«Yo también soy musulmán»: El gol de Lamine Yamal a la España de la Reconquista, por Salma Kalil El Aazzaoui

8/04/2026 | Blog Académico, Opinión

 

El partido amistoso entre España y Egipto, como parte de la preparación mundialista, trascendió lo estrictamente deportivo al poner de manifiesto la persistencia de dinámicas de racismo e intolerancia religiosa en el entorno del fútbol español, una realidad que en demasiadas ocasiones se normaliza o se minimiza.

Introducción

Desde el inicio del encuentro, la tensión fue evidente. Los silbidos al himno nacional de Egipto fueron el preludio de cánticos de “musulmán el que no bote”. Lo que debería haber sido una celebración del deporte, del talento y de la competencia se vio empañada por comportamientos que nada tienen que ver con los valores que el fútbol dice representar. Los Insultos, los malos gestos y las actitudes discriminatorias dirigidas hacia los jugadores por su origen o creencia no son hechos aislados, forman parte de un problema estructural que atraviesa distintos ámbitos, a saber: competiciones, educación, sanidad, mundo laboral y vivienda, entre otros.

Identidad nacional y paradojas del discurso excluyente

El racismo en el fútbol no aparece de forma espontánea. Se alimenta de prejuicios sociales más amplios y encuentra en los estadios un espacio donde muchos creen poder actuar con impunidad. La masa, el anonimato y la falta de consecuencias claras convierten el campo en un escenario donde se deshumaniza al rival. Sin embargo, este odio destapa también una profunda santa ignorancia (Roy, 2010). Resulta una contradicción grotesca que desde la grada se lancen ataques basados en el origen o la religión, ignorando que la propia identidad de la selección ha cambiado.

El caso de Lamine Yamal es el ejemplo más significativo, un jugador nacido en España que representa el presente y futuro del país, pero que posee una ascendencia que los mismos agresores pretenden criminalizar en el rival. Al insultar la raíz del oponente, el intolerante desprecia, por pura ignorancia, la identidad de sus propios referentes, demostrando una desconexión absoluta con la realidad multicultural del país.

Limitaciones institucionales y asimetrías en la respuesta al racismo

Durante el partido de España–Egipto lo preocupante no es solo que se hayan producido actos racistas, sino la evidente ineficacia de la respuesta protocolaria. Aunque se proyectaron mensajes en las pantallas y se emitieron avisos por megafonía, estas medidas resultaron tardías y carentes de un impacto disuasorio real sobre la grada. Actuar con tibieza cuando el odio ya ha tomado el protagonismo no es gestionar el problema, es simplemente cubrir el expediente. Cada vez que estos hechos se relativizan o se despachan con gestos burocráticos vacíos, se contribuye a perpetuar la impunidad.

Asimismo, se hace preciso analizar la responsabilidad de las instituciones. Mientras que en contextos como la Premier League inglesa se han implementado marcos de actuación definidos bajo eslóganes como “No Room For Racism”, en España se observa una preocupante asimetría en la aplicación de la justicia. La repetición de estos episodios evoca el “caso Vinícius”, donde la presión mediática derivó en sentencias de prisión para los autores de insultos racistas. Sin embargo, este rigor contrasta con la laxitud ante insultos similares como los dirigidos hacia jugadores y aficionados del AD Ceuta, que a menudo son ignorados por el sistema judicial y deportivo. Esta jerarquización de la gravedad según la relevancia mediática de la víctima requiere una reprobación general y una unificación de los criterios sancionadores.

Repercusión mediática y construcción del problema público

Lo vivido en las gradas ha generado un notable debate en los medios de comunicación nacionales e internacionales. Mientras que los medios nacionales analizan la degradación de la “marca España”, la prensa internacional ha adoptado una postura más punitiva, apelando directamente a la FIFA y la UEFA para la imposición de sanciones contundentes. Esta presión externa se presenta como una medida necesaria para obligar a las instituciones locales a tomar en serio un problema social profundo. Este dictamen externo se encuentra en sintonía con la repulsa institucional interna, el seleccionador Luis de la Fuente calificó los cánticos de “intolerables”, mostrando su absoluta repulsa a cualquier actitud xenófoba. Por su parte, el presidente del Gobierno tildó de “inaceptable” lo ocurrido.

