El reconocimiento de Somalilandia por parte de Israel en diciembre de 2025 desató una oleada de reacciones políticas y diplomáticas en el Cuerno de África y la península Arábiga. En una región ya marcada por tensiones estructurales y reajustes geopolíticos globales, la manera en que la Unión Africana gestione esta crisis será determinante.
Somalia rechazó de inmediato el reconocimiento de Solmalilandia, calificándolo como una violación de su integridad territorial. La postura fue respaldada por las organizaciones regionales e internacionales como la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD), la Organización de las Naciones Unidas, la Unión Europea y la Liga Árabe, que condenaron el movimiento por contravenir el derecho internacional, el Acta Constitutiva de la UA y la Carta de la ONU. Países como Yibuti, Egipto, Sudán, Sudán del Sur, Turquía y Arabia Saudí también expresaron su oposición, mientras que otros actores optaron por el silencio. Paralelamente, el Consejo de Paz y Seguridad de la UA reaccionó con firmeza, subrayando que ningún actor externo tiene autoridad para modificar las fronteras de un Estado miembro. Sin embargo, ese pronunciamiento dejó el debate en suspenso sin ofrecer una salida consensuada.
La aspiración de Somalilandia a obtener reconocimiento internacional reabre viejas discusiones sobre la soberanía en África poscolonial. El territorio se independizó del Reino Unido el 26 de junio de 1960, antes de unirse al antiguo territorio administrado por Italia el 1 de julio del mismo año para formar la República de Somalia. Tras el colapso del Estado somalí y el estallido de la guerra civil, declaró nuevamente su independencia en 1991.
Desde el punto de vista jurídico, la UA suele invocar el principio de intangibilidad de las fronteras heredadas de la colonización, consagrado en 1964 en la Declaración de El Cairo por la entonces Organización para la Unidad Africana. Este criterio buscaba evitar disputas territoriales que pudieran desestabilizar a los nuevos Estados. No obstante, los defensores de Somalilandia sostienen que su independencia original se produjo dentro de las fronteras del antiguo Somaliland británico y que la unión con Somalia fue una decisión soberana que puede revertirse. También apuntan a la relativa estabilidad institucional y la alternancia electoral en el territorio.
Más allá del debate legal, la UA se enfrenta a un dilema político. Respaldar la integridad territorial de sus miembros es un principio central, pero también debe promover soluciones dialogadas a tensiones internas. Además, teme sentar un precedente en el Cuerno de África, la única región del continente donde las secesiones han dado lugar a nuevos Estados, como Eritrea en 1993 y Sudán del Sur en 2011. Ambos casos han estado marcados por graves conflictos internos y regímenes autoritarios, lo que debilita el argumento de que la independencia garantiza estabilidad.
La cohesión mostrada por los Estados africanos frente al reconocimiento israelí responde en parte a que la iniciativa provino de un actor externo y vulnera un principio considerado sagrado: el respeto a la soberanía. Sin embargo, la crisis también evidencia las limitaciones operativas de la UA para hacer cumplir sus propias normas. Para Somalia, la consolidación del proyecto secesionista en Somalilandia cuestiona los fundamentos del pansomalismo, ideología que promueve la unidad de todos los somalíes en un solo Estado. La realidad de Somalilandia, que opera de facto como entidad separada desde 1991, pone en entredicho no solo las fronteras actuales, sino también la premisa de que la homogeneidad étnica garantiza estabilidad. La experiencia africana muestra que incluso sociedades relativamente homogéneas pueden caer en conflictos violentos. De esta suerte, la cohesión nacional depende más de estrategias de construcción estatal, legitimidad política y gestión de la diversidad que de la uniformidad demográfica.
El comunicado del Consejo de Paz y Seguridad ha congelado la discusión, pero no la ha resuelto. Si la UA aspira a mantener su credibilidad y evitar que otros actores externos sigan el precedente de Israel, deberá ir más allá de la reafirmación de principios y promover una vía política que incluya el diálogo entre el Gobierno federal de Somalia y las autoridades de Somalilandia.
Fuente: Institute for Security Studies
[CIDAF-UCM]
