Qué es el Súper El Niño y cómo podría cambiar el clima (parte II/II)

5/06/2026 | Crónicas y reportajes

Fenómenos extremos: lluvias, sequías, huracanes y calor

Los efectos de El Niño se notan de forma muy distinta según la región, pero los episodios más intensos suelen tener en común un aumento de la frecuencia y severidad de eventos extremos. A partir de experiencias históricas y de las proyecciones actuales, se barajan varios impactos probables si el episodio previsto para 2026 llegara a ser muy fuerte.

En las costas del Pacífico sudamericano, los episodios de El Niño fuerte han estado asociados a lluvias muy intensas e inundaciones, deslizamientos de tierra y daños en infraestructuras. En contraste, otras zonas como Australia o partes del sudeste asiático tienden a experimentar condiciones más secas de lo normal, con incremento del riesgo de sequías prolongadas e incendios forestales.

El Niño también modifica la actividad de ciclones tropicales. En el Pacífico central y oriental, el calentamiento de la superficie del mar y los cambios en la cizalladura del viento favorecen una mayor formación de tormentas y huracanes, mientras que en el Atlántico suele ocurrir lo contrario: el aumento de los vientos en altura dificulta el desarrollo de huracanes potentes.

A escala continental, se esperan también episodios de calor extremo más frecuentes y prolongados, alternados con periodos de lluvias torrenciales en determinadas áreas. Zonas que ya arrastran déficits hídricos podrían ver cómo se agrava la tensión sobre sus recursos de agua, mientras que regiones que hoy padecen sequía pueden recibir precipitaciones abundantes en poco tiempo, con riesgo de anegamientos y desbordamientos de ríos.

Todo ello se produce sobre un contexto de calentamiento global que intensifica muchos de estos impactos. La combinación de un océano Pacífico muy cálido con una atmósfera cargada de humedad incrementa la probabilidad de que algunos eventos de lluvia, olas de calor o incendios forestales alcancen niveles poco habituales en la climatología reciente.

Cómo puede influir un Súper El Niño en Europa y España

A diferencia de lo que ocurre en el Pacífico americano o en Asia, en Europa los vínculos entre El Niño y el tiempo diario son más débiles y, sobre todo, más indirectos. La señal del ENSO llega modulada por otras oscilaciones, como la Oscilación del Atlántico Norte (NAO), el comportamiento de la corriente en chorro y la distribución de temperaturas en el propio Atlántico.

La literatura científica indica que, durante el verano, la huella de El Niño en el clima europeo suele ser tenue y poco lineal. Muchos de los episodios de calor extremo vividos en los últimos años en el continente se han relacionado principalmente con bloqueos atmosféricos y acumulación de calor en el Atlántico Norte, más que con una fase concreta del ENSO.

En invierno y otoño, la influencia del Pacífico puede ser algo mayor, aunque sigue estando filtrada por la variabilidad interna del sistema atmosférico. Algunos estudios apuntan a una ligera tendencia hacia inviernos más suaves y con determinados patrones de precipitaciones alterados en el área euro-mediterránea bajo El Niño fuerte, pero el grado de confianza es menor que en otras regiones del mundo.

Para España y el resto del sur de Europa, esto implica que no se puede trazar una relación simple del tipo “Súper El Niño = invierno más lluvioso o más seco” sin tener en cuenta otros factores. La respuesta real dependerá en buena medida de cómo se configure la NAO, la posición del chorro polar y la evolución térmica del Atlántico en paralelo al episodio del Pacífico.

En cualquier caso, en un contexto donde las olas de calor son ya más frecuentes y las precipitaciones tienden a concentrarse en episodios intensos, un El Niño fuerte puede actuar como “amplificador” de ciertas situaciones extremas. Por ello, los organismos de predicción europeos vigilan muy de cerca la evolución del Pacífico, aunque insisten en que trasladar sus señales directamente al pronóstico para España requiere mucha prudencia.

Retos para la predicción y la gestión del riesgo

El seguimiento de un posible Súper El Niño pone de manifiesto las limitaciones actuales de la predicción estacional. La llamada barrera de predictibilidad de primavera sigue siendo un quebradero de cabeza: durante estos meses, la dinámica interna del sistema ENSO reduce la fiabilidad de los modelos, que pueden sobreestimar o subestimar la intensidad final del evento.

De ahí que los centros de referencia insistan en actualizar los pronósticos con frecuencia, a medida que se incorporan nuevas observaciones del océano y la atmósfera. El comportamiento de las anomalías subsuperficiales, la respuesta de los vientos alisios y la evolución de la convección en el Pacífico central serán piezas decisivas para afinar el diagnóstico en los próximos trimestres.

Para Europa y, en particular, para España, disponer de información fiable sobre el estado del ENSO es importante no tanto porque determine el tiempo de forma directa, sino porque ayuda a contextualizar los escenarios globales de temperatura y precipitación. Sectores como la gestión del agua, la agricultura, la energía o la planificación de infraestructuras se benefician de conocer si el sistema climático global se encamina hacia un periodo potencialmente más extremo.

En paralelo, el posible Súper El Niño refuerza la necesidad de apostar por sistemas de alerta temprana y planes de adaptación. Aunque en Europa los impactos directos no sean tan marcados como en otras regiones, el aumento previsto de récords de calor, la presión sobre ecosistemas marinos y la mayor variabilidad de las lluvias son factores que conviene integrar en la gestión del riesgo.

Todo apunta a que 2026 y 2027 serán años clave para entender mejor cómo interactúan los grandes patrones naturales de variabilidad climática con un planeta sometido a un calentamiento sin precedentes. Si el episodio finalmente se queda en un El Niño moderado o si cruza el umbral hacia un auténtico Súper El Niño marcará en buena medida la intensidad de los fenómenos extremos de los próximos años, tanto a escala global como en el entorno europeo.

anavarro

Fuente: MeteorologíaenRed

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