El 2 de febrero de 2026, el Comité de Justicia y Paz Internacional de la Conferencia de Obispos Católicos de EE. UU. y la Comisión de Justicia, Paz y Desarrollo del Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM) emitieron una declaración conjunta titulada «Hermanos y hermanas en la esperanza».
En esta declaración, los obispos de Estados Unidos y África hicieron un llamado a renovar la solidaridad entre los pueblos y las Iglesias de ambos continentes, especialmente en un momento en que los programas de asistencia internacional enfrentan reducciones significativas y la cooperación global se encuentra cada vez más bajo presión.
El documento se centra en un poderoso recordatorio de la misión de la Iglesia. Los obispos reafirman que «el desarrollo humano integral —el desarrollo de cada persona en su totalidad, especialmente de las más pobres y marginadas de la comunidad— es fundamental para la evangelización».
Esta reflexión nos recuerda que la cooperación para el desarrollo no es simplemente una cuestión de economía o diplomacia. Se trata fundamentalmente de un compromiso moral arraigado en la dignidad de toda persona humana y en la búsqueda del bien común.
Principios rectores para la cooperación
Inspirándose en la doctrina social católica, los obispos destacan varios principios rectores para la cooperación entre África y Estados Unidos.
Primero, la protección de la dignidad y la vida humanas, especialmente de las personas más vulnerables.
Segundo, la responsabilidad compartida de la Iglesia y el Estado de promover la justicia, la paz y el desarrollo humano integral.
Tercero, el principio de solidaridad, que reconoce que las naciones y los pueblos prosperan cuando comparten libremente sus recursos, talentos y dones espirituales.
Y cuarto, la subsidiariedad, que exige fortalecer las comunidades e instituciones locales para que puedan cuidar de quienes les son más cercanos y liderar su propio desarrollo.
La Iglesia como socia en el desarrollo
Los obispos enfatizan el papel singular de la Iglesia en la prestación de asistencia humanitaria y el fortalecimiento de la capacidad local.
En toda África, la Iglesia Católica gestiona una extensa red de escuelas, hospitales, clínicas, parroquias y programas comunitarios. Estas instituciones suelen estar presentes en zonas remotas donde los servicios gubernamentales pueden ser limitados.
Debido a su profunda presencia en las comunidades locales, las instituciones de la Iglesia se encuentran en una posición privilegiada para brindar asistencia de manera que se respete la dignidad humana y se fortalezca la resiliencia local.
Los obispos nos recuerdan que la cooperación para el desarrollo no solo debe proporcionar ayuda humanitaria, sino también fortalecer la autosuficiencia y la capacidad local.
Apoyo a las familias
La declaración también subraya la importancia de apoyar a las familias, a las que describe como el fundamento de la sociedad. En muchas culturas africanas, las familias brindan estabilidad, cuidado y apoyo económico. A menudo son la primera línea de defensa en tiempos de adversidad. Cuando la cooperación para el desarrollo fortalece a las familias —a través de la educación, la atención médica y medios de vida dignos— fortalece el tejido social de la sociedad misma.
Juventud y emprendimiento
Otro tema clave es el enorme potencial que representa la población joven de África. África es el continente más joven del mundo. Esto presenta tanto oportunidades como desafíos. Los jóvenes aportan creatividad, innovación y espíritu emprendedor. Pero sin oportunidades de educación y empleo, muchos se enfrentan a la incertidumbre y la frustración. Por lo tanto, los obispos hacen un llamado a la cooperación que apoye la educación, el emprendimiento y oportunidades económicas significativas para la juventud africana.
Justicia climática y cuidado de la creación
La declaración también subraya la urgencia de abordar la justicia climática y el cuidado de la creación.
Si bien África contribuye relativamente poco a las emisiones globales, el continente sufre algunos de los impactos más severos del cambio climático. Las sequías, las inundaciones y la degradación ambiental amenazan la agricultura, la seguridad alimentaria y los medios de subsistencia. La injusticia ambiental agrava la pobreza y la inestabilidad. Por ello, los obispos hacen un llamado a la comunidad internacional para que el cuidado de la creación sea una prioridad en la cooperación para el desarrollo y las políticas públicas.
