
Todo ser humano nace y crece para amar. Puede aprender a odiar, pero lo más natural será siempre amar y gozar unas buenas relaciones sociales, cuidando de los demás y de la naturaleza.
Debemos comenzar por desarmar nuestros pensamientos y el lenguaje que usamos, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esta urgente necesidad de palabras respetuosas, es ante todo evidente entre los líderes políticos.
Es necesario aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.
Siempre existirán nubarrones y tormentas violentas en la existencia y en las relaciones humanas. Pero también llega siempre la primavera, y todas las diferentes estaciones del año.
Necesitamos descubrir todo lo bueno, bello y valioso que recibimos cada día. Siempre me sorprendió, en mis cincuenta años de vida y relaciones en Uganda, la gratitud que todas las personas expresaban continuamente por el don de la vida.
En cada encuentro y conversación, siempre comenzaban expresando su gratitud por el don de la vida, algo que yo tendía a tomarlo por supuesto y evidente.
Me enseñaron a valorar la vida y las relaciones humanas, como un gran don de cada día y como una tarea a cultivar sin tomarlo como algo automático.
Ahora en primavera, vemos los campos verdes, gracias a los cereales y diversas semillas que se sembraron allí por octubre. Los agricultores saben bien que, junto con el trigo, cebada y avena, crecerán también otras hiervas o cizaña, que podrían ahogar la buena semilla. Por eso ya están trabajando para proteger a las buenas semillas, que darán una abundante cosecha de diversos alimentos para junio o julio.
Algo semejante sucede en el campo de las relaciones humanas. Junto con la bondad, la justicia, la responsabilidad y la verdad, aparecen también el odio, la exclusión, la manipulación y la corrupción. La calidad de la convivencia humana es un don y al mismo tiempo constituye una tarea nuestra para cada día.
La calidad de vida y de las relaciones humanas, a nivel nacional e internacional, depende pues de nuestra experiencia personal y de nuestro compromiso diario para promover vida y solidaridad.
CIDAF-UCM
