Casi cuatro años después de la firma de un acuerdo de paz para poner fin a la devastadora guerra en la región septentrional etíope de Tigray, el conflicto armado se ha reanudado. Si bien las hostilidades amenazan con desestabilizar la región del Cuerno de África en su conjunto, también eclipsan una crisis alimentaria igualmente catastrófica que se desarrolla en esta zona azotada por la sequía.
Cientos de miles de personas desplazadas del oeste de Tigray siguieron sin poder regresar a sus hogares, lo que dejó inaccesible cerca del 44 % de las mejores tierras cultivables de la región. Los agricultores que lograron volver a las zonas del noroeste, el centro y el este encontraron sus explotaciones y comunidades devastadas.
El fenómeno meteorológico de El Niño, aún activo, ha asestado un golpe mortal a la frágil recuperación agrícola de Tigray. Las lluvias de la cosecha de primavera de este año llegaron con más de cinco semanas de retraso a las zonas oriental y meridional, interrumpidas por periodos de sequía que duraron más de un mes en algunas áreas.
Según evaluaciones conjuntas de diversos organismos regionales, más de 252.500 hectáreas de cultivos sembrados se han calcinado, 140 distritos se enfrentan a condiciones catastróficas y más de 3,5 millones de cabezas de ganado corren peligro de morir de hambre. Ante el fracaso de la cosecha de septiembre y el desplome de la relación de intercambio entre el ganado y los cereales, 3,9 millones de personas —más de la mitad de la población de Tigray— necesitaban ayuda alimentaria de emergencia inmediata, según un informe humanitario de septiembre elaborado por la Comisión de Gestión de Riesgos de Desastres (DRMC) de Tigray. Crece la inquietud ante la posibilidad de una hambruna.
El recrudecimiento del conflicto a gran escala supone el golpe de gracia. Los medios de comunicación atribuyen su inicio exclusivamente a una ofensiva terrestre lanzada el 23 de septiembre por la recién formada coalición antigubernamental «Alianza para la Supervivencia», pero esta versión pasa por alto la sostenida campaña aérea federal que ya estaba en curso.
Dichos ataques aéreos alcanzaron diversos objetivos en todo Tigray, incluidas instalaciones escolares al sur de Mekelle, la capital regional, y centros de acogida de desplazados internos
Asimismo, intensos ataques aéreos del gobierno castigaron el corredor de Raya, en las inmediaciones de Alamata —a 180 kilómetros de Mekelle—, días antes de la ofensiva terrestre de la coalición contra posiciones gubernamentales en las regiones vecinas de Afar y Amhara. Así que Etiopía, y sobre todo Tigray, está sufriendo la situación más grave en muchos años: junto con la sequía aguda y la falta de alimentos, están afrontando una nueva guerra civil, donde la gente de todo el país aguanta en una situación alarmante. ¿Qué hace mientras tanto la UA y los poderes que entregan armas?
Lázaro Bustince
CIDAF-UCM