Minerales críticos y desarrollo ético
Los obispos también abordan el tema de los minerales críticos. África es rica en los minerales necesarios para las tecnologías modernas y la transición energética global. Sin embargo, la extracción de estos recursos a menudo ha traído explotación y conflicto en lugar de desarrollo. Los obispos advierten que, en la carrera por asegurar estos recursos, “muchos han pisoteado la dignidad de los pueblos locales”.
Por lo tanto, hacen un llamado a establecer alianzas económicas que respeten a las comunidades y garanticen que los recursos naturales contribuyan a un desarrollo equitativo.
Construcción de la paz
La declaración también destaca el papel de la Iglesia en la construcción de la paz. En muchas partes de África, los líderes de la Iglesia actúan como mediadores y defensores de la reconciliación en situaciones de conflicto e inestabilidad. Su labor incluye el diálogo entre comunidades, el apoyo a las poblaciones desplazadas y la defensa de la justicia y los derechos humanos. Como recordó el Papa Pablo VI en su encíclica Populorum Progressio: “El desarrollo es el nuevo nombre de la paz”. Cuando las comunidades tienen acceso a la tierra, los alimentos, la educación y oportunidades significativas, se fortalecen los cimientos para una paz duradera.
Por qué esta declaración es importante hoy
Este mensaje cobra especial relevancia en el contexto global actual. En muchos países, observamos una creciente presión para reducir la ayuda internacional al desarrollo y el abandono de la cooperación global.
Sin embargo, los obispos nos recuerdan que la cooperación para el desarrollo es esencial para la justicia económica, la dignidad humana y la paz. Al mismo tiempo, las condiciones en las que la Iglesia lleva a cabo su misión también están cambiando. La vida misionera se desarrolla cada vez más en un mundo donde la cooperación internacional es cada vez más incierta y donde los recursos para las alianzas de desarrollo están limitados. Los misioneros que trabajan en comunidades africanas son testigos de esta realidad a diario.
Escuelas, clínicas y programas agrícolas que antes dependían de alianzas internacionales ahora enfrentan nuevos desafíos. Por ejemplo, en algunas regiones, los misioneros han visto cómo las comunidades agrícolas pierden el acceso a sus tierras cuando grandes inversiones llegan sin proteger los derechos locales.
Experiencias como estas demuestran cómo las decisiones económicas globales afectan la vida cotidiana de las comunidades.
También contribuyen a la labor de incidencia política de redes como AFJN y AEFJN, garantizando que las voces de las comunidades africanas sean escuchadas en los debates sobre políticas internacionales.
En este punto, me viene a la mente un proverbio africano:
“Si quieres ir rápido, ve solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”.
El camino hacia la justicia económica y el desarrollo sostenible requiere precisamente este tipo de colaboración.
El trabajo de AFJN y AEFJN
Aquí es donde organizaciones como AFJN en Estados Unidos y AEFJN en Europa desempeñan un papel fundamental. AFJN promueve relaciones equitativas entre África y Estados Unidos, al tiempo que aboga por un cambio sistémico, incluyendo la soberanía alimentaria, garantizando que los agricultores africanos tengan la capacidad de alimentar a sus comunidades y controlar sus sistemas agrícolas.
AFJN también trabaja para prevenir el acaparamiento de tierras, donde las adquisiciones de tierras a gran escala desplazan a las comunidades locales. Además, AFJN aborda cuestiones de conflicto y explotación humana, incluyendo la defensa contra el matrimonio infantil y la servidumbre doméstica.
De manera similar, AEFJN en Europa trabaja en los espacios políticos europeos para abordar las injusticias estructurales que afectan a África. Su trabajo se centra en la justicia corporativa, promoviendo la rendición de cuentas de las corporaciones multinacionales. También trabaja en materia de soberanía alimentaria y comercio internacional, contribuyendo a garantizar que los sistemas económicos mundiales apoyen el desarrollo sostenible en lugar de reforzar la desigualdad.
Steven Rogers (AFJN – Washington DC)
Fuente: AEFJN
[CIDAF-UCM]
