Conocí a Yamina cuando era una adolescente rebelde que frecuentaba nuestra biblioteca en Túnez. Rebelde pero con corazón generoso y grande como un templo. Fracasó en su intento de obtener el titulo de Bachillerato. Después de una rápida formación administrativa en la que dos hermanas misioneras le ayudaron activamente, se puso a trabajar.
Mas tarde se caso y tuvo dos hijos que ahora cursan estudios universitarios. Soportaba difícilmente la sujeción y la rutina de un trabajo de oficina y se lanzó con éxito en una serie de proyectos variados y audaces: creación de un producto contra la caída del cabello, exportación a Arabia de unos zuecos especiales para los baños moros, una tienda de ropa de 2ª mano.
El tiempo pasaba. Yamina es ahora una mujer en la plenitud de la vida. Nosotras nos hacíamos mas mayores pero la amistad divertida y sólida al mismo tiempo continuaba…
Una de nosotras por cuestión de edad y de salud debía de regresar definitivamente a su país de origen. Yamina acogió la noticia sin decir nada, pero una semana después vino a anunciarme «oficialmente» que ella y su marido habían decidido ceder una habitación para que la hermana en cuestión se quedara con ellos, en el país que tanto quería hasta el final de sus días…
Si donde » hay Amor Dios esta allí…» Amor entre su familia y nosotras , entre dos Religiones y creencias diferentes. No me parece vano resaltarlo en tiempos como los vivimos y tenemos.


