Guinea Ecuatorial sigue atrapada en un ciclo oscuro de opresión y violencia política.
(León XIV en Guinea Ecuatorial:21.4.26)
Guinea Ecuatorial, tras 46 años bajo el poder de Teodoro Obiang Nguema, sigue atrapada en un ciclo oscuro de denuncias, miedo y violencia política que se resiste a desaparecer. Desde enero 2026, la capital de Guinea Ecuatorial ha sido trasladada desde Malabo, en la isla, a la Ciudad de la paz, en el continente.
La reciente muerte del vicario general del obispado de Malabo no puede entenderse como un hecho aislado. Para amplios sectores de la oposición y de la diáspora ecuatoguineana, este tipo de acontecimientos encajan en un patrón que llevan décadas denunciando: la eliminación de voces influyentes en momentos estratégicos. Guinea Ecuatorial, tras 46 años bajo el poder de Teodoro Obiang Nguema, sigue atrapada en un ciclo oscuro de denuncias, miedo y violencia política que se resiste a desaparecer.
«Hoy tenemos que decir ‘no’ a una economía de la exclusión y la inequidad. Esa economía mata«, señaló Prevost ante Obiang, a quien recordó «las vivas aspiraciones de un pueblo a un clima social de auténtica libertad, de justicia, de respeto y promoción de los derechos de cada persona o grupo, y de mejores condiciones de vida, para realizarse como hombres y como hijos de Dios«.
Prevost definió al presidente como «el centro simbólico hacia el que convergen las vivas aspiraciones de un pueblo a un clima social de auténtica libertad, de justicia, de respeto y promoción de los derechos de cada persona o grupo, y de mejores condiciones de vida, para realizarse como hombres y como hijos de Dios». Unas palabras que, apuntó Prevost, «siguen siendo actuales y que interpelan a cualquiera que ocupe un cargo público«.
Frente a esta realidad, el papa propuso la vigencia de la «doctrina social de la Iglesia«, que «representa una ayuda para cualquiera que desee afrontar las ‘cosas nuevas’ que desestabilizan el planeta y la convivencia humana, buscando ante todo el Reino de Dios y su justicia«.
Esto es una parte fundamental de la misión de la Iglesia, añadió Prevost: «Contribuir a la formación de las conciencias mediante el anuncio del Evangelio y la propuesta de criterios morales y principios éticos auténticos, respetando la libertad de cada persona y la autonomía de los pueblos y sus gobiernos«. El objetivo de la doctrina social no es otro que «es educar para afrontar los problemas, que siempre son diferentes, ya que cada generación es nueva, con nuevos retos, nuevos sueños y nuevos interrogantes«.
León XIV subrayó que «hoy ‘la exclusión es la nueva cara de la injusticia social. La brecha entre una pequeña minoría —el 1% de la población— y la gran mayoría se ha ampliado de manera dramática»
“La falta de tierra, alimentos, vivienda y trabajo digno coexiste con el acceso a las nuevas tecnologías que se difunden por todas partes a través de los mercados globalizados. Los teléfonos celulares, las redes sociales e incluso la inteligencia artificial están al alcance de millones de personas, incluidos los pobres. Por consiguiente, es una tarea ineludible de las autoridades civiles y de la buena política eliminar los obstáculos al desarrollo humano integral, cuyos principios fundamentales son la destinación universal de los bienes y la solidaridad«, recalcó, pasando a explicar dichas contradicciones.
De ahí, al recuerdo del papa Francisco, «que hace justo un año dejaba este mundo«, y a hacer suyo su llamamiento, escrito en Evangelii Gaudium, llamada a ser también la guía de este pontificado: «Hoy tenemos que decir ‘no’ a una economía de la exclusión y la inequidad. Esa economía mata»
Más aún en África. «Uno de los principales motivos de la proliferación de los conflictos armados es la colonización de yacimientos petrolíferos y mineros, sin tener en cuenta el derecho internacional ni el derecho de los pueblos a la autodeterminación«, denunció León, quien también advirtió de que «las nuevas tecnologías parecen concebidas y utilizadas principalmente con fines bélicos y en contextos que no permiten vislumbrar un aumento de oportunidades para todos«.
Cuando la injusticia corrompe los corazones, el pan de todos se convierte en posesión de unos pocos. Toda forma de opresión, violencia, explotación de minerales (diamantes) y mentira niega la dignidad humana, el desarrollo de la nación y la convivencia humana.
Sin un cambio de rumbo en la asunción de la responsabilidad política y sin respeto por las instituciones y los acuerdos internacionales, el destino de la humanidad corre el riesgo de verse trágicamente comprometido. “Este es un país joven«, finalizó León. «Estoy seguro, por tanto, de que en la Iglesia encontrarán ayuda para formar conciencias libres y responsables, para avanzar juntos hacia el futuro», porque «en un mundo herido por la prepotencia, los pueblos tienen hambre y sed de justicia. Hay que valorar a quienes creen en la paz, y atreverse a aplicar políticas que vayan a contracorriente, centradas en el bien común«.
«Se necesita urgentemente el valor de nuevas visiones y de un pacto educativo que dé a los jóvenes espacio y confianza«, para acoger «la ciudad de la paz«, como «un don que viene de lo alto y hacia el cual dirigir nuestro deseo y todos nuestros recursos«.
En Malabo, el 22 de abril, el papa exhortó a todos a ser constructores de una nueva humanidad, donde se comparte el pan y los ricos recursos de Guinea Ecuatorial, para que todos los habitantes del país, puedan gozar de su dignidad, y construir juntos un desarrollo sostenible para todos.
CIDAF-UCM
