
La Universidad Pontificia de Salamanca, prestigiosa guardiana del pensamiento filosófico, ha puesto recientemente en primer plano a un hombre venido del corazón de África: Cyriaque Olivier Ndzana Onana. Este sacerdote de la diócesis de Obala, en Camerún, se ha distinguido al obtener el premio a la mejor tesis doctoral de filosofía 2025 gracias a un trabajo audaz y de gran profundidad con título: La post-vérité : une ère de négation de la vérité dans le monde contemporain o “La posverdad: una era de negación de la verdad en el mundo contemporáneo”.
En el silencio estudioso de las bibliotecas europeas, Ndzana Onana encarna mucho más que un investigador galardonado: simboliza la continuidad de un África intelectual que interroga, dialoga y afirma su lugar en el pensamiento mundial. Su trayectoria representa un África que piensa el mundo desde sus propias raíces, abriéndose al mismo tiempo a la universalidad de la razón.
Su éxito revela tres dimensiones esenciales de su obra que vamos a presentar brevemente en estas líneas: en primer lugar, el enraizamiento de su reflexión en los orígenes africanos de la filosofía; en segundo lugar, la riqueza del diálogo entre sus dos herencias —africana y europea—; por último, la profundidad de un camino espiritual en el que fe, verdad y humanismo se entrelazan para devolver sentido al pensamiento contemporáneo.
1 – África como matriz de la filosofía
Hay desafíos que suelen ser asumidos por aquellos a quienes la naturaleza reconoce su legitimidad. La consagración de la tesis del Dr. Ndzana Onana ilustra una verdad histórica y rehabilita la memoria y los trabajos de intelectuales como Cheikh Anta Diop, quien afirmaba que la racionalidad no tiene color ni frontera geográfica. Fue él que estableció, de modo indiscutible, los orígenes negroafricanos de la filosofía.
Si hoy se reconoce científicamente que el África negra es la cuna de la humanidad, también se admite en los ámbitos académicos serios —aquellos que se niegan a aparearse con la deshonestidad intelectual— que los grandes maestros de la Grecia antigua (Aristóteles, Platón y otros) estudiaron o se iniciaron junto a los sabios del Egipto faraónico y de Nubia, entonces habitados por hombres y mujeres de raza negra.
Ndzana Onana no hace nada más que reconectar el pensamiento contemporáneo con esta continuidad histórica: la de un África que fue, es y sigue siendo fuente de luz. Desde luego, encarna la legitimidad intelectual y espiritual de un África que ya no se contenta con ser comentada, sino que piensa y demuestra.
El doctor Ndzana Onana, heredero de los sabios africanos de la Maât egipcia y de los maestros de las tradiciones orales de los antiguos reinos del África negra, demuestra que la reflexión filosófica nunca ha sido patrimonio exclusivo de un solo continente. Más allá del reconocimiento, todo un símbolo se impone: el de un África que recupera, con calma y seguridad, el lugar que le corresponde en el concierto mundial del pensamiento. Su trabajo no se limita a recordar el pasado; extrae de él una evidencia actual y, presentado en un alto lugar del saber occidental, transmite la fuerza de una reconciliación histórica entre Europa y África y entre el Norte y el Sur global.
2 – Cuando dos culturas dialogan: fuerza y fecundidad filosóficas
Formado primero en África y después en Europa, concretamente en Roma, Ndzana Onana ha sabido nutrirse tanto de la profundidad simbólica de la sabiduría africana como de la rigorosa metodología del pensamiento occidental.
Su paso por Salamanca, templo histórico del tomismo y del pensamiento escolástico, le ha permitido confrontar el rigor del método occidental con la profundidad intuitiva y simbólica de la sabiduría africana. El hijo de Onana René y de Kouna Antoinette ha sabido hacer oír una voz original: la de un africano que no se limita a reivindicar su diferencia, sino que la pone al servicio de un universal compartido. Para el doctor Ndzana Onana, estudiar en Europa no es asimilarse; es dialogar y fecundar mutuamente tradiciones intelectuales demasiado tiempo separadas por estereotipos y prejuicios tan disparatados como ridículos.
Filosofar, para este erudito, hijo de la tribu étôn, es enriquecerse de una doble herencia: ser capaz de pensar con la lógica de Aristóteles sin olvidar la espiritualidad y el arte oratorio del griot. Por ello, en su memoria de máster se puso a la escuela de un baobab, explorando el pensamiento de su maestro, el filósofo jesuita Meinrad Hegba, con el fin de comprender las realidades socioculturales africanas.
