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Damon Leff

Director de South African Pagan Rights Alliance. Corresponsal de The Wild Hunt. Editor en jefe: Penton. Paralegal - defensa de la justicia social.

@damonleff

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Se ignora a las víctimas de la caza de brujas en Sudáfrica
13/05/2021 -

Un reciente anuncio de radio MWEB y la respuesta de City Press demostraron cómo los abusos de derechos humanos resultantes de acusaciones de brujería en Sudáfrica son ignorados en favor de ganancias y titulares engañosos [0]. El anuncio mostraba a miembros de un mítico "aquelarre del bosque de Gwadana". Se hacían las acusaciones habituales contra las brujas: que la brujería es ipso-facto "magia negra", que una hermana bruja se cayó de su dispositivo de transporte mágico y que las brujas crean zombis a partir de muertos y maldicen a la gente. El anuncio termina animando a los convocantes a unirse a Twitter para "lanzar más maldiciones" y a Facebook para "enviar fuego del infierno a través de la bandeja de entrada de Facebook de alguien", suscribiéndose al paquete de Internet de MWEB.

Los productores de este anuncio (M&C Saatchi Abel Ciudad del Cabo) se refieren a él como "irónico" y "Algo divertido para un viernes".

La realidad es que burlarse de inexistentes brujas y estereotipadas con fines de lucro no es gracioso ni conduce a poner fin a las cacerías de brujas, muchas de las cuales ocurren dentro del grupo étnico al que apunta este anuncio.

Ugogo wami, ugogo wakho nawe (Mi abuela, también tu abuela)

En noviembre de 2013, una abuela de más de 60 años fue acusada falsamente de causar el accidente de Moloto Road, en la provincia de Mpumalanga, que se cobró 30 vidas y dejó 29 heridos [1]. El 11 de noviembre, un camión chocó contra la parte trasera de un camión volquete, que a su vez chocó con un autobús y un bakkie. Poco después de que los primeros informes comenzaran a filtrarse a través de medios de comunicación de Internet, comenzaron a surgir acusaciones de brujería como causa del accidente. 14 días después del accidente (25 de noviembre) News24.com, City Press, Sowetan Live e IOL informaron que 33 personas habían sido arrestadas después de que la casa de una anciana fuera incendiada en Waterval [2]. Según el portavoz de la policía, Leonard Hlathi, los residentes de Waterval habían acusado a la gogo (abuela) de hechizar al conductor del autobús en el accidente de Moloto Road. Se informó que la víctima, aún no identificada, fue llevada a un lugar seguro por la policía (SAPS). No se publicaron más noticias sobre el incendio o el destino de la víctima. El SAPS no revelará más detalles sobre su estado o paradero. Como miles de víctimas de acusaciones antes que ella, la abuela de Waterval ha desaparecido silenciosamente.

La reubicación de víctimas de las acusaciones está plagada de peligrosas complicaciones. Las malas noticias se propagan rápidamente entre las poblaciones rurales con familias extensas, y las víctimas que se trasladan a otra aldea por seguridad llegan a menudo al mismo tiempo que los rumores de su acusación. Una acusación de brujería, probada o no, constituye una sentencia virtual de expulsión y aislamiento permanentes. Los afortunados de escapar con vida de la justicia callejera tienen pocas opciones de dónde terminarán. La mayoría ha llegado a los “campos de brujas” de refugiados en la provincia de Limpopo.

Sudáfrica enfrenta una creciente crisis de refugiados, ya que muchas víctimas de acusaciones de brujería que sobreviven a la agresión son expulsadas por la fuerza de sus comunidades, por líderes comunitarios, líderes tradicionales y curanderos tradicionales, a veces después de ser juzgados en tribunales tradicionales y declarados culpables solo mediante adivinación de presuntas, pero aún no comprobadas, acusaciones de actividad de brujería. Los ciudadanos acusados de brujería y juzgados en dichos tribunales no reciben asesoramiento legal y las pruebas presentadas en dichos tribunales, incluidas consultas formales con adivinos para determinar o alegar culpabilidad, no serían acepradas como pruebas adecuadas en ningún otro tribunal de justicia.

En los tribunales tradicionales, la brujería es considerada un acto mágico malévolo, punible según las leyes consuetudinarias africanas. Las acusaciones de brujería, aunque ilegales en virtud de la Ley de Supresión de la Brujería de 1957, son con frecuencia escuchadas por tribunales tradicionales. Las acusaciones se basan siempre en sospechas, rumores o chismes. El gobierno sudafricano no reconocerá la existencia de aldeas de refugiados, ni de refugiados y, en cambio, busca aumentar la autoridad y la influencia de los líderes y tribunales tradicionales.

