«El que desencadena guerra y violencia, reniega del Evangelio»

17/02/2023 | Documentos R+JPIC




«Como cristianos, rezar es lo primero y más importante que estamos llamados a realizar para poder obrar bien y tener la fuerza para caminar. Rezar, obrar y caminar». «Rezar nos da la fuerza para salir adelante; superar los temores; entrever, aun en la oscuridad, la salvación que Dios prepara. Es más, la oración atrae la salvación de Dios sobre el pueblo”.

“Trabajemos sin descanso por una paz que integra las diversidades, que promueve la unidad en la pluralidad». «Que el Evangelio no sea sólo un bonito discurso religioso, sino una profecía que se hace realidad en la historia. Pongámonos manos a la obra; trabajemos por la paz tejiendo y remendando, nunca cortando ni rasgando». «Que las divisiones eclesiales de los siglos pasados no influyan en quienes son evangelizados, sino que la semilla del Evangelio contribuya a difundir una unidad más grande.

Que el tribalismo y la división en facciones, que alimentan la violencia en el país, no afecten las relaciones interconfesionales. Al contrario, que el testimonio de unidad de los creyentes repercuta en el pueblo».

«Hermanos, hermanas, apoyémonos en esto. En nuestras diversas confesiones, sintámonos unidos los unos con los otros, como una única familia; y sintámonos responsables de orar por todos».

«Jesús quiere que “trabajemos por la paz”; por eso quiere que su Iglesia no sea sólo signo e instrumento de la íntima unión con Dios, sino también de la unidad de todo el género humano».

«Esta es la paz de Dios, no sólo una tregua a los conflictos, sino una comunión fraterna, que es el resultado de conjugar, no de disolver; de perdonar, no de estar por encima; de reconciliarse, no de imponerse».


papa_francisco_cc0-6.jpgRezar, obrar y caminar. Los tres verbos necesarios para la paz. Los tres líderes cristianos que han viajado, juntos, como peregrinos a Sudán del Sur celebraron una vigilia ecuménica para implorar el fin de la violencia en Sudán del Sur. «Trabajemos sin descanso por una paz que integra las diversidades, que promueve la unidad en la pluralidad» rogó Francisco, asido de la mano de Justin Welby e Iaian Greenshields.

Los máximos responsables de la Iglesia católica, la Comunión Anglicana y la Iglesia Reformada de Escocia llegaron «juntos, como Pueblo santo de Dios«, para «rezar por este pueblo herido«. «Como cristianos, rezar es lo primero y más importante que estamos llamados a realizar para poder obrar bien y tener la fuerza para caminar. Rezar, obrar y caminar«, reflexionó Bergoglio durante su intervención.

En primer lugar, rezar. «El gran esfuerzo de las comunidades cristianas en la promoción humana, en la solidaridad y en la paz sería vano sin la oración«, porque «no podemos promover la paz sin antes haber invocado a Jesús«. Y porque, fundamentalmente, «somos cristianos porque somos amados gratuitamente por Cristo«.

Recordando su primer discurso de esta mañana, en el que habló de la figura de Moisés, Francisco recordó la escena del paso del Mar Rojo, y la certeza del patriarca, firme en la fe, de que el Señor salvaría a su pueblo.

«Es así también para nosotros: rezar nos da la fuerza para salir adelante; superar los temores; entrever, aun en la oscuridad, la salvación que Dios prepara«, incidió el Papa. «Es más, la oración atrae la salvación de Dios sobre el pueblo«.

Una obligación «sobre todo para nosotros, pastores del Pueblo santo de Dios. Para que el Señor de la paz intervenga ahí donde los hombres no alcanzan a construirla, es necesaria la oración; una tenaz, constante oración de intercesión«. Y, si es posible, hacerlo «unidos los unos con los otros, como una única familia«.

«En nuestras parroquias, iglesias, asambleas de culto y de alabanza, seamos asiduos y unánimes en la oración, para que Sudán del Sur, de la misma manera que el pueblo de Dios en la Escritura, “llegue a la tierra prometida”; que disponga, con tranquilidad y justicia, de la tierra fértil y rica que posee, y sea colmado de esa paz prometida, aunque, lamentablemente, no obtenida aún«, rogó.

En segundo lugar, «justamente en favor de la causa por la paz, estamos llamados a trabajar«. Porque «Jesús quiere que “trabajemos por la paz”; por eso quiere que su Iglesia no sea sólo signo e instrumento de la íntima unión con Dios, sino también de la unidad de todo el género humano».

