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¿Son las mujeres seres humanos?
29/03/2016 -

¿Hemos llegado muy lejos como especie, en términos espirituales e intelectuales, si en el siglo XXI alguien puede hacerse la pregunta que reza el título? Lo que subyace en ella es la actitud patriarcal que sigue prevaleciendo en el mundo a pesar de los avances que ha luchado el colectivo femenino.

El 1 de marzo debió tener lugar una conferencia ofrecida por la Academia Saudí para la Educación y la Consultoría que llevaba como título: ¿Son las mujeres seres humanos? Obviamente, la pregunta despertó un aluvión de críticas en las redes sociales que obligó a la organización a cancelar el acto. La respuesta de la Academia ante las críticas fue un comunicado en Facebook [1] que decía lo siguiente: “Es conveniente aclarar que el título de la conferencia tan solo pretendía llamar la atención del público”. [2]

Con el Día Internacional de la Mujer aún reciente, se vuelve apropiado analizar la cuestión. Sin prejuzgar lo que los conferenciantes pretendían hablar sobre el tema, la pregunta es cuanto menos intrigante. ¿Quién se pregunta eso?, ¿Por qué se pregunta eso?, ¿Qué significa ser humano?, ¿Quién define al ser humano?, y entonces ¿Son los hombres seres humanos?

Yo vivo en el Reino Unido y hace muchos años que el gobierno, indistintamente de su ideología laborista o conservadora, mantiene una fuerte alianza con la monarquía saudita silenciando graves violaciones a los derechos humanos. Sin ir más lejos, el gobierno británico, en el marco de una política exterior carente de toda ética, sigue vendiendo armas a Arabia Saudí aún sabiendo que se usan para asesinar a civiles. [3]

Lo que yo me pregunto es ¿hay implícita en la pregunta la presuposición de que algunos seres humanos no son humanos y sólo son seres? Sin duda, una postura así es el reflejo de una visión patriarcal del mundo y de la humanidad.

No todos los hombres son sexistas pero todos se benefician del sexismo.

Hoy en día y con los múltiples avances que ha hecho la humanidad en el campo de la medicina o la tecnología, por ejemplo, las actitudes patriarcales y la misoginia continúan existiendo tanto en las formas más sutiles como en las formas más abiertas. Las últimas estadísticas en el Reino Unido revelan que aún las mujeres cobran menos que los hombres [4] por realizar el mismo trabajo y que mucha de la violencia de género doméstica sigue escondida en los hogares británicos. [5]

En 2012, la bloggera Laura Bates inició el proyecto pionero llamado “Everyday Sexism Project” y ya está presente en más de 15 países de todo el mundo. La iniciativa consiste en un blog común en el que mujeres de todo el mundo pueden escribir las experiencias sexistas que han vivido en su vida cotidiana desde que eran niñas. El proyecto ha llegado hasta lugares como Pakistán, Brasil, Irán o México. [6]

Sigue existiendo y predominando en el mundo la cultura profundamente arraigada en la gran mayoría de hombres (e insisto que no TODOS los hombres piensan y actúan bajo los patrones patriarcales) de que las mujeres son simples objetos y que por tanto son menos personas que ellos. De ahí que la contribución de las mujeres en la sociedad tenga menos valor que la de los hombres; de ahí que cuando una mujer se muestra superior intelectualmente, se la menosprecie y ridiculice para mantenerla en su lugar subordinada al hombre. Por decirlo de otra manera, el patriarcado extiende la dominación del hombre a la mujer, a los niños y a los demás hombres considerados débiles. El patriarcado es el privilegio del hombre sobre la mujer y sostiene otros sistemas de dominación como el de las clases sociales, el del estatus socio-económico y el de la heteronormatividad.

La ideología patriarcal ve a la mujer como ciudadana de segunda e identifica en el hombre la lógica y la racionalidad mientras que la mujer simboliza la emoción y el cuidado de la familia. Es más, puede llegar a legitimar el acoso sexual, el ultraje, las miradas lascivas y otros comportamientos machistas por la simple razón de entender que las mujeres solo existen para satisfacer las necesidades sexuales del hombre.

El acoso sexual a las mujeres ha sido endémico desde las sociedades egipcias y fue en el pasado 2014 cuando por fin fue criminalizado por el derecho internacional. En 2013, un estudio de la ONU reveló que el 93% de las mujeres en Egipto habían sufrido acoso sexual. Y lo peor es que como el cuerpo de policía está básicamente dominado por hombres, se culpabilizaba a la víctima en lugar de al perpetrador [7] porque el policía pensaba exactamente igual que él.

En este sentido, Suráfrica, que paradójicamente tiene una de las constituciones más progresistas en derechos de la mujer, sigue siendo uno de los países con los niveles más altos de violencia de género y sigue manteniendo prácticas aberrantes como la de la violación correctiva a las lesbianas. Eudy Simelane era una de las estrellas del equipo femenino nacional de fútbol de Suráfrica y en abril de 2008 su cuerpo fue hallado en un parque de Kwa Thema, Johanesburgo, [8] violado repetidamente, apaleado y acuchillado hasta en 25 ocasiones en piernas, pecho y cara tras reconocer abiertamente que era homosexual. Por no hablar de los ataques con ácido en la cara que en la India [9] son usados como castigo para toda la vida, o el trágico caso de Jyoti Singh [10], la estudiante de medicina de 23 años cuya violación en grupo, el 16 de diciembre de 2012, supuso un estupor internacional.

