Contestación de una misionera a la carta pastoral de Monseñor Marun Lahham
En principio, Túnez no nos debe nada. Lo que la Iglesia trata de ser o de dar se hace siempre en la gratuidad del don de si mismo a Dios y a los otros.
Lo que vivimos en Túnez en este momento globalizado se parece mucho a lo que vivieron los primeros cristianos: en pequeñas comunidades que el Espíritu, en medio de dificultades empuja a re-crearse de una manera mas universal. Así era la primera Iglesia de Jerusalén y la primera fundada en Cartago en los primeros siglos del Cristianismo mediterráneo.
Nosotros somos una iglesia extranjera en Túnez pero Pedro, el discípulo de Jesús también fue un extranjero en Roma y Pablo lo era en Malta, los dos enseñaron y aprendieron en esas ciudades. De la Revolución tunecina nosotros aprendemos que los pequeños y sencillos originan la renovación, ellos a quienes se consideraba como los “ sin sabiduría”, sin ideología, pero que están habitados por una gran sed de conocer, un gran deseo de una espiritualidad personal. Esto ocurre sin duda, por primera vez en el mundo árabe musulmán.