La esfera digital como espacio de reproducción del discurso islamófobo

La verdadera magnitud del problema se hace visible en las redes sociales. La alerta sobre la profundidad de este racismo en España reside en la reacción de los internautas, donde multitud de comentarios inundaron las redes sociales con consignas como “España cristiana y no musulmana”, alusiones a la “Reconquista” o apelativos como “hijos de los cruzados”. El uso peyorativo de términos como “MENAS” y prejuicios sobre que el colectivo migrante viene a “robar o a vender pañuelos” demuestra que no se trata de situaciones aisladas, como inicialmente apuntó la presidencia de la RFEF. Por el contrario, es una muestra inequívoca de una permisividad hacia la islamofobia que no puede combatirse con avisos de cortesía mientras el balón sigue rodando.

Reivindicación identitaria y ruptura del modelo asimilacionista

Frente a esta narrativa de exclusión, la respuesta más contundente provino de la propia selección española. Lamine Yamal, a través de su cuenta oficial de Instagram, publicó una declaración que desarticuló la retórica del odio: “Yo también soy musulmán y usar la religión como burla en un campo os deja como ignorantes y racistas”.

Tradicionalmente, las personas de origen migrante en España han mantenido un perfil bajo, se les aceptaba siempre que su diferencia no fuera protagonista. Al afirmar “Yo también soy musulmán”, Yamal rompe este esquema. No solicita aceptación, impone su realidad. Sociológicamente, esto representa el paso de la asimilación (borrar la diferencia para encajar) a la reivindicación de la pluralidad (formar parte del grupo aceptando los valores étnicos y culturales heredados) (Lacomba, 2001).

La declaración actúa como un mecanismo de doble moral para el espectador racista. El futbolista expone aquí una paradoja, el aficionado vuelca su odio sobre el “otro” (el jugador egipcio/musulmán) basándose en una supuesta superioridad cultural o religiosa, pero ese “otro” resulta ser idéntico al “nosotros” (Lamine Yamal, el ídolo local). Yamal obliga a la grada a reconocer que, al atacar al rival por su fe, están atacando simultáneamente el talento que sostiene sus propios éxitos deportivos.

Si bien, el futbolista señala la ignorancia como motor del racismo. También deja en evidencia que un sector de la sociedad utiliza el catolicismo no como fe, sino como identidad reactiva (la “Reconquista” mencionada en redes). Yamal, al identificarse como musulmán y español de pleno derecho, evidencia que el concepto de “españolidad” de estos grupos es un anacronismo que no se corresponde con la España pluriétnica y plurirreligiosa del siglo XXI (Kalil El Aazzaoui, 2005). A diferencia de generaciones anteriores de inmigrantes que optaban por la conformidad, Yamal ejerce su agencia política. Su mensaje no es una queja, es un diagnóstico. Al calificar a los agresores de “ignorantes”, invierte la jerarquía de poder, el joven de origen migrante, tradicionalmente subalterno, se posiciona en una escala de superioridad moral e intelectual sobre el agresor, a quien redefine no como un defensor de la patria, sino como un personaje desinformado y prejuicioso.

La construcción histórica de la identidad nacional y sus tensiones actuales

El análisis de la defensa de Lamine Yamal debe sentar un punto de inflexión en la narrativa nacional. A pesar de los significativos avances en la historiografía académica sobre la España islámica, la percepción social general permanece anclada en una visión superficial de este extenso periodo (Daniel, 1958;  Southern, 1961; Djaït, 1990). El islam no debe entenderse como un elemento exógeno, sino como un componente intrínseco que ha configurado, configura y seguirá configurando la realidad demográfica y social española. Por ello, resulta necesario que el conocimiento sobre su legado, sus costumbres y su cosmovisión trascienda los círculos especializados para integrarse en la cultura general de la ciudadanía. Históricamente, la identidad nacional española se articuló sobre un eje de exclusividad católica, por oposición a lo “moro” (González Alcantud, 2002; Goytisolo, 1989). Este paradigma tradicional, experimenta hoy un resurgimiento en discurso de partidos políticos de extrema derecha, en el que se promueve un modelo de nación que ignora la actual composición de la sociedad. La realidad sociodemográfica de la España contemporánea se caracteriza por una ciudadanía de orígenes diversos que no tienen por qué profesar el catolicismo (Castien Maestro, 2008: 93-94). En consecuencia, el intento de imponer una uniformidad cultural ignora el vasto bagaje histórico, cultural y religioso de una población que es heredera de múltiples tradiciones, fundamentales para comprender la España del siglo XXI.

