La Unión Africana y los Estados Unidos tratan de impulsar la inversión en África

30/09/2026 | Crónicas y reportajes

 

Paul-Simon Handy y Joseph Sany analizan para el Instituto de Estudios de Seguridad (ISS) los pasos que lLa Comisión de la Unión Africana (CUA) y los Estados Unidos (EE. UU.) están comenzando a dar para poner en marcha el Grupo de Trabajo Estratégico sobre Infraestructura e Inversión (GTII), con el objetivo de atraer inversión del sector privado estadounidense y expandir el comercio y el desarrollo de infraestructura en África.

Establecido en enero, el GTII está desarrollando mecanismos para conectar el capital y los instrumentos financieros estadounidenses con las prioridades de infraestructura africanas en el marco de la Agenda 2063 de la UA, el Programa para el Desarrollo de Infraestructura en África (PIDA) y el Área de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA). Ambas partes ya han identificado un pequeño grupo de proyectos iniciales, entre los que se incluyen el desarrollo de puertos en Mozambique, un centro de hidrógeno en Walvis Bay (Namibia), el proyecto hidroeléctrico Inga, largamente demorado, en la República Democrática del Congo, y un centro de datos.

Esta iniciativa surge en un momento en que África enfrenta una brecha de financiación de infraestructura estimada entre 68.000 y 108.000 millones de dólares anuales. Aunque el PIDA atrajo 82.000 millones de dólares estadounidenses durante su primera década, la inversión privada sigue siendo insuficiente para cubrir las necesidades de financiación, mucho mayores, de su segunda fase. Por lo tanto, se quiere utilizar capital privado estadounidense para complementar los limitados recursos gubernamentales y reducir la dependencia del endeudamiento soberano.

Handy y Sany señalan que la UA deberá adaptar sus procesos burocráticos tradicionales para que la iniciativa funcione. Dado que la UA no controla directamente la ejecución de los proyectos, será fundamental una coordinación eficaz entre los departamentos de la UA, los organismos especializados, los Estados miembros, las empresas y las comunidades locales. Instituciones financieras africanas como el Banco Africano de Desarrollo, el Banco Africano de Exportación e Importación, la Corporación Financiera Africana y Africa50 también podrían contribuir a la cofinanciación de proyectos y reducir los riesgos de inversión.

El GTII podría otorgar a la UA una nueva influencia para impulsar la integración continental. Los gobiernos que aceleren las reformas de infraestructura, armonicen las regulaciones o mejoren los corredores de transporte podrían recibir acceso prioritario a la financiación y la asistencia técnica de la institución.

El Programa Estratégico de Inversión Estados Unidos-África, dotado con 500 millones de dólares, podría contribuir a reducir los riesgos asociados a los proyectos del sector privado, pero los autores sostienen que la previsibilidad de las normas y el fortalecimiento de las instituciones serán más importantes que la mera financiación.

La menguante presencia diplomática estadounidense en África podría complicar aún más los esfuerzos por conectar a las empresas estadounidenses con las oportunidades africanas. Las redes de la diáspora y las organizaciones empresariales podrían actuar cada vez más como intermediarias entre los inversores y los gobiernos africanos.

Los autores concluyen que el Grupo de Trabajo sobre Infraestructuras de África ofrece a la Unión Africana una oportunidad excepcional para actuar no solo como socio diplomático, sino también como facilitador comercial. Su éxito dependerá de la rapidez con que ambas partes movilicen capital privado e institucional, fortalezcan las condiciones de inversión y garanticen que los proyectos de infraestructura cuenten con el apoyo de los países y las comunidades afectadas. Los próximos 12 meses podrían revelar si la Unión Africana y Estados Unidos pueden convertir sus promesas en resultados tangibles.

Fuente: Instituto de Estudios de Seguridad (ISS)

[CIDAF-UCM]

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