
Una vida digna y feliz, entraña ser libre interiormente y dar frutos de justicia social, de desarrollo integral, de cuidado mutuo y de renovada humanidad.
En el mundo actual se dedica la atención principal a lo productivo, a los datos y al mercado y nuestra vida se “cosifica” y se puede deshumanizar. Nos llenan el móvil y los medios de comunicación con más compras, viajes, y pidiendo siempre más datos. Nuestra vida está dirigida para consumir más y a ser siempre productiva. Estamos como digitalmente dirigidos, programados a vivir siempre de productos y del exterior.
Necesitamos equilibrio y prestar atención a los espacios de acogida y de encuentro, a las relaciones humanas y a cultivar nuestro potencial interior y un crecimiento integral.
El ser humano está creado para relacionarse y crecer en todos los niveles vitales, como el físico, intelectual, emocional, relacional y espiritual, en nosotros mismos, con los demás, con los antepasados y con toda la creación.
La vida del ser humano está orientada a ser integrada, crecer en plenitud y ser feliz, cuidándose a sí mismo, cuidando a los demás y cuidando la casa común. Nos enriquecemos, no acaparando poder y posesiones sino compartiendo todos los dones recibidos con los demás, hasta nuestra patria. Lo que realmente vale y permanece es lo que damos y compartimos.
Esta calidad de vida requiere una mirada acogedora, una actitud de respeto a todas las personas y unas relaciones siempre justas y solidarias con todas las personas y con todos los pueblos. Esto solo será posible si vemos y tratamos a los demás como miembros de la misma familia, cualquiera que sea su raza, origen, lengua, cultura, y religión.
En el mundo actual se valoran, ante todo, las cosas que poseemos, el poder y el prestigio ante los demás, y esta dependencia del exterior nos hace vivir más del exterior que de la realidad y valores de nuestro interior. No se trata de mutilar o marginar ninguna dimensión esencial del ser humano: material, intelectual, relacional y espiritual, sino de integrar todo el potencial de nuestra vida y relaciones para dar vida digna a los demás.
La cultura actual nos lleva hacia el individualismo, marginando la otra dimensión fundamental de nuestra vida como es la comunidad. Vivimos y crecemos como personas en la medida que sabemos relacionarnos con los demás. Somos individuos relacionales por naturaleza. Vivimos y crecemos en familia. El individualismo es inhumano.
Ante la realidad actual de abuso de poder, por gobernanzas injustas y dictaduras militares, causando millones de familias desplazadas de sus tierras y hogares y millones de personas que viven oprimidas y mueren en las interminables guerras, debemos también descubrir y potenciar actitudes y comportamientos solidarios y acogedores que siembran bienestar, solidaridad y cuidado de la casa común. El bien prevalecerá sobre el mal, porque estamos creados para vivir juntos y solidarios.
CIDAF-UCM
