su rebelión a otros grupos armados, tanto en Ituri como en Kivu Sur. Precisamente en esta provincia ha reclutado sobre todo en la comunidad de los Banyamulenge, habitantes de la Altiplanicie que se sienten abandonados por Kinshasa, a pesar de que en el interior de esta comunidad hay divisiones con relación a Kigali. Estos reclutamientos se han acelerado conforme el M23 ha ido extendiendo su control sobre el territorio. Los rebeldes afirman haber formado a 16.000 comandos en sus campos. Se trata de cifras que hay que manejar con cautela. Fuentes diplomáticas, citadas por GEC, estiman que la rebelión movilizaría en torno a 38.000 miembros. Bien es cierto que expertos de la ONU han señalado un elevado número de deserciones y el hecho de que muchos nuevos reclutamientos han sido forzados.
Roces con el “padrino” ruandés y también tensiones internas.
La gestión de grandes territorios, de nuevas tropas y de nuevos administradores está generando problemas para la rebelión, tanto en su relación con Ruanda como a nivel interno en el ala militar y en la rama política, encarnada por la AFC de Nangaa. En lo relativo al M23 y Ruanda, el GEC habla de una estrecha colaboración, pero Kigali tiene la última palabra en materia estratégica y “toma la cabeza de todas las ofensivas importantes, como la toma de Goma y Bukavu”, pero las relaciones no están exentas de tensión. Sultani Makenga es considerado por muchos oficiales ruandeses como “insubordinado y recalcitrante”; para sectores del M23, Ruanda es “un aliado circunstancial capaz de volverse en contra si sus intereses cambiasen”. El GEC afirma que Kigali ha pensado sustituir a Makenga sin dar con la persona adecuada. El Informe del GEC considera que el principal punto de desacuerdo entre AFC y M23 se centra en la cuestión de la “salida” del conflicto.
En 2013, Kigali dejó que el M23 se hundiera. A la vista de la presión, sobre todo norteamericana, para que Ruanda y la RDC se pusieran de acuerdo; muchos dirigentes del M23 temen que de nuevo Kigali les traicione.
Los divergentes objetivos de la rebelión
Existen serias tensiones entre la rama histórica militar del M23 y la AFC, dirigida por Corneille Nangaa, personalidad cercana a Joseph Kabila, varios miembros de cuyo partido (el PPRD) se han unido a Nangaa. Éste no disimula, más bien al contrario, que su objetivo es destituir a Tshisekedi, mientras que el M23 apuesta más bien por consolidar su control de los territorios conquistados.
Las tensiones se agudizaron con la visita en abril de 2025 a Goma de Joseph Kabila; visita que fue interpretada como un apoyo del anterior jefe de Estado a la rebelión. Al parecer Makenga, que deseaba estar con él, fue desarmado por la guarda de Kabila y retenido varias horas, mientras Corneille Nangaa fue recibido inmediatamente.
De cualquier modo, el hecho es que la AFC/M23 aceleró el control de las zonas ocupadas sustituyendo a los funcionarios por sus propios administradores, agentes, aduaneros, policías, magistrados, expresando claramente su voluntad de gobernar los territorios. El GEC señala que “el M23 habría controlado 45 emplazamientos mineros en los dos Kivu” en septiembre de 2025. “Un alto responsable del M23 declaró que los ingresos se elevaban en torno a 10 millones de dólares al mes”
Si bien el M23 quiere instalarse de manera estable en el este del Congo, sus objetivos, según el GEC, han evolucionado. Al principio reivindicaban la puesta en práctica de los acuerdos de fin del conflicto de 2013, acuerdos que no habrían sido respetados por Kinshasa, como la liberación de prisioneros, la amnistía o el retorno de los refugiados al Congo. En 2023 las reivindicaciones evolucionaron, acentuando la defensa de las poblaciones tutsi congoleñas y la crisis de gobernanza. Para Makenga se trata de supervivencia. Los suyos reclaman al menos una autonomía para los Kivus. Por parte de Nangaa, algunos ven en AFC un instrumento para obtener puestos y lograr cierto reparto del poder.
Para Kigali, el M23 constituye “un medio para proteger su poder e influencia en el este de la RDC: preservar sus intereses de seguridad y crear una zona tapón para la extracción de recursos mineros”; en el fondo, fortalecer el poder y la estabilidad de Frente Patriótico Ruandés en Ruanda. No entra entre sus objetivos el derrocamiento de Tshisekedi. El GEC pone de relieve los enormes beneficios económicos que logra Ruanda con la explotación y comercialización de los minerales extraídos en las zonas ocupadas por el M23. «Según las cifras oficiales, Ruanda exportó por un valor de 1500 millones de dólares de oro en 2024, más del doble de sus exportaciones de años precedentes; esta cifra debería superar los 2000 millones en 2025”.
El GEC opina que los rebeldes pretenden asentarse de forma estable en la región y han logrado montar una administración paralela en amplios territorios; parece evidente que conforme pasa el tiempo la marcha atrás será difícil. Pero no deberían confundirse los intereses del M23 con los de Ruanda.
El 13 de abril deben reanudarse las negociaciones entre el M23 y el gobierno congoleño en Suiza. El GEC considera que la rebelión plantea reivindicaciones maximalistas, como la dimisión del gobierno y la creación de un sistema federal, por ejemplo, cuestiones de todo punto inaceptables para Kinshasa. Cuestiones que en el mejor de los casos deberían ser tratadas en un proceso nacional inclusivo y abierto y no entre un gobierno y una guerrilla a la que combate.
Conclusiones del GEC
El GEC considera que cualquier acuerdo de paz duradero debe abordar varios temas cruciales, como la suerte de los 80.000 refugiados congoleños en Ruanda desde hace muchos años, la responsabilidad por los crímenes cometidos por todas las partes, la reconciliación entre las comunidades divididas y el futuro de los dirigentes y combatientes del M23. El GEC concluye que “el destino de la rebelión depende menos de los rebeldes mismos que de los gobiernos de Kigali y de Kinshasa. Si no logran un compromiso y la mediación americana no influye los combates proseguirán”.
Fuente: AFRIKARABIA
[CIDAF-UCM]

