Multilateralismo africano: de la visión a la realidad: lecciones del continente más hostil del mundo

14/10/2026 | Opinión

 

Durante veinte años he trabajado para fortalecer la gobernanza y las instituciones multilaterales africanas. En todos los sectores —seguridad, desarrollo económico, reforma educativa y ayuda humanitaria— he escuchado a políticos inspiradores comprometerse con una ambiciosa cooperación internacional para abordar los problemas regionales. Sin embargo, esa solidaridad, con demasiada frecuencia, se perdía en la falta de implementación. La cooperación internacional en el continente puede resultar estimulante al principio, pero luego decepcionante a la hora de actuar.

La lucha por concretar grandes ambiciones

De hecho, cualquier análisis de las principales iniciativas multilaterales para el continente revela que las naciones africanas articulan las visiones más audaces del multilateralismo en el mundo, pero con frecuencia no logran ponerlas en práctica. Durante más de tres décadas, los líderes del continente han afirmado la necesidad de «soluciones africanas para problemas africanos». Existen buenos ejemplos de éxito en este enfoque. Basta con recordar los esfuerzos de mediación respaldados por la Unión Africana tras la crisis electoral de Kenia en 2008 o el Fondo Africano para la Adquisición de Vacunas, que gestionó la adquisición de vacunas a nivel continental durante la pandemia de la COVID-19. Sin embargo, por cada ejemplo de éxito, existen muchos más casos de deficiencias. El mantenimiento de la paz a través de la Unión Africana ha sido una prioridad para el continente desde antes del cambio de siglo. Se han realizado grandes esfuerzos diplomáticos para crear la Fuerza Africana de Reserva (FAR) y materializar esta visión. No obstante, las iniciativas de seguridad internacional siguen dependiendo de la financiación extranjera y de coaliciones ad hoc.

Incluso donde existen marcos de cooperación, la ejecución sobre el terreno puede ser decepcionante. El Área Continental Africana de Libre Comercio (AfCFTA) lo demuestra. La integración económica a través de la AfCFTA ha sido un punto de gran consenso político, pero su implementación real sigue siendo limitada. Muchos aranceles a la importación y barreras burocráticas siguen vigentes a pesar de que todos los países africanos —excepto Eritrea— firmaron el acuerdo de libre comercio continental hace casi una década.

Esto no se limita a la economía. En los foros sobre cambio climático, las posiciones de las naciones africanas están sorprendentemente alineadas, especialmente si se considera la magnitud y diversidad de este grupo de países. Sin embargo, una vez que se pone en marcha un acuerdo internacional, la cooperación suele estar muy lejos de lo prometido. La inconsistencia en el intercambio transfronterizo de datos para los sistemas de alerta temprana de sequías e inundaciones es un claro ejemplo.

Necesitamos hacer más para que el multilateralismo funcione en la práctica, transformando la retórica en realidad. Pero, ¿existe algún modelo de multilateralismo eficaz al que podamos recurrir? La respuesta se encuentra en un lugar inesperado.

La Antártida: El modelo de cooperación internacional eficaz

Hay un lugar donde rivales nacionales colaboran de forma constante y pragmática. No se trata de un parlamento ni de un palacio, sino del lugar más frío de la Tierra. En diciembre de 2025, participé en una expedición a la Antártida para explorar el modelo de gobernanza multilateral más duradero del planeta y reflexionar sobre lo que sus discretos éxitos sugieren para la cooperación internacional en África y más allá.

El séptimo continente es el más hostil para la vida en el planeta. Las temperaturas pueden descender tanto que el combustible se congela, el metal se rompe y los cuerpos mueren en minutos. Sobrevivir en este entorno requiere un trabajo en equipo extraordinario, tanto a nivel individual como nacional.