Como Laura Bates observa: “La violación no es un acto sexual; no es el resultado de una repentina e incontrolable atracción hacia una mujer con un vestido corto. Es un acto de poder y violencia. Sugerir lo contrario es un insulto para la inmensa mayoría de hombres que son capaces de controlar perfectamente sus instintos” [11]. Aunque la violación es el máximo exponente de la violencia machista contra la mujer y sus derechos como persona, hay otros muchos ataques del patriarcado que están normalizados.

Ejemplo de esta normalización de la que os hablo es lo que ocurrió en el programa Newsnigt en 2014 cuando dos reconocidas científicas de orígenes africano (Nigeria) y asiático (Sri Lanka) [12/15] fueron invitadas para comentar el Becep2, un telescopio situado en el Polo Sur que ha permitido acercarnos a los orígenes de la Tierra. Al día siguiente de la emisión, el Daily Mail escribió en su editorial comentarios poco afortunados sobre las dos científicas. A lo que una de ellas respondió en una carta al mismo periódico: “lamento profundamente que la persona que mire un programa en el que se explica el extraordinario y complejo descubrimiento del origen de la humanidad, se fije en el género y el color de los ponentes. Si el programa hubiera invitado a dos científicos hombres, blancos, anglosajones no hubiesen existido los comentarios sexistas y despectivos del periódico”.

Destruyendo los pilares falocráticos

El sexismo forma parte del trato institucional, de la esfera privada y del movimiento progresista panafricano. Históricamente, el panafricanismo ha sido liderado y definido esencialmente por hombres. La contribución de las mujeres africanas ha sido desdibujada o considerada como menos importante en comparación con los actos de las icónicas figuras masculinas del movimiento. Así reflejaba Tony Martin en su libro sobre la panafricana feminista Amy Ashwood Garvey, “Los Marcus Garvey, W.E.B Dubois, George Padmore, Kwame Nkrumah... Éstos fueron las súper estrellas que ocuparon la primera fila de la lucha panafricana. Pero también son destacables las contribuciones de múltiples activistas de segundo, tercer y menor nivel ahora olvidadas pero igualmente importantes. Amy fue una de ellas”. [16]

Pongo este ejemplo para mostrar cómo es el propio Martin quien cataloga a los panafricanistas según género y jerarquía reforzando la idea de que las activistas africanas son de “segundo, tercer y menor nivel” y, los hombres son las “súper estrellas” del movimiento. Martin se equivoca y mucho cuando sitúa a Amy como activista de segunda o tercera.

Siguiendo con el sexismo en el movimiento panafricano, es habitual ver a los hombres interrumpiendo a las mujeres, hablando por encima de ellas, haciendo un uso largo y narcisista de la palabra, pretendiendo que las activistas sean meras asistentes a las conferencias/reuniones y oírlas lo menos posible. En estos actos es habitual oír a los hombres pronunciar discursos y a las mujeres escuetas frases. Directamente es como si fueran omitidas entre los presentes.

Y con la misma, cuando alguna mujer sufre una discriminación sexista en alguno de los encuentros panafricanistas, nadie de los presentes –ya sean hombres o mujeres- dice nada ni condena el acto. El sexismo es, sin lugar a dudas, el talón de Aquiles del panafricanismo [17]. Esto sucede porque la ideología patriarcal está arraigada inconsciente y conscientemente en la conducta, las ideas y los valores de los hombres (y mujeres) que crecen y se socializan con ella.

La mayoría de activistas no se comprometen en serio, ni en las políticas panafricanas ni en su vida cotidiana, con la influencia del patriarcado, el neocolonialismo, el imperialismo, el clasismo y la heteronormatividad. En otras palabras, la gran mayoría de panafricanistas no son conscientes de su complicidad con los sistemas de dominación que no solo es que opriman a otros, sino que son los mismos que oprimen a África y ponen barreras a su liberación.

La violencia doméstica, el incesto, el abuso infantil y el acoso sexual son también prácticas que llevan a cabo los hombres africanos. Pero, como ya se ha comentado, éstas son solo las conductas explícitas que provoca el patriarcado, las que realmente refuerzan y perpetúan su existencia son sus formas más sutiles porque es en estas ocasiones cuando el abuso patriarcal queda impune.

En los últimos años, se ha despertado una necesidad de desarrollar una masculinidad progresista en que los valores de agresividad, violencia y competición –que continúan alimentado los conflictos en Sudán, la Republicana Centro Africana, etc.- sean substituidos por la consideración, el respeto y la tolerancia. La guerra, el conflicto, la agresión –en resumen, lo que impone el orden falocrático- son un gran obstáculo para el proyecto humanista del panafricanismo que pretende empoderar a TODO el mundo.

