El Informe Global sobre las Crisis Alimentarias 2026 confirma una tendencia alarmante: el número de personas que padecen hambre aguda se ha duplicado en la última década. Al mismo tiempo, la financiación internacional ha retrocedido.
Lo que sigue aumentando es el gasto militar en la mayoría de los países, ricos y pobres. Cuando las inversiones en el cuidado de la salud, la educación y el bien común disminuyen drásticamente, para aumentar el gasto militar y los beneficios económicos de las empresas poderosas, dictadores políticos y los propios partidos o dinastías familiares, vamos camino del empobrecimiento de la mayoría, del hambre y de la deshumanización.
La historia nos recuerda repetidamente que los cambios para una mayor democracia, valores humanos, solidaridad y el bien común nunca vendrán de arriba, del poder, ni de las ONG con servicios asistenciales solamente, sino de los pueblos oprimidos que se organizan y trabajan juntos por una gobernanza más responsable, por una real justicia social y por el bien común, sabiendo que necesitarán ayuda del exterior y que habrá que pagar un alto precio por un cambio necesario, para el bien de la humanidad.
Por décimo año consecutivo, la Red Mundial contra las Crisis Alimentarias (formada por entidades como el Banco Mundial, la FAO, ACNUR o FIDA) publica su Informe Global sobre las Crisis Alimentarias 2026, confirmando una tendencia alarmante: el hambre se ha duplicado en esta última década, debido ante todo a los conflictos armados. Unos 266 millones de personas en 47 países y territorios sufrieron niveles elevados de inseguridad alimentaria aguda en 2025, lo que representa casi el 23 % de la población analizada, el doble de la registrada en 2016.
En este sentido, el secretario general de la ONU, António Guterres, ha sido categórico. En el prólogo del informe, destaca que «los conflictos siguen siendo la principal causa de inseguridad alimentaria aguda y malnutrición para millones de personas en todo el mundo, y en el mismo año (2025) estallaron hambrunas totales en dos zonas afectadas por conflictos (Gaza y Sudán del Sur), una situación sin precedentes«.
Según el Índice Global de Paz 2025, el mundo atraviesa un pico histórico de violencia, con 59 conflictos armados activos registrados, la cifra más alta desde la Segunda Guerra Mundial. Se estima que 78 países están involucrados en enfrentamientos, ya sea directa o indirectamente.
Es urgente fortalecer la cultura de paz y de justicia social como base del desarrollo humano para así poder lograr un mundo donde se alcance una paz verdadera.
Desde hace casi 70 años, Manos Unidas trabaja para combatir el hambre y sus causas estructurales, acompañando a comunidades vulnerables en África, Asia y América Latina. Su labor se centra en fortalecer la seguridad alimentaria, apoyar la agricultura sostenible, promover los derechos de las comunidades y prevenir conflictos vinculados al acceso a los recursos.
“Erradicar el hambre es una cuestión de justicia, pero también de paz. Declarar la guerra al hambre es, por tanto, un imperativo moral. Pero, mientras la comunidad internacional no entienda que la paz es condición necesaria para la seguridad alimentaria, el Hambre Cero seguirá siendo un espejismo en un mundo que elige la indiferencia ante el sufrimiento”, ha explicado Cecilia Pilar Gracia, presidenta de Manos Unidas.
Lázaro Bustince
CIDAF-UCM
