Etiopía anuncio el pasado 1 de octubre el cierre de su embajada en Asmara, la capital de Eritrea, y ordenó a diez diplomáticos eritreos que abandonaran el país en un plazo de 48 horas. Esta medida se basó en las acusaciones contra el gobierno eritreo por su supuesta implicación en actividades que amenazaban la seguridad nacional y el apoyo a una nueva alianza rebelde, acusaciones que Asmara ha negado. En respuesta, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Eritrea anunció la ruptura de relaciones diplomáticas, reconociendo que esta decisión podría tener consecuencias negativas. Este conflicto diplomático se produce poco después de que se reportaran explosiones en Adís Abeba, la capital etíope.
Las tensiones diplomáticas se intensifican en un contexto donde las fuerzas federales etíopes están enfrentándose a combatientes del Frente Popular de Liberación de Tigray (TPLF) y sus aliados en las regiones de Tigray, Afar y Amhara. Los recientes combates en Tigray podrían desencadenar un conflicto más amplio en el país. Tanto el gobierno etíope como el TPLF se acusan mutuamente de haber iniciado las hostilidades, complicando aún más la situación. La falta de comunicación en Tigray, debido a cortes de Internet y líneas telefónicas, dificulta la obtención de información confiable sobre el conflicto.
El ministro de información de Eritrea, Yemane Gebremeskel, negó que su país estuviera involucrado en los combates, sugiriendo que el Partido de la Prosperidad de Etiopía estaba culpando a los países vecinos para desviar la atención de sus propios problemas internos. Las hostilidades actuales son las más álgidas desde el acuerdo de paz que pusiera fin a la guerra de Tigray en 2022, conflicto durante el cual Etiopía y Eritrea fueron aliados. Las relaciones entre ambos países se han deteriorado desde entonces.
Por otro lado, las relaciones entre Etiopía y Egipto y Sudán también han sido tensas, principalmente por la construcción de la Gran Presa del Renacimiento Etíope en el Nilo Azul, que ha suscitado preocupaciones en Egipto sobre el impacto en su acceso al agua. Además, según informes de medios afines al Estado, Etiopía expulsó recientemente a un diplomático egipcio a lo que El Cairo respondió ordenando la expulsión de un funcionario de la embajada etíope en el mismo plazo. Sudán, por su parte, ha acusado al gobierno de Adís Abeba de suministrar armas y de albergar instalaciones de entrenamiento para las Fuerzas de Apoyo Rápido que se alzaron en Armas contra las Fuerzas Armadas nacionales.
La Unión Africana ha instado a ambos países a resolver sus diferencias de manera diplomática, mientras que la ONU ha advertido sobre el deterioro de la seguridad en el norte de Etiopía, lo que está afectando gravemente la labor humanitaria en la región.
Fuente: Meskerem
[CIDAF-UCM]