«Aquí las condiciones son tan extremas que hay que colaborar para sobrevivir», afirma Bingbing Jiang, lingüista china que ha liderado expediciones multinacionales al Ártico durante siete años. «Si no lo haces, puedes morir». Los resultados de esta cooperación son extraordinarios: un continente entero libre de actividad militar, rivales geopolíticos que comparten recursos logísticos para abrirse paso entre el hielo y reabastecerse mutuamente, datos científicos accesibles para todos, independientemente de su nacionalidad, y estrictos protocolos de protección ambiental que todos respetan.

Este éxito se basa en una colaboración estructurada. El Sistema del Tratado Antártico, lanzado en 1959 y ampliado desde entonces, rige el continente y sus cincuenta y ocho países signatarios. Prohíbe los ejércitos, suspende las reivindicaciones territoriales de la época colonial, prohíbe la extracción de petróleo y minerales y consagra el continente a la paz y la ciencia. Las decisiones se toman por consenso, lo que otorga de facto poder de veto a cualquier nación involucrada operativamente. El sistema, de manera extraordinaria, carece de una autoridad central de aplicación y los países cumplen mediante la cooperación rutinaria, la autodisciplina y las inspecciones mutuas que permiten conocer las actividades de cada uno. Además, África ya forma parte de esta historia de éxito en la cooperación internacional. Sudáfrica fue una de las naciones fundadoras del tratado original y, por lo tanto, una de las artífices de este modelo de gobernanza global. El éxito del sistema antártico ofrece valiosas lecciones para la cooperación multilateral en África y en otras partes del mundo. Demuestra que un amplio grupo de naciones diversas puede trabajar en conjunto sin una competencia feroz ni una burocracia excesiva. Cuestiona la idea de que las relaciones internacionales deben ser de suma cero y demuestra cómo centrarse en la ejecución operativa aumenta las probabilidades de éxito multilateral.

Lecciones para que el multilateralismo funcione en África

Con tantos países del continente colaborando pacíficamente en la investigación, la divulgación de sus descubrimientos y el apoyo mutuo para la supervivencia, es fácil ver la Antártida como una utopía. No lo es. El sistema funciona porque es monótono y la colaboración rutinaria. Garantiza que los países cooperen a nivel operativo, no solo político. Existen cuatro lecciones operativas para la gobernanza africana que aseguran que las inspiradoras ambiciones internacionales del continente se correspondan con la realidad operativa sobre el terreno.

1) Interdependencia deliberada

Mantener una presencia en el continente es costoso, arriesgado y complejo. Los fuertes vientos pueden cambiar en un instante; las tormentas de nieve duran semanas y las temperaturas pueden descender drásticamente en cuestión de minutos. Para gestionar esto, los países suelen apoyarse mutuamente. Una pista de aterrizaje estadounidense es utilizada por aviones extranjeros para el envío de suministros de emergencia a sus bases. Chinos y australianos realizan operaciones conjuntas de búsqueda y rescate. Esta interdependencia planificada refuerza la confianza y una cultura de trabajo en equipo.

«Tengo un primer oficial ucraniano en quien debo confiar todos los días». «Evitamos la política de nuestros países y nos centramos en llevar este buque a la Antártida de forma segura», afirma el capitán Vassily Nedbailov, de Rusia. Integrar la colaboración en las operaciones diarias, en lugar de depender únicamente del compromiso político, es una lección que África podría aplicar a sus iniciativas regionales, como las respuestas transfronterizas a emergencias, donde incluso la coordinación y el intercambio de datos rutinarios son poco frecuentes.

2) Centrarse en normas técnicas específicas

La gobernanza antártica se concentra en asuntos tecnocráticos como los procedimientos de seguridad o protección ambiental. Estos son tediosos, detallados y acordados por todos. Esto también reduce las oportunidades de veto o de llamar la atención. El proceso técnico y prolongado de acordar normas no se presta a la politización, que puede socavar la implementación final. Esta valiosa lección de gobernanza es la razón principal por la que la colaboración antártica funciona tan bien. Su ausencia en otras partes del mundo, como en África, suele ser la causa de las decepciones en la implementación de los acuerdos internacionales. Por ejemplo, la cooperación sanitaria africana a menudo depende de amplios compromisos políticos, mientras que las normas técnicas para el intercambio de datos y la respuesta a emergencias siguen estando bajo control nacional, lo que permite que la coordinación se estanque.

