Desarmar las palabras y escuchar el clamor de los que sufren

16/03/2026 | Editorial, Opinión

Toda bondad nace del corazón humano, pues está creado para amar y ser amado. Por tanto, las actitudes positivas, la capacidad de escucha especialmente el clamor de las personas que sufren, las palabras compasivas y los comportamientos solidarios nacen del corazón humano.

Debido a difíciles experiencias personales, también surgen a veces del corazón humano actitudes negativas, incapacidad de escucha, palabras hirientes y comportamientos agresivos e injustos.

En su mensaje de cuaresma, el papa pide formas de “abstinencia concreta” como “desarmar el lenguaje” y cultivar la amabilidad, “pero también escuchar la Palabra de Dios y el clamor de los últimos, y hacerlo juntos, en nuestras comunidades, abiertas a acoger a quienes sufren”.

Necesitamos moderar nuestra lengua para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás, para construir juntos a edificar la civilización de la escucha y cuidados mutuos.

Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz”.

Al considerar atrocidades masivas como el genocidio de Gaza, las guerras de Ucrania, Irán, Líbano, Sudán, República Democrática del Congo (RDC), etc., podría parecer extraño dedicar tiempo a hablar del lenguaje que utilizamos al comentar estas injusticias.

Sin embargo, Heidi Mogstad, investigadora principal del Instituto Chr. Michelsen, argumenta que el lenguaje desempeña un papel fundamental en la respuesta humanitaria.

El lenguaje puede utilizarse como herramienta de violencia y dominación. Pero lo que Mogstad denomina el «lenguaje humanitario opresivo» también puede socavar la misión fundamental del humanitarismo y perpetuar los sistemas de violencia que causan crisis. Por ejemplo, incluso el uso aparentemente inofensivo de la palabra «tragedia» puede ignorar las dinámicas de poder y borrar un contexto histórico importante.

«Toman lo que en realidad es resultado de la política democrática ordinaria y describen algo como extraordinario… como si fuera, ya saben, un accidente«, dice Mogstad. «Mientras que, en realidad, el hecho de que miles de refugiados se ahoguen cada año en los mares, es resultado de decisiones políticas democráticas ordinarias tomadas por nuestros líderes electos”. El lenguaje humanitario se vuelve con excesiva frecuencia opresivo y sin embargo, puede y debe ser un lenguaje de sanación, de justicia, de empoderamiento y de solidaridad social.

CIDAF-UCM

Autor

  • Nacido en Izco (Navarra), en 1942, estudió filosofía en Pamplona (1961-1964). Hizo el noviciado en Gap – Grenoble (1964-1965), con los Misioneros de África (Padres Blancos). Estudió Teología en el instituto M.I.L. de Londres, (1965-1969), siendo ordenado sacerdote en Logroño, en los Padres Blancos en 1969.

    Comenzó su actividad misionera en África en 1969, siendo enviado a la diócesis de Hoima en Uganda, donde estuvo trabajando en la educación, desarrollo y formación de líderes durante nueve años. Luego vivió un periodo de trece años en diversas ciudades europeas, trabajando en la educación y capacitación de los jóvenes (Barcelona 1979-1983)) , en Irlanda como responsable de la formación de los candidatos polacos (1983-1985), y en Polonia donde fue Rector del Primer Ciclo de Filosofía Polaco (1985-1991), y se doctoró en Teología espiritual en Lublin, donde fue nombrado profesor de la misma Universidad Católica de Lublin (KUL), de dicha ciudad, en 1991.

    Regresó a Uganda en 1992, y fue elegido Provincial de los padres Blancos de Uganda hasta 1999. Durante este periodo, fue también presidente de la Asociación de Religiosas-os en Uganda (ARU), y pionero en la construcción del Centro Nacional de Formación Continua (USFC). Además inició la Comisión de Justicia, Paz e Integridad de la Creación (JPIC) en 1994, trabajando en la formación de líderes en JPIC.

    En 2000 y 2004 cursó estudios sobre educación en Justicia, Paz, y Transformación de Conflictos, en Dublín. Desde su regreso a Uganda, fue pionero en la capacitación de agentes sociales en JPIC, y en el establecimiento del primer Consorcio de Educación Ética (JPIIJPC), lanzado por seis Congregaciones Misioneras, en 2006. Desde el inicio, y hasta junio 2011, ostentó el cargo de primer Director del Instituto. Al mismo tiempo fue profesor invitado de Ética en la Universidad de los Mártires de Uganda (UMU).

    En septiembre de 2011 fue nombrado director general de África Fundación Sur (AFS), organismo que dejó de existir en 2021. En la actualidad sigue trabajando por África al 100 % siendo, entre otras ocupaciones, editorialista en el CIDAF-UCM.

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