Análisis geopolítico de la estrategia global de salud de Estados Unidos: África subsahariana frente al paradigma «Estados Unidos primero»

9/09/2026 | Documentos R+JPIC, Opinión

  1. Introducción

En enero de 2025, al inicio del segundo mandato de Trump, los rápidos realineamientos geopolíticos reestructuraron profundamente la gobernanza global de la salud. El poder ejecutivo emitió órdenes que obligaban a Estados Unidos a retirarse de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y a desmantelar unilateralmente la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Desde entonces, Washington ha virado hacia marcos bilaterales, negociando exclusivamente país por país y abandonando el multilateralismo tradicional.

El núcleo de esta nueva doctrina reside en la «Estrategia Global de Salud «Estados Unidos Primero»» lanzada por el Departamento de Estado. Durante su fase inicial de implementación, al menos 14 naciones africanas, entre ellas Kenia, Nigeria, Uganda, Ruanda, Etiopía, Mozambique y Costa de Marfil, junto con varios estados latinoamericanos y asiáticos como Guatemala, México, Colombia y Camboya, se adhirieron a estos pactos bilaterales. Estos protocolos obligan a las naciones firmantes a conceder acceso abierto a sus bases de datos epidemiológicas nacionales durante un período transitorio de cinco años. La extracción absoluta de información pública sensible, como muestras biológicas, secuenciación viral y datos de ADN genómico, plantea cuestiones jurídicas cruciales en relación con la total ausencia de reciprocidad, garantías o desarrollo conjunto estructural.

Esta investigación académica examina las implicaciones de este contrato profundamente asimétrico sobre la soberanía estatal de las naciones africanas. ¿Cómo se puede explicar la lógica estratégica de naciones soberanas que firman un documento que subordina explícitamente sus sectores de salud pública a los intereses nacionales exclusivos de una superpotencia extranjera?

El marco semántico del texto establece formalmente la supremacía absoluta de los objetivos de Washington, convirtiendo las políticas de salud de los estados firmantes en meras variables de la seguridad interna de Estados Unidos.

  1. Objetivos estratégicos y pilares doctrinales de la estrategia «Estados Unidos Primero»

Según las directrices publicadas por el Departamento de Estado de EE. UU., esta reforma de la asistencia exterior se basa en dos pilares principales:

  • La securitización de la salud nacional (Mantener a Estados Unidos a salvo)

Este principio externaliza el riesgo biológico al detectar patógenos emergentes directamente en el continente africano, utilizándolo como zona de amortiguación epidemiológica antes de que una amenaza pueda llegar a territorio estadounidense. Este enfoque instrumentaliza directamente los parámetros de la Agenda de Seguridad Sanitaria Mundial (GHSA) para establecer mecanismos de vigilancia unilaterales. Para ello, Washington mantiene 1700 profesionales técnicos desplegados en el extranjero con el mandato operativo de identificar cualquier brote global en un plazo de siete días. Este sistema de vigilancia remota pone de manifiesto una grave asimetría de información: los beneficios de la bioseguridad recaen en los ciudadanos estadounidenses, mientras que los países de origen soportan la pesada carga de exponer sus vulnerabilidades médicas internas.

  • Comercialización y poder blando farmacéutico (Mantengamos a Estados Unidos próspero)

La ayuda pública se utiliza explícitamente para abrir mercados cautivos para la exportación de tecnologías biomédicas, plataformas de diagnóstico y carteras de vacunas estadounidenses fabricadas por empresas farmacéuticas multinacionales de EE. UU. El Departamento de Estado ha vinculado abiertamente la provisión de ayuda sanitaria a importantes concesiones estratégicas, incluido el acceso preferencial a recursos mineros críticos en todo el continente africano y el flujo directo de datos clínicos locales a los sistemas de I+D de las empresas estadounidenses.

  1. Distorsiones de la ayuda transaccional y vulnerabilidades sistémicas en África

La sustitución de los modelos humanitarios tradicionales por la diplomacia transaccional transforma la asignación de recursos sanitarios en una herramienta de presión geopolítica. Al canalizar la financiación directa a los aparatos estatales, eludiendo a las organizaciones no gubernamentales calificadas por Washington como ineficientes, esta estrategia somete a las naciones signatarias a una profunda dependencia operativa.

