El desarrollo tecnológico del ser humano es, principalmente, extractivo y no va acompañado por un crecimiento proporcional de sus responsabilidades y valores. El uso y abuso de los recursos naturales que hacemos por todo el mundo, sobre todo en el hemisferio norte, más mecanizado y digitalizado, supone un gran riesgo para el futuro global. En un solo año liquidamos sin conciencia los recursos disponibles para cuatro.
El extractivismo transforma la naturaleza en dinero, alimentando la corrupción y la inestabilidad política, para conseguir el máximo beneficio de unos pocos. La economía mundial se centra en la extracción de minerales y la explotación de los recursos naturales y de las personas, en una práctica ya experimentada, combinándola con una tendencia desenfrenada del sistema económico a convertir los bienes de la naturaleza en utilidad personal y empresarial.
Los nueva filosofía liberal quiere definir el progreso y la modernidad como la libertad total para hacer lo que más convenga a nuestro interés personal o empresarial, pero sin responsabilidad hacia la humanidad, ni hacia el planeta y sin ni ética. Esta política económica no está centrada en la dignidad y en la igualdad de todo ser humano, no está dirigida hacia el bien común y no trabaja por un desarrollo humano, sostenible y ecológico. El desarrollo y ejecución de este pensamiento supone la mayor lacra de nuestra sociedad. El capitalismo injusto y sus defensores no sirven para construir una sociedad más humana.
Necesitamos renovar los valores éticos, desarrollar nuevos objetivos y nuevas estructuras político-económicas. Como decía Jeffrey Sachs, economista premio Nobel, algunos líderes “ni saben, ni quieren, ni pueden afrontar y superar los grandes retos sociales, culturales y económicos que nos presenta la sociedad actual”.
CIDAF-UCM
