La creciente tensión regional tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán ha generado un nuevo frente de presión económica para Egipto, que ya enfrentaba dificultades internas y externas. El Gobierno egipcio activó un comité nacional de crisis para supervisar los posibles impactos en energía, alimentos, seguridad y relaciones diplomáticas. Uno de los golpes más inmediatos fue la suspensión por parte de Israel de sus exportaciones de gas natural hacia Egipto y Jordania, lo que obligó a El Cairo a reforzar la importación de gas natural licuado y alquilar unidades flotantes de regasificación como medida de contingencia.
El conflicto también afecta al estratégico Canal de Suez. Navieras internacionales como Maersk y Hapag-Lloyd han optado por desviar sus buques por el Cabo de Buena Esperanza, reduciendo los ingresos del canal y prolongando los tiempos de transporte en un contexto en el que la libra egipcia sigue bajo presión.
El turismo, uno de los pilares económicos del país, también atraviesa un momento delicado. Las cancelaciones de vuelos y las restricciones temporales del espacio aéreo han alterado la temporada alta de invierno. Los operadores turísticos en la meseta de Guiza advierten que, si la crisis se prolonga, las pérdidas podrían ser significativas. En paralelo, el Ministerio de Abastecimiento aseguró que las reservas estratégicas de alimentos están garantizadas por varios meses, especialmente en el Ramadán, periodo en el que los precios son especialmente sensibles. Mientras tanto, la bolsa egipcia continúa a la baja ante la salida de capital extranjero, reflejando la incertidumbre que la nueva escalada añade a una economía ya frágil.
Fuente: Maghrebi.org
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