Yoweri Museveni es el único presidente bajo cuyo mandato han vivido varias generaciones ugandesas. Más de la mitad de la población no ha conocido otro presidente. En democracia, esto sería inaudito. Solo en dictadura es posible.
El presidente de Uganda, de 81 años, juró su cargo para un séptimo mandato consecutivo, tras su victoria en las manipuladas elecciones de enero, extendiendo así su mandato como uno de los gobernantes con más años en el poder en África.
Un fuerte dispositivo de seguridad, incluyendo tanques blindados, fue desplegado en la capital, Kampala, antes de la investidura. La policía indicó que estas medidas tenían como objetivo mantener el orden público, al estilo militar.
Museveni declaró ante la multitud que su nuevo mandato debía considerarse como un periodo de «descanso total para todos los ugandeses». Sería más apropiado, decir “descanso y prosperidad” para la tribu y familia del presidente, pero no para la mayoría de la ciudadanía del país.
Añadió que” la población debía centrarse en generar más riqueza y empleo, y consolidar el progreso alcanzado en los últimos 40 años mediante la consecución de la paz y el desarrollo de infraestructuras”. Hemos visto mejoras en algunos aspectos, pero no en cuanto al progreso de la ciudadanía, sobre todo en el norte de Uganda, ni en el ámbito de las libertades y respeto de los derechos humanos.
Museveni fue declarado ganador de las elecciones con más del 70% de los votos, y se espera que su mandato finalice en 2031. La verdad sobre los votos nunca se sabrá. Su principal rival, el cantante pop convertido en político Bobi Wine, rechazó el resultado, alegando que la votación estuvo plagada de fraude electoral. Los funcionarios electorales negaron la acusación.
El líder opositor de 44 años, cuyo nombre real es Robert Kyagulanyi Ssentamu, huyó del país tras las elecciones, afirmando que temía que «el régimen quisiera eliminarme». Y fue su familia la que ha sufrido opresión y malos tratos de los militares.
Museveni llegó al poder por primera vez como líder rebelde en 1986, pero desde entonces ha “ganado” todas las siete elecciones. Es uno de los pocos líderes africanos que han permanecido en el poder durante más de 40 años. Otros ejemplos son Denis Sassou Nguesso de Congo-Brazzaville, Teodoro Obiang de Guinea Ecuatorial y Paul Biya de Camerún.
El gobierno declaró el día de la investidura fiesta nacional y los partidarios del presidente se congregaron en el Campo de la Independencia de Kololo en Kampala para la ceremonia de investidura. En dictaduras, los jefes aplauden.
En su discurso, Museveni afirmó que su gobierno utilizaría los ingresos de la producción petrolera planificada para impulsar la economía y aliviar la pobreza. Una pena que no haya aclarado para quien, pues varias fuentes indican que el 40% será para su familia.
«Debemos proteger lo logrado, corregir lo que aún necesita mejorar y avanzar juntos como un solo país», añadió. Aunque sabe que muy pocos se lo creen.
Entre los líderes africanos que asistieron a la ceremonia se encontraban la presidenta de Tanzania, Samia Suluhu Hassan; Félix Tshisekedi, de la República Democrática del Congo; Salva Kiir, de Sudán del Sur; y Hassan Sheikh Mohamud, de Somalia.
Uganda tiene una de las poblaciones más jóvenes del mundo, y la mayoría de sus habitantes no ha conocido a ningún otro presidente. Con una buena parte de jóvenes bien educados, se ven obligados a emigrar, pues el paro anda por el 70%.
Museveni juega a dos bandas en la contienda por la presidencia del Parlamento de Ugandda. Al respaldar a Norbert Mao, del norte del país y de la oposición, frente al candidato de su propio partido, el presidente utiliza la carrera por la presidencia del Parlamento para mantener a raya a sus rivales y definir su sucesión.
Según Swaibu Ibrahim de la BBC Africa en Kampala, la decisión del presidente Yoweri Museveni de invitar al ministro de la oposición, Norbert Mao, al retiro parlamentario del Movimiento de Resistencia Nacional (NRM) en Kyankwanzi en abril 2026—y luego elogiar sus cualidades de liderazgo— fue menos abierta políticamente de lo que parecía. Fuentes internas afirman que se trató de una maniobra calculada de un líder de 81 años que, tras asegurarse el que probablemente sea su último mandato, intenta moldear la Uganda posterior a Museveni desde dentro. Con su hijo Muhwezi, jefe del ejército, como su posible sucesor, los augurios no podían ser más oscuros para el país.
Lázaro Bustince
CIDAF-UCM