Una alegación no probada y publicada como un hecho

Al informar sobre la acusación de Moloto Road, una publicación sudafricana conocida por publicar rumores no probados y acusaciones no examinadas sobre lo sobrenatural, The Daily Sun, destacó inadvertidamente otro factor que contribuyó a las acusaciones y cómo las maneja, en general, el gobierno sudafricano. El titular del 26 de noviembre decía "Gogo, que ‘robó’ el alma del conductor del accidente en la clandestinidad". El artículo relataba acusaciones no probadas de una supuesta confesión aún no verificada de la anciana de haber embrujado al conductor para robarle el alma. “Un residente, que no quiso ser identificado, dijo que la gogo (anciana) le había pedido que la acompañara al jefe local para que pudiera disculparse por lo que había hecho. Supuestamente dijo que no tenía intención de matar a todas las personas y que solo quería el alma del conductor del autobús. Cuando los residentes se enteraron de esto prendieron fuego a la casa de la anciana" [3].

En cientos de comentarios públicos sobre este artículo, mucha gente, tanto rica como pobre, educada y no educada por igual, pidió su ejecución sumaria. No se requieren pruebas de irregularidades para una sentencia pública de muerte. ¿Por qué deberían exigir pruebas cuando una acusación de brujería es, en este y en muchos otros países, ipso facto, un cargo de culpabilidad? El prejuicio contra cualquier persona acusada de brujería ya ha sido institucionalizado por leyes tanto tradicionales como estatales que requieren legalmente que se repriman los "actos de brujería".

La trágica pérdida de vidas en el accidente de Moloto Road no debería haberse convertido en una razón para victimizar a una persona honrada de la comunidad de Waterval. La casa de esta señora ya había sido incendiada hasta los cimientos simplemente porque miembros de su propia comunidad decidieron utilizarla como chivo expiatorio por un accidente en el que claramente no tuvo nada que ver.

Cualquier confesión sobre cualquier presunto evento sobrenatural debe ser probada con evidencia en un tribunal de justicia antes de que se pueda emitir un veredicto de culpabilidad contra la mujer, la verdadera víctima aquí, y dado que ningún tribunal de justicia encontrará evidencias de circunstancias sobrenaturales como cómplice en la ejecución de un hecho, ya confirmado, a través de pruebas, como un accidente de negligencia, ninguna acusación de “brujería” puede ni debería haber sido hecha por nadie contra esta mujer inocente. Hacerlo sigue siendo ilegal según la legislación sudafricana. Publicar tales alegaciones como prueba fáctica constituía una incitación a la violencia contra un ciudadano inocente.

Poniendo fin a la caza de brujas, desafiando falsas creencias

Las acusaciones de brujería continúan discriminando a los acusados, pero también sirven para marginar aún más a una minoría religiosa que identifica la brujería como su religión. Desde 2008, actuales brujas Sudafricanas han desafiado, pública y deliberadamente, las creencias tradicionales africanas y cristianas sobre brujería y brujas. Mediante la promoción de una campaña anual contra la caza de brujas y las acusaciones de brujería, la Alianza Sudafricana de Derechos Paganos (SAPRA) [4] ha buscado activamente dialogar con numerosas partes interesadas, incluidos medios de comunicación, líderes religiosos, curanderos tradicionales, funcionarios gubernamentales y organizaciones no gubernamentales establecidas para defender y proteger la constitución y la Declaración de Derechos de nuestro país [5]. Al hacerlo, nos hemos encontrado con un obstinado empeño contra todo lo que tenga que ver con el tema de la brujería por parte de la mayoría de las partes interesadas identificadas, una actitud que no es inesperada en una sociedad que generalmente cree, sin evidencias, que nada bueno puede venir de "una bruja". Esta prejuiciosa creencia ampliamente aceptada es producto de siglos de fantasía, leyendas urbanas y deliberada propaganda religiosa y cultural que busca caracterizar a las "brujas" como seres sobrenaturales, bidimensionales, totalmente malvados, incapaces de hacer el bien. La "bruja" se ha convertido en un conveniente chivo expiatorio para cada desgracia inesperada o inexplicable. Sin embargo, sigue siendo un estereotipo que se contradice con millones de autoidentificadas brujas en todo el mundo.

Los medios de comunicación sudafricanos, con muy pocas excepciones, han prestado escasa atención a la continua caza de brujas y menos aún a la defensa contra las acusaciones de brujería en este país [6]. La negativa de los principales medios de comunicación a centrar la atención tanto en las acusaciones como en las campañas para poner fin a la caza de brujas, refleja la propia negación de nuestro gobierno de los continuos abusos contra los derechos humanos que resultan de falsas acusaciones de hechizo [7].

Cualquier intento de poner fin a las acusaciones de brujería debe comenzar desafiando las creencias reales que continúan motivando tales acusaciones. Esto no puede suceder si los medios continúan ignorando los problemas o eligen, por el contrario, promover solo estereotipos perjudiciales y acusaciones no probadas.

En nombre de las víctimas de acusaciones de brujería pasadas y presentes, hago un llamamiento a los periodistas y editores sudafricanos e internacionales para que demuestren un valor audaz en el apoyo a esta continua lucha por los derechos humanos, la justicia y la dignidad en Sudáfrica.

¡Tu silencio no servirá!

Damon Leff


Notas:

Fuente: Media for Justice

[Traducción, Jesús Esteibarlanda]

[Fundación Sur]


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