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Inicio > Bitácora africana >

Nongo, Nestor

Nacido en Bayaya (República democrática del Congo.) Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología (universidad pontificia de Salamanca), en estudios eclesiásticos y en teología (universidad pontificia de Comillas), grado en filosofía (Saint François Xavier. Mbuji-Mayi. RD Congo). Máster en Turismo y Administraciones Públicas. Doctorando en ciencias políticas y sociología. Pertenece al Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado.

Analista de información internacional, especialista en comunicación pública y en política africana. Consejero Técnico del Ministerio de Cultura y Deporte. Fundador de la asociación Tracaf ("Trabajando por el corazón de África").

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Para entender las interminables guerras africanas , por Nestor Nongo

2 de noviembre de 2012.

Vamos al grano: ¿Por qué las sangrientas y brutales guerras que se libran en África parecen no terminar nunca? Respuesta directa y sin rodeos: porque no son realmente guerras en el sentido estricto de la palabra ni tampoco cumplen con lo que tradicionalmente se ha considerado como tal. A diferencia de otras guerras interminables que ha conocido la Humanidad (guerra de los Cien años o las cruzadas, por ejemplo), los combatientes de los actuales conflictos africanos no tienen ni ideología clara ni objetivos definidos, ni métodos establecidos. No les interesa ni la toma de poder, ni mucho menos cambiar el estado de las cosas. Únicamente quieren robar y traficar con los recursos naturales de la zona desestabilizada. Son, en una palabra, depredadores.

Prueba de ello es que los rebeldes africanos actuales prefieren estar en selvas de difícil acceso y rehúyen de los núcleos urbanos. Las montañas y las aldeas alejadas les ofrecen cobijo y les permiten cometer fácilmente sus crímenes, ya que el poder y el control de los Estados fallidos que abundan en el continente difícilmente llegan a esos rincones.

Dirigentes del M23 en los montes de Kivu (RDC)
Por otra parte, no tienen la mínima intención de buscar seguidores o apoyos populares para sus reivindicaciones (que no tienen), y constituyen un terror para el pueblo que supuestamente defienden. Su búsqueda de “apoyo” se limita al rapto de niños para enseñarles a empuñar armas y a matar. Les basta el apoyo de sus kalashnikov.

Por tanto, el tipo de “guerras” que se libra hoy en el continente africano, muy especialmente al sur del Sáhara, tiene que ver más bien con el “bandolerismo oportunista” que con una guerra, a pesar de se le denomine guerra. La mayoría de los conflictos que abundan no son movimientos de liberación de determinadas comunidades o búsqueda de mejoras de condiciones de los lugareños; son más bien bandas bien armadas, violentas, que buscan su propio lucro con la complicidad de alguna multinacional.

De líderes independentistas a bandoleros oportunistas

Así, cuando uno analiza la evolución de las guerras en África, rápidamente se da cuenta de la transformación que han sufrido en los últimos treinta años. Como hemos apuntado, se ha pasado de guerras propiamente dichas a “bandolerismos oportunistas” en muchos casos. Raramente asistimos hoy a combates entre soldado y soldado. En su lugar, vivimos ataques de soldados a indefensos civiles. Esto explica las atrocidades que se viven en muchos conflictos: machetazos a niños y ancianos, mutilaciones de civiles inocentes, violación de mujeres... ¿Hay verdaderamente un objetivo militar o político en esas atrocidades sexuales, dónde los insurgentes violan a mujeres introduciendo fusiles en sus partes íntimas?

Es verdad que las guerras de independencias fueron crueles. Y no se puede defender ni aquellas guerras ni los actuales conflictos. Toda guerra es una derrota para la raza humana. “En la guerra, todos pierden, no hay ganador” (la relación es “perdedor-perdedor”). Únicamente, queremos resaltar que las guerras de independencias, al menos, tenían objetivos claros, métodos precisos y unos dirigentes que los determinaban.

De ahí que los jefes de las rebeliones de las independencias no tengan casi nada en común con los actuales forajidos sin visión ni objetivos. Además, la desaparición de los bloques y la desintegración de la URSS han propiciado que las armas estén al alcance de cualquier iluminado oportunista que quiera buscarse la vida molestando a los pobres campesinos. Hoy, en la mayoría de los conflictos africanos, el objetivo de las supuestas guerras de liberación no tienen nada que ver con la construcción de una nación.

Excusas de reivindicaciones legítimas

Los conflictos que jalonan el continente tienen, para sus autores, reivindicaciones legítimas. Pero, si prestamos un poco de atención y analizamos uno a uno, pronto nos damos cuenta de que esas reivindicaciones son meras excusas para los depredadores de recursos que aprovechan el caos para sacar tajada.

Generalmente, los jefes rebeldes suelen enarbolar los problemas que atraviesan las zonas de sublevación para justificar sus acciones: falta de equidad, el abandono por parte del poder central, conflictos tribales y étnicos… Es el caso actualmente de M23 en el Congo, los Tuaregs en Mali… Pero, nada más alzarse en armas, se olvidan de esos problemas y se dedican al tráfico de los recursos naturales de la zona, y siempre con la complicidad de algunas compañías internacionales.
Y, desde luego, llama la atención que las guerrillas en África no suelen darse en zona sin recursos naturales…

Posible solución a las guerrillas africanas hoy

Hay gente bienintencionada que piensa que hay que persuadir a esos “guerrilleros” para que salgan de la jungla y se sienten a negociar con el Gobierno de turno y abandonen las armas. La pregunta es saber de qué se va a negociar y qué se les va a ofrecer a cambio. Como ya lo hemos apuntado, a los guerrilleros africanos actuales no les interesan ni ministerios ni ciudades para gobernar. Además, sus efectivos están compuestos mayoritariamente por niños traumatizados cuya adaptación a la vida social resulta más que complicada. Todo lo que anhelan es dinero, armas y matar. ¿Cómo se podría negociar con gente así?

La negociación resulta tarea casi imposible; y se ha visto los resultados en países como RD Congo, dónde después de largas negociaciones y supuesta integración de los rebeldes en las instituciones, éstos han vuelto a retomar armas y echarse al monte (caso de Laurent Nkunda, Bosco Ntaganda con el M23…).

Aunque resulte duro decirlo, y tras varios fracasos de negociación, la solución pasa por la captura o la eliminación de sus jefes; porque las guerrillas africanas suelen desaparecer con ellos. Es lo que pasó por ejemplo con Jonas Savimbi en Angola, o con Charles Taylor en Liberia. Los grupos armados africanos que, generalmente, no tienen ni objetivos, ni métodos, ni estructuras, y dependen fundamentalmente del líder, suelen desaparecer con sus jefes.

La captura o desaparición de Joseph Kony, no ha lugar a duda, significará el fin de “Ejército de Resistencia del Señor”. Y lo mismo sucedería con tantas y tantas guerrillas que pululan por el continente si se apresase a sus líderes, ya que dependen de sus jefes y combaten sin saber por qué y para qué. Pues, muchos conflictos son círculos de violencia en la selva sin objetivo.

A lo mejor falta voluntad política a nivel internacional para poner fin a estos conflictos, ya que África, todavía, no está suficientemente en la Agenda internacional…
original en : Amplio Mundo Mi Ciudad



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