Minerales críticos, poder y exclusión. La estrategia de Estados Unidos en África

27/02/2026 | Crónicas y reportajes

El miércoles 4 de febrero de este año, Estados Unidos (EEUU) hospedó en Washington una cumbre a la que fueron invitados representantes de 54 países, así como la Comisión Europea, con el objetivo de entablar negociaciones sobre el intercambio de minerales críticos y tierras raras, unos recursos fundamentales para la economía estadounidense. No obstante, a pesar de que África posea aproximadamente el 30 % de las reservas minerales críticas del mundo, de entre los 54 miembros presentes, tan solo 6 pertenecían a este continente, siendo estos: Angola, la República Democrática del Congo (RDC), Guinea, Kenia, Sierra Leona y Zambia, lo que refleja una clara infrarrepresentación africana. Países como Nigeria, Sudáfrica o Tanzania, por ejemplo, no fueron invitados, aún poseyendo Tanzania 890.000 toneladas de reservas de minerales de tierras raras y Sudáfrica 860.000 toneladas.

La cumbre, que fue liderada y organizada por el secretario de Estado, Marco Rubio, y contó con la participación del vicepresidente J.D. Vance, tuvo lugar justo después de que el Gobierno estadounidense anunciara la creación de una reserva de minerales críticos por valor de casi 12.000 millones de dólares, denominada “Project Vault”. Durante el encuentro, Vance propuso la creación de un bloque comercial fuerte, estable e “inmune a las perturbaciones externas”, tratando de convencer a las distintas naciones de los beneficios de colaborar con EE. UU. Esta estrategia tiene, entre otros, el objetivo de contrarrestar el dominio actual de China sobre la cadena de suministro y la exportación de tierras raras. Por su parte, Marco Rubio anunció la creación del “Foro sobre Compromiso Geoestratégico en Materia de Recursos (FORGE, por sus siglas en inglés)”, para coordinar políticas y proyectos sobre los minerales críticos.

Además, siguiendo el plan de la administración estadounidense, desmarcada cada vez más del multilateralismo, la reunión tuvo el objetivo de impulsar acuerdos bilaterales respecto al suministro de minerales críticos, consiguiéndolo con once países  (Argentina, Islas Cook, Ecuador, Guinea, Marruecos, Paraguay, Perú, Filipinas, Emiratos Árabes Unidos, Reino Unido y Uzbekistán), que ahora se suman a otros diez pactos similares que ya se habían firmado con anterioridad. 

El papel de África frente a la estrategia estadounidense

La forma en que se desarrolló esta cumbre se rige bajo los principios definidos a través de la  Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) del país americano, publicada a finales de 2025. Tanto la cumbre como la ESN reflejan cómo la política estadounidense respecto a África se basa en una diplomacia comercial, concibiendo al continente como un “campo de batalla donde se desarrolla la competición por recursos con China”, ignorando la situación social, política o humanitaria que pueda estar teniendo lugar en estos países, e ignorando, además, la agencia de los propios Estados. 

EE. UU. ha dejado claro también cómo pretende evitar cualquier “compromiso o presencia americana a largo plazo” en el continente, adoptando la máxima expresión del enfoque de America First. Es decir, buscando únicamente el beneficio estadounidense y el máximo y más libre acceso a recursos, mientras ignoran los problemas estructurales para el desarrollo africano o los alarmantes conflictos que están teniendo lugar en países como Sudán o la RDC. No solo eso, sino que el Gobierno de Trump está llevando a cabo duras políticas migratorias contra los ciudadanos africanos, prohibiciones de visados, recortes a la ayuda sanitaria y ataques diplomáticos hacia países como Sudáfrica y Nigeria. 

EE. UU. no muestra ninguna intención de colaborar en el beneficio o desarrollo de estos países, sino que todos los proyectos en los que pretende intervenir, como puede ser la construcción del Corredor de Lobito, o incluso en la estabilización de conflictos, vendrán únicamente motivados por la explotación de recursos o la competitividad con China. Y es que, entre otras cosas, China es actualmente el país dominante en el sector de los minerales críticos de África. 

No obstante, cuesta imaginar cómo esta estrategia estadounidense, centrada únicamente en su propio beneficio y completamente ajena a las necesidades africanas, puede contrarrestar esta influencia dominante de China en África, a favor de un mayor beneficio para EE. UU. 

¿Qué efectos puede tener esto en el continente Africano?

Los países africanos se cuestionan sobre la estrategia que pueden llevar a cabo para “convertir el interés estratégico de Estados Unidos en una ventaja estructural sin caer en la tradicional dependencia. Una potencial respuesta a esta pregunta es la aportada por Gwede Mantashe, el ministro de Recursos Minerales de Sudáfrica, en su intervención en un evento sobre minería celebrado paralelamente a la cumbre del G20 en Johannesburgo. El ministro habló sobre fortalecer el “poder de negociación colectivo del continente a través de la colaboración económica y comercial entre gobiernos regionales e instituciones africanas, reemplazando las negociaciones bilaterales de los distintos países africanos para llevar a cabo una estrategia unificada y conseguir un beneficio y desarrollo global del comercio. Esta operación buscaría también que África se pudiese librar de la dependencia de las decisiones de otros actores internacionales como las multinacionales o los Estados. Según Mantashe, en contraposición, el continente necesita “definir sus propios intereses y actuar juntos en consecuencia”. 

Charles A. Ray, miembro del Consejo de Administración del Instituto de Investigación de Política Exterior, plantea la posibilidad de que la excesiva presión de EE. UU. sobre el continente pueda terminar favoreciendo la cohesión de los países africanos entre sí, no solo arrimándose aún más hacia China, sino también impulsándolos hacia soluciones internas en busca de una mayor autosuficiencia, desplazando así la influencia estadounidense.

Sofía Piñuela Jaramillo

CIDAF-UCM

Autor

  • Estudiante de Sociología y Relaciones Internacionales y Experta en Desarrollo por la Universidad Complutense de Madrid. Sus intereses académicos se ven motivados por un fuerte compromiso social y político, especialmente respecto a las dinámicas sociales y culturales del continente africano, así como respecto a los retos geopolíticos contemporáneos. Además, busca mantener siempre una mirada crítica ante las actuales formas de dominación y necolonialismo.

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