Romuald Wadagni fue elegido, el pasado 12 de abril, presidente de Benín con el 94,27 % de los votos, en un plebiscito considerado correcto, pese a denuncias de irregularidades y la ausencia de la principal fuerza opositora. La participación alcanzó el 63,57 %, superando ampliamente la registrada en 2021, mientras que el candidato derrotado, Paul Hounkpè, reconoció los resultados y llamó a la unidad nacional.
La victoria de Wadagni marca la quinta transición democrática desde 1990 y consolida la estabilidad institucional tras la decisión del presidente saliente, Patrice Talon, de respetar el límite constitucional de mandatos. Exministro de Finanzas y figura clave del crecimiento económico reciente, el nuevo mandatario promete impulsar el bienestar social, diversificar la economía y reforzar la seguridad nacional.
Jeannine Ella Abatan, investigadora sénior de la Oficina Regional del Instituto de Estudios de Seguridad (ISS), señala que los principales retos a los que se enfrentará Wadagni serán reducir la pobreza, garantizar el pluralismo político y reconstruir las relaciones regionales, especialmente con Burkina Faso y Níger. El contexto político sigue marcado por controvertidas reformas que han restringido el espacio cívico, debilitado a la oposición y aumentado el riesgo de tensiones institucionales, especialmente ante la posible influencia futura de Talon desde el nuevo Senado. Para el analista político Tafi Mhaka, el anterior gobierno de Talon se había encargado ya de acabar con las instituciones que habían hecho de Benín uno de los primeros países democráticamente exitosos en África.
Mhaka señala que el anterior presidente del país «se sirvió, entre otras cosas, de un reacondicionamiento jurídico, poniendo a los órganos judiciales a su disposición, y la reescritura de las reglas electorales para lograr excluir a la oposición del poder. Evidentemente, estas reformas fueron acompañadas de una fuerte represión y silenciamiento de la sociedad civil, impidiendo cualquier tipo de consolidación de un discurso contrario a su gobierno«.
Para Abatan, el nuevo ejecutivo deberá hacer frente a la amenaza extremista, sobre todo en el norte del país, así como promover una cooperación regional más sólida para evitar que las zonas fronterizas continúen siendo un refugio para los grupos armados.
Fuente: Instituto de Estudios de Seguridad (ISS)
[CIDAF-UCM]