Los principales riesgos sistémicos identificados en todo el continente incluyen:

  • La erosión de la soberanía sanitaria: Las poblaciones nativas pasan de ser sujetos activos de sus propias arquitecturas de salud pública a objetos pasivos de seguimiento biopolítico global y arbitraje comercial de datos.
  • La fragilidad fiscal de los sistemas de salud nacionales: La reducción progresiva de los subsidios directos estadounidenses, que históricamente representaban hasta el 60 % de la asistencia sanitaria externa en países como Kenia, impone una fuerte trayectoria de coinversión nacional. Las cláusulas de ajuste financiero obligan a los gobiernos africanos a asumir una proporción cada vez mayor de los costos operativos (hasta un 37 % o más en un ciclo de cinco años). Esta carga fiscal se agrava cuando la mayoría de estas naciones ya destinan una mayor proporción de su PIB al pago de la deuda soberana externa que a la inversión en salud pública, lo que genera riesgos extremos de interrupciones en los servicios y despidos de personal sanitario. Un modelo epidemiológico publicado en The Lancet advierte que la repentina e imprevista falta de financiación podría provocar un exceso de mortalidad grave en el África subsahariana para 2030.
  • Las Graves disparidades en la asignación estatal: Mientras que países como Kenia negociaron un marco quinquenal por un valor de hasta 2.500 millones de dólares para modernizar su infraestructura, otras naciones se enfrentan a drásticas faltas de financiación. Mozambique, por ejemplo, está sufriendo una fuerte reducción en la financiación anual en comparación con los niveles históricos de USAID. Simultáneamente, la República de Sudáfrica está experimentando una reducción gradual de los fondos del PEPFAR debido a la fricción en materia de políticas públicas con la administración estadounidense, lo que desestabiliza aproximadamente el 17% de su presupuesto nacional para la respuesta al VIH/SIDA.

En respuesta a estas cláusulas legales y ecopolíticas restrictivas, naciones como Ghana, Zambia y Zimbabue rechazaron formalmente estos marcos, alegando la necesidad absoluta de salvaguardar los datos nacionales soberanos y la negativa a vincular los recursos mineros críticos a la dependencia médica extranjera.

  1. Anatomía jurídica y alcance de los memorandos de entendimiento (MdE)

Los instrumentos jurídicos elegidos para el ciclo 2026-2030 adoptan la forma de memorandos de entendimiento (MdE). En el derecho internacional público, un MdE funciona como un instrumento de derecho indicativo, teóricamente no vinculante, que expresa la intención de colaborar en lugar de una obligación ejecutiva estricta.

La arquitectura clásica de la ayuda multilateral, tradicionalmente gestionada a través de agencias de desarrollo y ONG locales, ofrecía volúmenes financieros relativamente estables vinculados a los índices de ayuda internacional al desarrollo. Por el contrario, el modelo bilateral impuesto bajo la política de «Estados Unidos Primero» se transforma en flujos directos de gobierno a gobierno, generando una caída promedio del 40 % en las asignaciones totales en comparación con los compromisos del quinquenio anterior. Además, mientras que los marcos anteriores limitaban la presentación de informes a datos estadísticos anonimizados sobre el rendimiento, los nuevos memorandos de entendimiento exigen un acceso amplio y en tiempo real a las bases de datos epidemiológicas y genómicas nacionales sin procesar. Finalmente, las cadenas de suministro para las principales pandemias (VIH, malaria, tuberculosis), previamente aseguradas mediante garantías multilaterales a largo plazo, están totalmente garantizadas al 100 % solo para el año fiscal 2026, entrando en una marcada disminución inmediatamente después.

Sin embargo, la falta de autoridad vinculante intrínseca en el derecho indicativo no elimina las dinámicas de poder asimétricas. La absoluta dependencia técnica de los sistemas clínicos africanos de los suministros médicos occidentales crea un mecanismo de aplicación de facto. Fundamentalmente, estos memorandos de entendimiento vinculan el acceso prioritario a innovaciones médicas de vanguardia, como las formulaciones inyectables de acción prolongada como el lenacapavir para la profilaxis preexposición (PrEP) del VIH, distribuidas a través de Gilead Sciences y el Fondo Mundial, directamente a la firma de estos pactos bilaterales y a una estricta alineación con Washington. Los mecanismos de información integrados invierten la rendición de cuentas del Estado: los ministerios africanos deben rendir cuentas de su seguimiento epidemiológico directamente a las agencias de supervisión estadounidenses, lo que rompe gravemente el contrato social fundamental entre el Estado y sus propios ciudadanos.

  1. Oportunidades de puesta en común de datos dentro de la Unión Africana

Ante la fragmentación derivada de los acuerdos bilaterales impuestos externamente, la Unión Africana cuenta con una herramienta institucional fundamental mediante la implementación operativa de su Marco Africano de Gobernanza de Datos de Salud y el Marco de Política de Datos de la UA. Esta arquitectura regulatoria busca trascender las fronteras jurisdiccionales de los 55 Estados miembros para construir un mercado de datos de salud digital unificado, seguro y totalmente interoperable. La urgencia de esta medida defensiva se ve acentuada por una vulnerabilidad crítica: el continente africano actualmente alberga y almacena localmente menos del 5 % de sus propios datos de salud, lo que expone a su población a una extracción masiva de activos biopolíticos.

