La muerte de Juliana Nzita, de 16 años, cuyo cuerpo fue hallado colgado de un árbol en los terrenos de una iglesia cerca de Charlotte, Carolina del Norte, ha generado gran preocupación y reavivado el debate sobre el manejo de casos similares que involucran a personas afroamericanas. Nzita, reportada como desaparecida el 28 de abril, fue encontrada el 8 de mayo en los terrenos de la Iglesia United House of Prayer for All People. La policía clasificó la muerte como suicidio y no ha anunciado ninguna investigación adicional.
señala en Word in Black que el dictamen ha sido recibido con escepticismo por miembros de la comunidad, defensores de los derechos civiles y usuarios de redes sociales, quienes señalan interrogantes sin respuesta sobre las circunstancias de la desaparición y muerte de Nzita, así como la escasa información pública divulgada por las autoridades y la falta de declaración pública por parte de la iglesia en cuestión.
Su caso ha sido comparado con otras muertes controvertidas, incluyendo la del estudiante universitario de Mississippi, Demartravion “Trey” Reed, cuya muerte por ahorcamiento en 2025 también fue declarada suicidio a pesar de las objeciones de su familia. La memoria del colectivo afroamericano no tiene que remontarse a muchos años atrás para recordar los linchamientos racistas y los cuestionables documentos oficiales que cubrían los ahorcamientos. Un informe reciente de la organización de derechos civiles JULIAN documentó más de 70 muertes en siete estados del sur profundo durante los últimos 25 años que fueron clasificadas oficialmente como suicidios, pero que siguen siendo cuestionadas por familiares y activistas.
La muerte de Nzita ha reavivado la preocupación social sobre si algunos casos de víctimas negras se están investigando de la forma adecuada y correcta y si el racismo y la violencia racial siguen marcando estas muertes.
Fuente: Word in Black
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