Podemos decir, por tanto, que la Universidad de Salamanca no ha premiado simplemente una tesis doctoral: ha reconocido una voz. La voz de un africano que, mediante la seriedad de su investigación, recuerda que la filosofía, cuando se alimenta de varias culturas, recobra mejor su aliento universal.
Esta inteligencia y este saber, nutridos de dos mundos, demuestran que un filósofo africano puede ser un verdadero puente: portador de una doble luz donde la razón se encuentra con la memoria y donde el conocimiento se convierte en herramienta de transformación. Es lo que acaba de mostrar, firmando un artículo sobre la situación sociopolítica actual de Camerún: «Bras dessus, bras dessous: la parade de l’impunité au 237». Un diagnóstico sin complacencias, como los que nos gusta recibir de nuestras mentes pensantes, de la impunidad en la esfera política en el “237”, el país de: Hubert Mono Ndzana, Marcien Towa, Fabien Eboussi Boulaga, Jean-Marc Ela, Engelbert Mveng, Charles Ateba Eyene, etc.
3 – El sacerdote filósofo y el humanismo africano
Lo que distingue la manera de filosofar del Dr. Ndzana Onana es su vocación, que sostiene a la vez su reflexión. Como filósofo y sacerdote, conjuga la búsqueda de la verdad con la misión espiritual. Su lectura de la posverdad no es simplemente conceptual: se enfrenta a la mentira cultural y a la manipulación del sentido en un mundo saturado de opiniones. En este sentido, su filosofía puede entenderse ante todo como un acto pastoral al servicio de la dignidad humana.
Ndzana Onana no se contenta con reflexionar; en tanto que sacerdote y filósofo, encarna un humanismo arraigado en la fe, en el que el hombre está en el centro de toda búsqueda intelectual. De este modo, añade una dimensión espiritual singular a su enfoque filosófico. Su filosofía no se detiene en los conceptos: se encarna en una ética del equilibrio humano. Ofrece una mirada profundamente humanista sobre el mundo, donde la razón no excluye la fe y donde la fe abre la razón a la compasión. En este sentido, su humanismo, inspirado en la fe cristiana y en los valores comunitarios africanos, devuelve a la razón su dimensión moral. Para ése penúltimo de la fratria Onana de la aldea de Ekabita Tom, en el distrito de Okola, filosofar es amar al ser humano en su verdad y no en su rendimiento.
Su pensamiento filosófico, a la vez profundamente africano y universal, eleva la filosofía al rango de servicio a la humanidad. En su pensamiento, el hombre africano no se limita a padecer el mundo: lo reencanta, lo reconcilia e inscribe en él la dignidad de toda persona humana.
Conclusión
Al recompensar la tesis doctoral de Cyriaque Olivier Ndzana Onana, la Universidad Pontificia de Salamanca no solo se ha inclinado ante la excelencia académica; ha saludado la fuerza de un símbolo: el de un África orgullosa de pensar, de dialogar y de enriquecer el mundo con su propia palabra. Los miembros del jurado que otorgaron la mención de «Sobresaliente Cum Laude» pueden enorgullecerse de haber premiado una tesis notable, coronada además con la distinción de Premio Extraordinario de Doctorado (2024‑2025).
Pero más allá del “trofeo”, la diócesis de Obala y la iglesia de Camerún, pueden sentirse igualmente orgullosas de añadir un nombre más a la lista de grandes intelectuales que esta Iglesia particular ha dado a luz. Con lo cual, el legado a asumir está trazado y el rumbo está marcado: el de un renacimiento en continuidad con un África intelectualmente consciente de su filiación milenaria, erguida en la arena del saber y capaz de dar “un golpe de autoridad” a la filosofía mundial, desde el corazón de España hasta las raíces del Nilo./.
Sobre Cyriaque Olivier Ndzana Onana
Nacido en Camerún, es sacerdote católico y doctor en filosofía por la Universidad Pontificia de Salamanca (2025). Cursó previamente estudios de filosofía en la Universidad Católica de África Central y de teología en la Universidad de la Santa Cruz, en Roma. Ordenado sacerdote en 2010, entre 2011 y 2019 enseñó filosofía en varios liceos y colegios de Camerún, antes de proseguir su recorrido académico en España. Su rigor intelectual y su mirada enraizada en la cultura africana hacen de él una de las voces emergentes del pensamiento filosófico contemporáneo.
Cyprien Melibi Melibi
[CIDAF-UCM]