3) Exigir transparencia a cada nación.

Muchos de los protocolos antárticos incluyen la obligación de que los países compartan datos sobre sus actividades. Esta información es accesible para todos y genera confianza mediante su divulgación. Fundamentalmente, este intercambio es obligatorio y automático. En contraste, en muchos marcos de gobernanza africanos, el intercambio de información es voluntario y no estructurado. La divulgación obligatoria de datos crea igualdad de condiciones, aporta transparencia a las operaciones y sienta las bases para inspecciones mutuas que verifiquen el cumplimiento.

4) Verificar el cumplimiento

El cumplimiento de las normas se garantiza mediante un proceso de inspección mutua. Estos protocolos permiten que cualquier nación inspeccione las actividades de otra en el continente. Con más de cincuenta inspecciones realizadas hasta la fecha, estas sitúan a todos los países en igualdad de condiciones, independientemente de su tamaño o competencia en otras partes del mundo. Suelen realizarse de forma multilateral. Por ejemplo, Estados Unidos y Rusia inspeccionaron conjuntamente estaciones de investigación de India, China, Japón, Bélgica y Noruega en 2012. Estas inspecciones son apolíticas, de carácter técnico y rutinarias, lo que garantiza que todos los países se rijan por el mismo estándar. A diferencia de las inspecciones mutuas rutinarias de la Antártida, los procesos de revisión por pares en África son voluntarios y puntuales, lo que convierte el escrutinio en la excepción, en lugar de una práctica habitual de gobernanza.

Conclusión: Un motivo para el optimismo

África es el continente más cálido, con más de 1.500 millones de habitantes y una vasta diversidad demográfica y geográfica. La gélida Antártida, en cambio, carece de población permanente y posee el paisaje más uniforme del planeta. Es difícil imaginar dos lugares más diferentes en el mundo. Sin embargo, el enfoque de gobernanza internacional del continente más frío ofrece pistas interesantes sobre cómo África puede alcanzar sus ambiciones de liderazgo mundial en materia de colaboración regional.

Además, África no ha estado ausente de la gobernanza antártica. Contribuyó a la elaboración de las normas. Sudáfrica, como nación miembro fundadora del Tratado Antártico, ha estado presente operativamente en el continente durante más de seis décadas. Está en una posición privilegiada para transmitir a África las lecciones del eficaz modelo multilateral que observamos en el Polo Sur.

Tras haber tenido experiencia en ambos continentes, resulta evidente que el éxito de la Antártida en la cooperación internacional sugiere que no es la retórica de los líderes ni su solidaridad en las cumbres lo que hace que el trabajo en equipo transnacional sea eficaz. El multilateralismo funciona cuando es monótono, técnico y se refuerza mediante la rutina. El modelo antártico ofrece excelentes motivos para ser optimistas sobre el futuro de la cooperación internacional en África.

Andrew Zerzan

Fuente: African Arguments

[Traducción, Jesús Esteibarlanda]

[CIDAF-UCM]

 

Autor

  • Ha dedicado décadas a trabajar en proyectos de cooperación internacional para el Reino Unido, Estados Unidos, la Unión Europea, el Banco Mundial y la ONU en África, Asia y otras regiones. Ha escrito y colaborado en publicaciones del Banco Mundial, CNBC África, el periódico sudafricano Mail & Guardian y la revista British Council Voices, entre otros medios. Ha participado en una expedición a la Antártida para explorar la cooperación internacional sobre el terreno. Reside en Nairobi, Kenia. (Fuente: African Arguments)

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