Las elecciones parlamentarias de Marruecos del 23 de septiembre se desarrollan en un contexto marcado por las protestas lideradas por los jóvenes, un alto desempleo y crecientes interrogantes sobre si la política parlamentaria puede dar respuesta a las demandas económicas y sociales de la ciudadanía ante el poder de la monarquía. Veintisiete partidos compiten por 395 escaños en la Cámara de Representantes, con un censo electoral de más de 15,8 millones de personas registradas para votar.
Estos comicios también revisten importancia más allá de la política interna, especialmente porque las relaciones de Marruecos con España, Israel y Estados Unidos se entrelazan con cuestiones como la migración, el Sáhara Occidental y los límites de la autoridad del gobierno electo.
La migración como síntoma de la carestía económica y del malestar social
A finales de julio, unas 60.000 personas entraron en la ciudad autónoma española de Ceuta desde Marruecos, en lo que Reuters describió como una afluencia masiva excepcional. Este episodio no se ve únicamente como una causa política, sino como unos fenómenos provocados por las dificultades económicas, las aspiraciones migratorias, el malestar social y la desinformación.
Para los responsables políticos marroquíes, el incidente subraya cómo los problemas internos de empleo y nivel de vida pueden repercutir en las relaciones con España y en las presiones migratorias a lo largo de la frontera compartida por ambos países.
El desempleo juvenil es especialmente grave, rondando durante el 2025 una tasa del 37 % entre los marroquíes de 15 a 24 años. El fuerte contraste entre las cifras de crecimiento del PIB ofrecidas y los niveles de desocupación laboral se sitúa en un lugar central del debate electoral.
Israel, Estados Unidos y la política Exterior
Las decisiones de política exterior de gran importancia estratégica permanecen estrechamente vinculadas a la monarquía, en lugar de determinarse únicamente mediante elecciones parlamentarias o cambios de gobierno.
El PJD sigue oponiéndose a la normalización de las relaciones de Marruecos con Israel e incluye explícitamente dicha oposición en su programa para 2026. No obstante, esta cuestión ilustra las limitaciones a las que se enfrenta un gobierno marroquí electo.
Marruecos restableció sus relaciones diplomáticas con Israel en 2020, cuando el propio PJD formaba parte del gobierno bajo el mandato del primer ministro Saadeddine Othmani. El partido se opuso a la decisión de normalización, si bien Othmani la calificó posteriormente de decisión de Estado y sostuvo que el apoyo de Marruecos a la causa palestina permanecía intacto. Desde entonces, la relación ha avanzado.
Estados Unidos entra en escena a través del acuerdo de 2020 que acompañó a la normalización de las relaciones entre Marruecos e Israel. Como parte del pacto mediado por Estados Unidos, Washington reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental.
La monarquía y los límites del poder electoral
La Constitución de Marruecos de 2011 define al país como una monarquía constitucional, democrática, parlamentaria y social, al tiempo que mantiene un papel institucional central para el rey.
El rey nombra al jefe de gobierno de entre los miembros del partido más votado en las elecciones a la Cámara de Representantes y preside el Consejo de Ministros, órgano que examina las orientaciones estratégicas de la política estatal. El Parlamento tiene responsabilidades legislativas y de control, mientras que el gobierno ejerce el poder ejecutivo.
En consecuencia, obtener el mayor número de escaños parlamentarios es importante para la formación del gobierno, pero no determina por sí solo la distribución completa de la autoridad política.
La presión de la juventud sobre el poder
Las protestas del movimiento «GenZ 212» demostraron la existencia de un importante compromiso político juvenil al margen de los partidos establecidos. Ahora, las elecciones ponen a prueba si parte de ese activismo puede traducirse en una participación dentro de las instituciones formales.
La elección plantea fundamentalmente si los ciudadanos marroquíes —especialmente los más jóvenes— creen que la política electoral, si los partidos y la política parlamentaria, pueden generar mejoras en el empleo, la sanidad, la educación y el poder adquisitivo, más allá de la influencia de la monarquía.
Fuente: AlJazeera
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