El presidente egipcio, Abdel Fattah al-Sisi, ha declarado que dejará el cargo cuando expire su mandato actual en 2030, calificando el asunto de «completamente zanjado» e insistiendo en que la Constitución «no se tocará». Sus declaraciones han reavivado el debate sobre la sucesión política, la reforma constitucional y el futuro del liderazgo en Egipto.
Sisi señaló que continuará trabajando hasta el final de su mandato presidencial y que se centrará en fortalecer las instituciones estatales y preparar a una nueva generación de líderes. Asimismo, anunció una propuesta para formar líderes de entre 40 y 50 años con el fin de que ocupen altos cargos gubernamentales o incluso se postulen a la presidencia. La iniciativa contempla 30 meses de formación militar, para lo cual se redactará una legislación específica que regule el proceso. No obstante, aún no están claros los detalles del programa y los criterios de selección.
Las declaraciones de Sisi se producen en medio de un renovado debate sobre la posibilidad de prolongar su presidencia, tras las enmiendas constitucionales de 2019 que ampliaron su segundo mandato —de 2022 a 2024— y le permitieron optar a un tercer mandato, cuya conclusión está prevista para abril de 2030. Antes de dichas enmiendas, Sisi había prometido en repetidas ocasiones respetar la Constitución y el límite de dos mandatos. Por ello, sus recientes garantías han sido recibidas con escepticismo por parte de figuras políticas y observadores que conocen bien los cambios constitucionales anteriores.
Tres fuentes parlamentarias cercanas a un organismo de seguridad estatal indicaron que la promesa de Sisi forma parte de un esfuerzo más amplio por remodelar el panorama político egipcio, evitando al mismo tiempo las circunstancias que propiciaron la caída del expresidente Hosni Mubarak, quien gobernó durante tres décadas antes de la revolución de 2011. Un parlamentario con formación militar señaló que Sisi ya había expresado anteriormente su deseo de no abandonar el poder bajo la presión de la cúpula militar, tal y como le ocurrió a Mubarak, y sugirió que el nombramiento de un vicepresidente podría facilitar una transición ordenada.
Algunas analistas interpretan este movimiento presidencial como una maniobra política destinada a mitigar el descontento público ante la situación económica y política que atraviesa Egipto. Una fuente judicial y un líder de un partido opositor señalaron que estas declaraciones podrían tranquilizar a la opinión pública, aunque dejan sin resolver interrogantes sobre el proceso de sucesión. La fuente judicial advirtió, además, que tales comentarios no descartan necesariamente futuros intentos de prolongar la presidencia de Sisi mediante la reinterpretación o la enmienda de la Constitución. El líder opositor, por su parte, consideró improbable que esta cuestión se plantee antes de 2028, argumentando que el clima político actual no es propicio para un debate de este tipo.
Las garantías ofrecidas por Sisi se producen tras una larga trayectoria de declaraciones públicas sobre los límites de los mandatos presidenciales. Tras resistirse inicialmente a las peticiones para que se presentara a la presidencia en 2013, anunció su candidatura en marzo de 2014. En los años siguientes, prometió en repetidas ocasiones respetar la Constitución y limitar su presidencia a dos mandatos de cuatro años. No obstante, en 2019, el Parlamento aprobó enmiendas constitucionales que ampliaron su permanencia en el cargo y le permitieron optar a un tercer mandato.
Fuente: Arab News – Daily News Egypt – Mada
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