Cuando permitimos que la arrogancia del poder destruya la convivencia humana

7/04/2026 | Editorial, Opinión

Mirando la situación real de nuestro mundo podemos observar gestos y compromisos por la justicia y por la paz. Al mismo tiempo vemos oscuros nubarrones de odio y de violencia brutal, que destruyen vidas humanas como si no tuvieran valor.

Nuestras sociedades se deben convertir en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y comprometidos para contribuir a edificar la civilización del respeto y cuidado mutuos. Es necesario mantener despiertos el hambre y la sed de justicia, sustrayéndolos de la resignación, educarlos para que se conviertan en responsabilidad hacia el prójimo.

Cuando las necesidades compulsivas del ser humano por un mayor poder social y económico, por una mayor necesidad de protagonismo y por una ilimitada ambición de mayores posesiones se radicalizan, entonces se puede llegar a palabras y comportamientos que son destructivos, corruptos y hasta crueles hacia los demás. Entonces llegamos a una confrontación más o menos violenta y cruel entre varias sociedades y pueblos.

Esta ambición y arrogancia de muchos gobernantes de la actualidad, tanto en el hemisferio norte como en el hemisferio sur, nos solamente está destruyendo los recursos abundantes de nuestro planeta, sino que sigue masacrando las vidas de millones de personas, sobre todo de mujeres y menores, en África, Oriente Medio y en el hemisferio norte. Ya no hablamos solamente de genocidios, sino de una gradual deshumanización sin precedentes.

Si este odio, opresión y violencia brutal sigue aumentando, es todo causado por mentes y manos humanas. No podemos culpar a nadie, pues los responsables somos las personas de hoy por no saber usar responsablemente nuestra libertad y poner nuestros recursos al servicio de la dignidad humana y del bien común.

Si somos capaces de ser injustos y crueles, mucho más capaces somos de obrar con justicia, respeto mutuo y solidaridad. Estamos creados para amar y convivir como una gran familia humana.

Debemos respetar y promover los valores humanos y universales, que llevamos gravados en nuestro ser más profundo. Las sociedades humanas que saben convivir según esos valores humanos son una maravillosa realidad, como la hemos conocido en nuestros pueblos nativos de España, entre los pueblos africanos como Uganda y en los países asiáticos como Japón.

La calidad de la vida y de la convivencia humana no depende principalmente, de la cantidad de bienes, ni del poder social ni de la tecnología digital, ni de la IA, sino del respeto y seguimiento de la ciencia y de los valores humanos universales.

Autor

  • Nacido en Izco (Navarra), en 1942, estudió filosofía en Pamplona (1961-1964). Hizo el noviciado en Gap – Grenoble (1964-1965), con los Misioneros de África (Padres Blancos). Estudió Teología en el instituto M.I.L. de Londres, (1965-1969), siendo ordenado sacerdote en Logroño, en los Padres Blancos en 1969.

    Comenzó su actividad misionera en África en 1969, siendo enviado a la diócesis de Hoima en Uganda, donde estuvo trabajando en la educación, desarrollo y formación de líderes durante nueve años. Luego vivió un periodo de trece años en diversas ciudades europeas, trabajando en la educación y capacitación de los jóvenes (Barcelona 1979-1983)) , en Irlanda como responsable de la formación de los candidatos polacos (1983-1985), y en Polonia donde fue Rector del Primer Ciclo de Filosofía Polaco (1985-1991), y se doctoró en Teología espiritual en Lublin, donde fue nombrado profesor de la misma Universidad Católica de Lublin (KUL), de dicha ciudad, en 1991.

    Regresó a Uganda en 1992, y fue elegido Provincial de los padres Blancos de Uganda hasta 1999. Durante este periodo, fue también presidente de la Asociación de Religiosas-os en Uganda (ARU), y pionero en la construcción del Centro Nacional de Formación Continua (USFC). Además inició la Comisión de Justicia, Paz e Integridad de la Creación (JPIC) en 1994, trabajando en la formación de líderes en JPIC.

    En 2000 y 2004 cursó estudios sobre educación en Justicia, Paz, y Transformación de Conflictos, en Dublín. Desde su regreso a Uganda, fue pionero en la capacitación de agentes sociales en JPIC, y en el establecimiento del primer Consorcio de Educación Ética (JPIIJPC), lanzado por seis Congregaciones Misioneras, en 2006. Desde el inicio, y hasta junio 2011, ostentó el cargo de primer Director del Instituto. Al mismo tiempo fue profesor invitado de Ética en la Universidad de los Mártires de Uganda (UMU).

    En septiembre de 2011 fue nombrado director general de África Fundación Sur (AFS), organismo que dejó de existir en 2021. En la actualidad sigue trabajando por África al 100 % siendo, entre otras ocupaciones, editorialista en el CIDAF-UCM.

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