«Esta es la paz de Dios, no sólo una tregua a los conflictos, sino una comunión fraterna, que es el resultado de conjugar, no de disolver; de perdonar, no de estar por encima; de reconciliarse, no de imponerse«, imploró Bergoglio.

«Nosotros, queridos hermanos y hermanas, trabajemos sin cansarnos por esta paz, que el Espíritu de Jesús y del Padre nos invita a construir; una paz que integra las diversidades, que promueve la unidad en la pluralidad«, añadió. Una paz «que armoniza las diferencias, mientras que el espíritu enemigo de Dios y del hombre se vale de la diversidad para dividir«.

Porque «quien se dice cristiano tiene que elegir de qué parte estar. Quien sigue a Cristo elige la paz, siempre; el que desencadena guerra y violencia traiciona al Señor y reniega de su Evangelio«. El estilo que Jesús nos enseña es claro, añadió el Papa: «amar a todos, pues todos son amados como hijos del Padre común que está en los cielos».

Y porque «el amor del cristiano no es sólo para los que están cerca, sino para todos, porque cada uno en Jesús es nuestro prójimo, hermano y hermana, incluso el enemigo«. Más aún los miembros de un mismo pueblo. Hoy, Sudán del Sur.

«Esforcémonos, hermanos y hermanas, por esta unidad fraterna entre nosotros los cristianos, y ayudémonos a transmitir el mensaje de la paz a la sociedad; a difundir el estilo de no violencia de Jesús, para que en quien se profesa creyente no haya más espacio para una cultura basada en el espíritu de venganza; para que el Evangelio no sea sólo un bonito discurso religioso, sino una profecía que se hace realidad en la historia«, insistió. «Pongámonos manos a la obra; trabajemos por la paz tejiendo y remendando, nunca cortando ni rasgando. Sigamos a Jesús y, tras de Él, demos pasos comunes por el camino de la paz«.

Finalmente, «después de rezar y obrar, caminar«, promoviendo «itinerarios de reconciliación«. «Somos cristianos, somos de Cristo. Es hermoso que, en medio de tantos conflictos, la pertenencia cristiana no haya jamás disgregado a la población, sino que ha sido, y sigue siendo, factor de unidad«, recalcó, recordando que «la herencia ecuménica de Sudán del Sur es un tesoro precioso; una alabanza al nombre de Jesús; un acto de amor a la Iglesia, su esposa; un ejemplo universal hacia el camino de unidad de los cristianos. Es una herencia que ha de ser custodiada con el mismo espíritu«.

«Que las divisiones eclesiales de los siglos pasados no influyan en quienes son evangelizados, sino que la semilla del Evangelio contribuya a difundir una unidad más grande. Que el tribalismo y la división en facciones, que alimentan la violencia en el país, no afecten las relaciones interconfesionales. Al contrario, que el testimonio de unidad de los creyentes repercuta en el pueblo«, culminó Francisco, reclamando otras dos palabras claves para la paz: «memoria y compromiso«.

«No tengan miedo de no estar a la altura; en cambio, siéntanse impulsados por aquellos que les han preparado el camino. Como en una carrera de relevos, tomen el testigo, para que de ese modo se acelere la llegada a la meta de la comunión plena y visible«, planteó. Finalmente, el compromiso: «se camina hacia la unidad cuando el amor es concreto; cuando, unidos, se socorre a quien está marginado, a quien está herido y descartado. Ustedes ya lo realizan en muchos ámbitos«.

«Sigan así, nunca compitiendo, sino siendo como una familia; hermanos y hermanas que, por medio de la compasión por quienes sufren, los predilectos de Jesús, dan gloria a Dios y testimonian la comunión que Él desea«, concluyó Francisco, con un compromiso personal y eclesial: «Queridos hijos, mis hermanos y yo vinimos como peregrinos en medio de ustedes, Pueblo santo de Dios en camino. Aun estando distantes físicamente, permaneceremos siempre cerca de ustedes. Comencemos cada día rezando los unos por los otros, y con los otros; trabajando juntos, como testigos y mediadores de la paz de Jesús; caminando por el mismo sendero, dando pasos concretos de caridad y de unidad. En todo, amémonos profundamente y de manera sincera«. Que así sea.

[Textos del papa, editados por CIDAF-UCM]

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