Los grupos yihadistas representan una amenaza cada vez mayor y más extendida en África. Los militantes islamistas están demostrando una fuerza militar cada vez mayor al atacar a las fuerzas estatales y a la población civil en varias regiones del continente. En ningún lugar es hoy más grave la amenaza del yihadismo global que en África. Junto con una extensa red de afiliados al Estado Islámico (EI), que se extiende desde África occidental hasta África central y oriental, otros grupos como Al-Shabaab operan bajo la bandera de Al-Qaeda. Su alcance traspasa las fronteras nacionales, amenazando la estabilidad de los gobiernos africanos y alimentando las redes militantes y de contrabando a nivel mundial.
Varias localidades de Malí, entre las que se encuentran la capital, Bamako, y tres capitales provinciales, amanecieron recientemente bajo una ofensiva coordinada de una magnitud inédita desde el inicio del conflicto en 2012. La filial de al-Qaeda en África occidental y el Frente de Liberación del Azawad (FLA), un grupo separatista tuareg, unieron fuerzas con una meta común: maximizar la presión sobre la junta militar encabezada por Assimi Goïta y precipitar su caída. El objetivo del FLA es tomar los territorios reivindicados históricamente por el movimiento independentista, situados en el norte del país. Desean propiciar un cambio de gobierno en favor de interlocutores que sí estén dispuestos a negociar con los grupos insurgentes y con la independencia de los territorios en el norte del Malí.
En Malí, los yihadistas vinculados a Al Qaeda mantienen su bloqueo sobre Bamako. Al menos 10 buses fueron incendiados entre Segú y la capital maliense durante un fin de semana. Las infraestructuras eléctricas relacionadas con la importante presa de Manantali fueron destruidas. Por su parte, el ejército maliense continúa con sus operaciones e intenta aflojar la presión de los bloqueos facilitando el paso de cientos de camiones cisterna a la capital.
El terrorismo, como toda violencia y opresión de las personas, atacando su fragilidad, su dignidad y su humanidad, brota siempre de actitudes y comportamientos fundamentalistas y radicales que atacan y excluyen a personas diferentes.
Todo radicalismo, ya sea racista, tribal, cultural, religioso, político o económico es nocivo y destruye la humanidad del que lo practica y de las personas perseguidas. Poco importa el tipo de radicalismo, sea étnico, religioso o político, pues siempre amenaza y destruye la auténtica humanidad y convivencia pacífica.
Es evidente que existen muchos radicalismos hoy día en todos los países, lo cual significa la exclusión de las personas diferentes, a quienes atacamos injustamente. Se hace patente una agresividad verbal, militar y económica, que delatan poca humanidad.
El abuso de poder y el control de los recursos nos arrastra a ser agresivos y exclusivos.
Lázaro Bustince
CIDAF-UCM
