Las intensas lluvias registradas en los últimos días han provocado graves inundaciones en Túnez, dejando al menos cuatro personas fallecidas y paralizando amplias zonas del país. Las autoridades confirmaron que las precipitaciones han sido las más fuertes en más de siete décadas, una situación excepcional que ha puesto a prueba la frágil infraestructura urbana.
Las muertes se produjeron en la localidad de Moknine, en el noreste del país, donde dos personas fueron arrastradas por las corrientes y una mujer murió ahogada en su vivienda. Los servicios de emergencia continúan en alerta ante el riesgo de nuevos desbordamientos, mientras el ejército se ha sumado a las labores de rescate en las áreas más afectadas. Según el Instituto Nacional de Meteorología, algunas regiones no habían registrado volúmenes de lluvia comparables desde 1950. Monastir, Nabeul y el área metropolitana de Túnez figuran entre las zonas más castigadas. En Sidi Bou Said, un conocido enclave turístico cercano a la capital, se acumularon más de 200 milímetros de agua en apenas unas horas. Las lluvias también causaron importantes interrupciones en la vida cotidiana. Las autoridades suspendieron las clases en 15 de las 24 gobernaciones del país y el transporte público sufrió cancelaciones y retrasos, mientras numerosas calles quedaron convertidas en ríos.
Más allá del episodio extremo, las inundaciones han vuelto a evidenciar los problemas estructurales del país. Los sistemas de drenaje, en muchos casos obsoletos y mal mantenidos, no lograron absorber el caudal, agravado por la rápida urbanización y la acumulación de residuos. Tras meses de restricciones de agua y embalses bajo mínimos, Túnez enfrenta ahora los efectos opuestos de un clima cada vez más impredecible, una tendencia que los expertos vinculan directamente al cambio climático.
Fuentes: Africanews – TRT World
[CIDAF-UCM]
