La mina de Rubaya, situada en la provincia de Kivu Norte, en el territorio de Masisi, República Democrática del Congo, es considerada como uno de los más importantes yacimientos mundiales de tantalio, un metal que se extrae del coltán y es indispensable en la fabricación de equipamientos electrónicos modernos (teléfonos portátiles, ordenadores, componentes aeronáuticos, etc.) En febrero, la agencia Reuters informaba que el gobierno congoleño acababa de incluir esta mina en el listado de yacimientos que ofrecía a Estados Unidos en el marco de un acuerdo sobre minerales estratégicos firmado entre Kinshasa y Washington.
Se estima que la mina de Rubaya produce el 15 % del coltán mundial y las colinas de Rubaya contendrían miles de toneladas que aportarían entre el 20 % y el 40 % de tantalio. Su explotación está en manos de miles de mineros artesanales locales que trabajan en las galerías en condiciones extremadamente precarias por unos dólares al día. Los accidentes son frecuentes y hace solo unos días 300 mineros murieron debido a un corrimiento de tierras causado por las lluvias torrenciales.
Esta mina, en la actualidad, está controlada por la rebelión AFC/M23 (Alianza Rio Congo/movimiento M23), apoyada por el régimen de Ruanda, gracias a cuya explotación, trasladada por redes de contrabando, Ruanda se ha convertido en un gran exportador de minerales que no existen en su subsuelo.
El presidente del M23
Se estima por otra parte que los rebeldes obtendrían unos 800.000 dólares mensuales en forma de tasas. Bertrand Bisimwa, presidente de AFC/M23, no ha tardado en acusar a Kinshasa de “vender públicamente lo que no posee”. Esta acusación confirma que el M23 se considera la efectiva autoridad sobre Rubaya y que un grupo armado apoyado por un Estado vecino, contesta la soberanía de un país (la RDC) reconocido internacionalmente.
Ruanda, por su lado, juega en dos tableros; cara al exterior vende la imagen de un socio fiable, serio, moderno, indispensable para los intereses occidentales y en el interior de los Grandes Lagos africanos saquea los recursos congoleños y alimenta la crónica inestabilidad de la región.
Rubaya es un símbolo de un Estado, el congoleño, que quiere atraer las inversiones americanas y símbolo también de una economía de guerra en la que las riquezas minerales financian a los grupos armados y hacen que los conflictos se prolonguen.
El interés de Estados Unidos por el tantalio congoleño y otras riquezas congoleñas, protagonizado por el “pacificador Donald Trump”, se inscribe en su necesidad de garantizarse el aprovisionamiento en minerales críticos y en la rivalidad con China, muy presente desde hace tiempo en el sector minero de la RDC.
Ramón Arozarena
CIDAF-UCM
