Las primeras recuperaciones del ébola Bundibugyo abren una grieta de esperanza en un brote sin vacuna ni tratamiento. Ocho pacientes dados de alta alimentan la esperanza de frenar el brote de ébola Bundibugyo en la República Democrática del Congo (RDC). La historia de Furaha Tikamanyire, enfermera de 30 años, ilustra cómo se puede sobrevivir sin vacuna ni tratamiento específico. Tikamanyire recuerda que la mayoría de las personas a las que atendió esos días presentaban dolor de cabeza, fatiga intensa y dolores de estómago:
“Son los mismos síntomas que tuve yo cuando contraje la enfermedad. También perdí el apetito y sufrí una especie de conjuntivitis. Me dolían muchísimo los ojos. Hubo un momento en que gritaba de dolor. Me dolía el cuerpo y, a veces, sentía picor por todas partes”.
El Ministerio de Salud ugandés confirmó el pasado jueves un nuevo caso del virus del Ébola, lo que aumenta a 16 los contagios en el país, incluido un fallecido, tras declararse el brote el pasado 15 de mayo en el este de la vecina RDC.
“El nuevo caso es un nacional congoleño, un caso importado. El país sigue siendo seguro y abierto para los negocios, el ocio y el comercio”.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la instalación de más laboratorios está permitiendo reducir el tiempo para confirmar o descartar los casos. Marie Roseline Belizaire, directora regional de Emergencias para África de la OMS declaró:
«La capacidad de laboratorios ha aumentado en el país y, en este momento, los casos sospechosos no tienen que esperar mucho tiempo. La espera máxima es de 24 horas».
Existen razones para la esperanza de poder controlar el ébola y tomar las medidas necesarias para prevenirlo, dado el esfuerzo, los medios y la colaboración entre el personal sanitario local, y la OMS.
Lázaro Bustince
CIDAF-UCM
