Uganda no ha experimentado una transferencia pacífica del poder presidencial mediante elecciones desde su independencia en 1962. Tras años de inestabilidad política, el presidente Yoweri Museveni asumió el poder en 1986 y al frente del Movimiento de Resistencia Nacional (NRM) ha ganado todas las elecciones multipartidistas desde 1996, mientras el ejército ha mantenido una profunda participación en la gobernanza y la política.
Willis Okumu, investigador sénior del Programa de Gobernanza para la Paz y la Seguridad en África Oriental, Instituto de Estudios de Seguridad (ISS) Nairobi, analiza la cuestión de la sucesión señalando que cada vez más se centra en el hijo de Museveni, el general Muhoozi Kainerugaba, cuyo cargo militar y creciente influencia política han suscitado inquietud sobre la separación entre la autoridad civil y la militar. A pesar de las restricciones legales a la participación del ejército en la política, Muhoozi ha expresado abiertamente sus aspiraciones presidenciales y ha logrado recabar apoyos a través de la Liga Patriótica de Uganda, un grupo afín a sus fines dentro del NRM.
Odrek Rwabwogo, yerno de Museveni, ha surgido como otro posible sucesor, generando competencia dentro del oficialismo. Entretanto, figuras de la oposición como Kizza Besigye, encarcelado y con un estado de salud precario, y Bobi Wine, actualmente en el exilio, han sufrido detenciones, amenazas y otras restricciones, lo que ha mermado la capacidad de la oposición para influir en el panorama político posterior a la era Museveni.
Okumu señala que la sucesión en Uganda está cada vez más condicionada por el dominio institucional del partido gobernante (NRM) y por el papel político del ejército. Asimismo, advierte que la pugna por la sucesión podría agudizar las tensiones políticas y étnicas, especialmente en un contexto de divisiones históricas entre las comunidades banyankole y baganda.
Fuente: Instituto de Estudios de Seguridad (ISS)
[CIDAF-UCM]