Identidad hispano-musulmana: desafíos y posibilidades

Conviene señalar que el papel activo de Yamal en este incidente puede representar una contribución muy valiosa, ya que favorecería la normalización del islam en España y promovería una identidad nacional más abierta e inclusiva. Para la propia comunidad musulmana, además, supondría un apoyo significativo, al facilitar la construcción de una identidad más sólida y menos condicionada por la supuesta incompatibilidad entre lo islámico y lo occidental (Kalil El Aazzaoui, 2025).

El debate en torno a la identidad constituye para muchos musulmanes en Occidente un conflicto persistente (Kalil El Aazzaoui, 2025). La formación de una identidad hispano-musulmana viable requiere, sin duda, de un prolongado proceso de reflexión personal en el que no están ausentes ciertas tensiones. Por un lado, algunos individuos pueden evitar identificarse abiertamente como españoles por temor a traicionar los valores de su comunidad de origen, en particular los religiosos. Por otro, estas mismas personas suelen quedar encasilladas de forma continua como descendientes de inmigrantes.

Esta situación puede generar un sentimiento de desarraigo al no sentirse plenamente integrados en la sociedad española ni disfrutar de igualdad de oportunidades, pero tampoco reconocerse del todo con las tradiciones de sus sociedades de origen. Por ello, resulta fundamental que estos jóvenes aprendan a valorar su herencia cultural y religiosa, aprovechándola de forma constructiva (Castien Maestro, 2003). No se trata de reproducirla de manera automática, sino de profundizar en ella para encontrar elementos que les permitan dar sentido a su vida dentro del contexto occidental.

En este contexto, la candidatura conjunta al Mundial de 2030 entre España, Marruecos y Portugal adquiere una relevancia que trasciende lo meramente organizativo o competitivo. Lejos de limitarse a una cooperación logística, esta iniciativa podría constituir una oportunidad para reconfigurar los marcos de relación entre ambas orillas del Mediterráneo, favoreciendo espacios de reconocimiento mutuo, intercambio cultural y convivencia. En coherencia con una realidad social cada vez más diversa, este proyecto común permitiría desplazar narrativas excluyentes y promover una concepción más inclusiva de la identidad, en la que la pluralidad cultural deje de percibirse como una amenaza para consolidarse como un elemento constitutivo de la sociedad contemporánea.

Salma Kalil El Aazzaoui

 

Referencias:

  • – CASTIEN MAESTRO, Juan Ignacio (2003). Las astucias del pensamiento. Creatividad ideológica y adaptación social entre los inmigrantes marroquíes en la Comunidad de Madrid. Madrid: Consejo Económico y Social de la Comunidad de Madrid.
  • – CASTIEN MAESTRO, Juan Ignacio (2008). “Estigma letal. Los andalusíes en la España del Siglo de Oro”. En GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Rafael, LOZANO MANEIRO, Blanca y CASTIEN MAESTRO (eds) (2008). Psicosociología del Estigma. Ensayos sobre la diferencia, el prejuicio y la discriminación (pp. 78-141). Madrid: Editorial Universitas S.A.
  • – DANIEL, Norman (1958). Islam and the West. The making of a image. Cambridge: Cambridge University Press.
  • – DJAÏT, Hichem (1990). Europa y el islam. Madrid: Ediciones Libertarias.
  • – GONZÁLEZ ALCANTUD, José Antonio (2002). Lo moro. Las lógicas de la derrota y la formación del estereotipo islámico. Barcelona: Editorial Anthropos
  • – GOYTISOLO, Juan (1989). Crónica sarracinas. Barcelona: Seix-Barral
  • – KALIL EL AAZZAOUI, Salma (2025). La diplomacia religiosa marroquí en España. Islam, identidad nacional y comunidades expatriadas (Tesis doctoral). Madrid: Universidad Complutense de Madrid.
  • – LACOMBA VÁZQUEZ, Joan (2001). El islam inmigrado transformaciones y adaptaciones de las prácticas culturales y religiosas. Madrid: Subdirección General de Museos Estatales
  • – ROY, Oliver (2010). La santa ignorancia: el tiempo de la religión sin cultura. París: Península.
  • – SOUTHERN, R.W. (1961). Western views of the Islam in the middle ages. Harvard: Harvard University Press.

Autor

  • Doctora en Ciencias de las Religiones por la Universidad Complutense de Madrid. Es miembro del grupo de investigación sobre "El proceso y legado de la descolonización española en África", un proyecto organizado por el CIDAF-UCM.

    Sus investigaciones se centran fundamentalmente en las comunidades musulmanas en Europa occidental, identidad, islam y las políticas públicas aprobadas por los países de emigrantes en beneficio de sus expatriados.

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