El domingo tuvo lugar un ataque aéreo en la región central de San que acabó con la vida de 10 civiles. El incidente fue ocasionado por drones militares del ejército de Malí en la localidad de Tene, que habrían actuado bajo las sospechas de un patrón de movimiento en el que varias motocicletas se seguían unas a otras. Sin embargo, la realidad era que en la zona se estaba celebrando un evento matrimonial colectivo tradicional  típico de la comunidad. El suceso refleja la creciente tensión que se vive en el territorio maliense después de los ataques causados el mes pasado por el grupo militar Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM) junto al Frente de Liberación de Azawad (FLA).

La escalada del conflicto comenzada el 25 y 26 de abril por parte del JNIM, grupo vinculado a Al Qaeda y, el FLA, separatistas tuaregs, provocaron una situación de seguridad crítica en todo el país al atacar ciudades estratégicas y causar la muerte del ministro de Defensa. La masacre terminó con varias zonas del norte de Malí siendo controladas por estos grupos rebeldes e imponiendo un bloqueo a Bamako, capital del país. Posterior a estos incidentes, el 7 de mayo el JNIM volvió atacar varias aldeas de la región de Mopti, en el centro del país, acabando con la vida de 30 personas.

El territorio maliense se ha visto rodeado de conflictos desde 2012 por los sucesos causados por el JMIN y el FLA. El gobierno de Malí cuenta con el apoyo del Cuerpo Africano, grupo paramilitar controlado por el gobierno ruso tras reemplazar al grupo privado Wagner. Anteriormente, el territorio recibía apoyo militar por parte de Francia y las Naciones Unidas, sin embargo, tras los golpes militares sucedidos en 2020 y 2021, el gobierno decidió expulsar a las tropas francesas y misiones de la ONU para utilizar únicamente la ayuda militar que le ofrece el gobierno ruso.

Fuentes: Aljazeera

[CIDAF-UCM]