El feminismo no significa la supremacía del género femenino, no es una lucha para arrebatar el poder a los hombres. Es una lucha por la igualdad de todos los seres humanos. Ama Ata Aidoo afirmó: “Cada hombre y cada mujer debería ser feminista –especialmente si creen en la liberación y el empoderamiento de África”. Aún hoy, la “tradición” y la “cultura” africana se usan como excusa para reprimir las reivindicaciones de la Agencia de Mujeres Africanas en cuanto al tipo de vestimenta o respecto a otros tipos de agresión cultural. Como si la cultura no pudiera adaptarse, modificarse o criticarse.

¿Humanizando a los hombres?

Lo fundamental para desmantelar los conceptos y las prácticas de dominación es el desarrollo de lo que Athena D. Mutua define como la “masculinidad progresista negra” [18] tanto dentro como fuera del continente africano. Si el panafricanismo pretende transformar las diferentes formas de opresión que vive la sociedad africana (económica, social, sexual, etc.) es necesario que haya una transformación de mentalidad y de conciencia global. Una conciencia que se base en el desarrollo de un nuevo ideal de masculinidad que, como dice Mutua, “se abstenga ética y activamente de cualquier estructura de dominación” [19]. Para que esto sea posible debe involucrarse la iglesia, la mezquita, el sistema educativo, el sistema legal, las empresas, la policía y los medios de comunicación.

Si nos tomamos en serio la lucha del panafricanismo, por la que se pretende defender a África de la explotación indebida de sus recursos y la subordinación del pueblo africano a la comunidad internacional, es necesario idear nuevas maneras de retar todas las estructuras de dominación y subordinación, y especialmente el sexismo. Es necesario hacer frente a la invisibilidad aparente del patriarquismo, a su legitimación social y a la culpabilización de las víctimas para poder subvertirlo adecuadamente.

La ardua batalla de retener y hacer valer la humanidad o Ubuntu en un mundo capitalista, individualista, materialista y narcisista pasa por promover la compasión, la libertad, la justicia, la equidad y la igualdad de TODOS los seres humanos. Es más, la lucha debe extenderse a la defensa de la igualdad de los discapacitados físicos y mentales y de la gente albina que son lo mismo que el resto de mujeres y hombres: seres humanos.

Ama Biney

* La doctora Biney es historiadora y politóloga y pertenece al movimiento panafricano.

Notas:

[1] See http://sputniknews.com/middleeast/20160302/1035672485/woman-arab-public-protest.html#ixzz41lm0WKYq accessed 3 March 2016

[2] Ibid.

[3] See http://sputniknews.com/middleeast/20160130/1033975083/uk-saudi-arabia.html accessed 3 March 2016.

[4] See http://www.theguardian.com/world/2015/nov/09/gender-pay-gap-women-working-free-until-end-of-year accessed 3 March 2016.

[5] See http://www.theguardian.com/commentisfree/2014/mar/30/britain-violence-against-women-domestic-abuse-funding-cuts accessed 1 March 2016.

[6] See http://www.theguardian.com/lifeandstyle/the-womens-blog-with-jane-martinson/2013/apr/16/everyday-sexism-project-shouting-back accessed 7 March 2016.

[7] See http://www.theguardian.com/world/2014/jun/06/egypt-criminalises-sexual-harassment accessed 7 March 2016.

[8] See http://www.theguardian.com/world/2009/mar/12/eudy-simelane-corrective-rape-south-africa accessed 7 March 2016.

[9] See http://www.aljazeera.com/indepth/features/2013/09/acid-attacks-a-scar-india-2013927165429393354.html accessed 8 March 2016. See also, http://www.huffingtonpost.com/2013/11/05/acid-attacks-women-india_n_4220712.html accessed 8 March 2016.

[10] See http://www.theguardian.com/film/2015/mar/01/indias-daughter-documentary-rape-delhi-women-indian-men-attitudes accessed 8 March 2016.

[11] See “Everyday Sexism” by Laura Bates, Simon & Schuster, 2014, p. 34.

[12] See http://www.theguardian.com/media/2014/mar/21/daily-mail-accused-of-insulting-top-female-scientists accessed 3 March 2016.

[13] See https://www.ucl.ac.uk/news/news-articles/0314/200314-UCL-open-letter-to-Daily-Mail accessed 2 March 2016.

[14] Ibid.

[15] Ibid.

[16] T. Martin, Amy Ashwood Garvey Pan-Africanist, Feminist and Mrs Garvey No. 1 or A Tale of Two Amies, (Dover, MA USA: The Majority Press, 2007), p. 319.

[17] See ‘Sexism is pan-Africanism’s Achilles heel’ by MsAfropolitan, 16 March 2015. http://www.msafropolitan.com/2015/03/pan-africanism-sexism.html accessed 22 January 2016.

[18] See Progressive Black Masculinities edited by Athena D. Mutua, editor, Routledge, 2006, p. xi.

[19] Ibid, p. 5.

* Artículo originalmente publicado en Pambazuka news

[Traducción, Tiziana Parra]

[Fundación Sur]


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