Mediante la instauración de protocolos de estandarización técnica rigurosos, esta iniciativa transforma los datos de salud, antes aislados en formatos incompatibles, en activos estratégicos de gran valor gestionables en tiempo real. El objetivo fundamental es el establecimiento de un Espacio Africano Soberano de Datos de Salud y Humanitarios capaz de proteger la autonomía científica del continente frente a la injerencia extranjera. A nivel de inteligencia epidemiológica, los flujos de datos centralizados se gestionan a través del Repositorio Central de Datos, administrado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África (Africa CDC).

Este repositorio agrega métricas de vigilancia, datos de biología molecular y datos de seguimiento clínico dentro de un marco completamente federado. A diferencia de las transferencias forzadas de propiedad intelectual propias de la estrategia estadounidense, este modelo federado garantiza que cada Estado miembro conserve la soberanía sobre sus datos propios, al tiempo que permite a Africa CDC realizar análisis predictivos transnacionales. Esta arquitectura cuenta con el respaldo, a nivel subregional, de las Redes Regionales Integradas de Vigilancia y Laboratorios (RISLNET), creando una infraestructura técnica políticamente legítima para coordinar respuestas de emergencia sin depender de Occidente.

Además, la puesta en común de datos a nivel continental se integra directamente en la Agenda de Seguridad y Soberanía Sanitaria de África, que combina la investigación médica avanzada con la producción industrial local. La fusión de datos clínicos y de carga de morbilidad proporciona visibilidad en tiempo real de los perfiles de salud locales, lo que permite a la Agencia Africana de Medicamentos (AMA) y al Mecanismo Africano de Adquisiciones Mancomunadas optimizar la producción local de vacunas para cumplir con el mandato continental de suministrar localmente el 60 % de los insumos de seguridad sanitaria para 2040.

Además, la combinación de estos repositorios con análisis de macrodatos y motores de inteligencia artificial amplía las capacidades de pronóstico ecoepidemiológico mediante iniciativas como la Alianza Africana de Datos de Salud Única, que vincula estructuralmente las bases de datos de seguridad humana, animal y ambiental.

Conclusión y Acción Estratégica para los Estados Soberanos Africanos

Para preservar la autonomía estratégica del continente, deben implementarse varias reformas políticas cruciales: Fortalecer las capacidades de negociación internacional: Profesionalizar los paneles de expertos legales y médicos dentro de los ministerios nacionales para eliminar las asimetrías técnicas durante la redacción de contratos; Institucionalizar la transparencia pública: Exigir que todos los memorandos de entendimiento propuestos pasen por auditorías nacionales independientes y debates legislativos antes de su ejecución para proteger los datos biométricos de los ciudadanos; Transición a la negociación colectiva regional: Como han señalado varios analistas de las relaciones con Sudán del Norte, las respuestas individuales de los Estados ante una superpotencia económica profundizan las vulnerabilidades estructurales; un enfoque unificado liderado por las comunidades económicas regionales africanas equilibraría eficazmente la balanza de la influencia diplomática.

Desde la perspectiva de la ciencia política, esta profunda vulnerabilidad contractual refleja una dinámica de dependencia patológica estructural. Haciéndonos eco de la advertencia de la analista africana Nathalie YAMB: «Es prudente que los países africanos negocien colectivamente. Un país africano que se encuentra solo ante Estados Unidos está en una posición de debilidad». Desde su perspectiva, la soberanía es completamente indivisible y no puede ser parcial. Un Estado soberano que permite que una superpotencia externa dicte sus prioridades nacionales de salud, supervise y acapare sus bases de datos epidemiológicas y gestione sus redes de distribución farmacéutica renuncia a su soberanía. Ya no es una nación independiente; simplemente está siendo administrada. Cualquier nación que renuncie al control de su política nacional de salud pública abdica del control de su propia trayectoria histórica, precisamente porque el capital humano constituye el activo más valioso que posee una nación, superando con creces su riqueza mineral. En última instancia, la soberanía opera como un todo indivisible. La cesión de flujos de datos epidemiológicos y logística de salud pública a actores extranjeros reduce a los Estados soberanos a territorios técnicamente administrados. Dado que el capital humano y la bioseguridad constituyen la base de la resiliencia continental, mantener un control interno absoluto sobre las políticas de salud sigue siendo un requisito indispensable para la autonomía estratégica de África.

Berlaine Kola

Fuente: AEFJN

[CIDAF-UCM]

Autor

  • AEFJN es una red de organizaciones de base religiosa comprometidas con la promoción de relaciones económicas justas y sostenibles entre Europa y África. Arraigada en los valores del Evangelio y la integridad de la creación, AEFJN aboga por políticas que defiendan la dignidad humana, apoyen a los pequeños agricultores y promuevan la sostenibilidad ecológica.

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